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lunes, 1 de marzo de 2021

Diego Rosake

 

Diego Rosake
(Bahía Blanca, 1979)

Las estatuas olvidadas no aparecen en los manuales de historia, Buenos Aires, Caleta Olivia, 2020.





















abril I: el corazón, sus agujeritos


                                        ¡Yo no necesito alguien que esté solo con
                                      su corazón, necesito alguien que esté todo
                                                        conmigo! ¡Todo! ¿Lo entendés?

                                        Romina Yan, como Belén en Chiquititas,
                                                            capítulo 97, temporada 1997


De córdoba a bahía blanca
en el ñandú del sur
con un 13% de batería
es el momento de decirle a ella
que lo conveniente es apagar el teléfono

el whatsapp es un invento desastroso
o al menos lo es en cuestiones de desamor
uno queda pegado
y en este caso la palabra uno
busca enmascarar a un yo disfuncional
en el fondo de una generalidad cómplice y estéril
para sentir menos asco de uno mismo
y repito
entonces uno queda amarrado
al momento en que nace la segunda tilde
la gemela malvada de las marcas de aprobación
y la distancia cronológica desde su última vez
hasta el milagro de la luz celeste
y de ahí hasta la respuesta
bueno
beso
buen viaje

mendigando ese telegrama
dejé morir un 10 % de energía

con el 3 % restante
imagino que no podrán los forenses llamarla a ella
que en mi agenda figura
con un nombre seguido de un corazón
es que enamorado soy cursi
y me importa un carajo ser cursi
cuando creí haber encontrado a esa persona
que después de 36 años 12 novias 1 hija y 1 divorcio
me hizo sentir que era LA persona
aunque LA persona semanas atrás
me haya deslizado por whatsapp
no sé si dejé de amarte o no
y retomo
no les va a alcanzar para llamarla y decirle
mirá flaca
se incrustó contra los fierros
y cerrar con el lugar común que afirma
son cosas que pasan
la vida es tan frágil y las rutas una mierda

no les va a alcanzar para avisarle
y mañana ella se enterará por la tele
al pasar una placa roja de crónica
en un zapping que no suele hacer casi nunca

y ahí su dilema estará resuelto
porque todos aman a los recuerdos
porque los recuerdos son recortes del pasado
a la medida de la mezquindad de nuestros sentimientos

¿ya llegamos a casa de la abuela?
grita la nena en el asiento de atrás
cuando su pie clavado en el respaldo
separa mis costillas de esta reflexión
callate le devuelve la madre
tragándose las vocales y la vergüenza
mientras le cruza un cachetazo simbólico
la nena llora dos segundos y arremete
¿y si nos bajamos y vamos caminando?

yo pienso en vos en el celular apagado
y en el vértigo de lo que acaba
la sabiduría de los niños no se agota
¿y si hacemos eso, amor?
¿y si nos bajamos y vamos caminando?








mayo XV

¿Cómo sostener la belleza de un verso
cuando todo arde demasiado?







agosto XX

Nunca vi una vaca de cerca
me revelaste
después de tres horas de viaje
por esa ruta provincial
aunque yo estaba seguro
de que en el campo de juliana
habías acariciado una

frenamos en la banquina
y nos arrimamos a ver a dos
que dormían sobre el alambrado

nos quedamos en silencio un buen rato

en el auto me dijiste
el suelo de este campo
está lleno de gente que ya no está
después agregaste que esa canción de fito
te ponía demasiado triste

llegamos a la ciudad ya de noche
cantando a los gritos
los temas de soy luna







septiembre XXII

Llegué tarde a cuidarte
vos ya reposabas el último tiempo
que te quedaba en este plano
porque no se sabe qué nos espera más allá
aunque yo esté convencido de que no hay nada

tus ojos hundidos se fugaban
hacia el centro de tu cráneo
y tu pecho subía y bajaba lento
como avisando

yo miraba y contaba
dos
cuatro
seis

¿fuiste consciente de que estaba ahí?
¿te diste cuenta que no podía despedirme?

si la tarde anterior
confundiste en la tele
a andrea frigerio con mi hermana
y después de darte agua
hablamos sobre sebastián elcano
y su fama de explorador

vinieron a tomarte el pulso
ese silbido era cada vez más insistente
dos
cuatro
seis

también lamento haberte escondido
que el abuelo falleció meses atrás
vos estabas convencida
de que había encontrado a otra

de noche te cambiaron el suero
y quisieron peinarte
yo ya contaba más seguido
dos
cuatro
seis

entonces la nada

quise contar otra vez
como si los números fuesen los responsables
de que tu tórax no respondiera
dos
cuatro
seis
y nada

entonces un sonido salió de tu boca
quebrando en dos tu garganta
y también la mía

ya está dijo mi vieja
y yo no supe qué hacer








diciembre XIII

Tenía pensado no levantarme
en todo el día por la resaca
pero entonces me avisaste
que habías preparado alcauciles
y tuve que ir a pesar
del dolor de cabeza y el mareo

comer alcauciles
es un ejercicio de paciencia
desarmar hoja por hoja
raspando la pulpa
con los dientes de abajo
enchastrando los dedos
y en mi caso también los bigotes

la corteza que queda
se tira en un plato
que suele ponerse en el medio
mientras se hace ese ruidito particular
hasta alcanzar el corazón
que como el lugar común lo manda
siempre es lo más tierno

no comía alcauciles
desde aquel cumpleaños
en la casa de la abuela
y hoy que vos los cocinabas
por primera vez
nos pasamos el almuerzo
hablando de ella

ese fue nuestro ritual de recuerdo:
arrancar
arrastrar
dejar las sobras en el plato
y hablar todo el tiempo de ella
de lo bien que cocinaba
de lo imposible que era
entender sus recetas



















lunes, 14 de agosto de 2017

Alejandro Schmidt



Alejandro Schmidt (Córdoba), Nombrar, Caleta Olivia, Buenos Aires, 2017.






















A los veinte

  
en la temprana oscuridad
vi de pronto al amigo
apoyado al lado de la puerta
de su casa

yo iba en bici
no se adónde
o al abrazo
al borde
de este mundo

Jorge
¿en qué pensabas?
casi no levantaste la mano
al saludarme

vos
que no conocías la tristeza
ni escuchabas la cascada
– hoy cercana –
del tiempo

ni un ratito
 me pude quedar
iba apurado
corría
otra vez
a preguntar
por el corazón que nos comimos

a los veinte.












Envío a Irene Gruss


esa mujer que me ayudó en el Correo
a guardar en un pack
los poemas de Irene Gruss
hizo más por mí
que mi madre, los reyes
y algunos poetas de la patria

con eficiencia y pudor
la caja fue cerrada

los poemas de Irene
confío
llegarán a su casa

esos versos describen
la soga
preguntan
acerca de lo que uno tuvo y amó

al igual que esta peregrina del Correo
Irene
es una desconocida
para mí

mujer
casi no miré tu rostro
sólo estuve atento
a esas manos
gastadas
y felices.












escribía víctor f. a. redondo


todo poema es una carta de amor…/
todo poema de amor es una carta…/
todo poema es una carta…/ *


él era joven
todo lo que importaba
era joven

las palabras
amar
la poesía

eran jóvenes

si lo pienso
la palabra joven
también era joven

inmediatamente aludimos
al tiempo, los muertos, los sobresaltos del fracaso
la nostalgia es un asunto de señoras
la  grosería del hoy, música de canallas

romanticismo
último reino

qué gritaban en el ‘85
al-fon-sín
al-fon-sín

Víctor, por Juan B. Justo
tomabas mate arriba de una escalera

eras joven
éramos

si el ángel traga mística humana
primero siente sabor amargo y después dulce
cuando estamos helados es mejor un sol que los abrazos

la adulación deviene peor que el odio

la percepción es el umbral, la interpretación no es la casa

la amistad pacto entre exiliados

en 30 años hablamos dos tres veces
ni falta que hizo

la última vez yo estaba leyendo acerca de los zodiacos impresos en Washington
y te conté que la poesía provenía de una estrella verde bautizada
wondertower

dijiste estás más tranquilo

el balcón se podría de humedad como la noche

ya no escribo cartas

el Todo es una mueca de lo Otro.


* Desvaríos-Circe, cuaderno de trabajo 1979-1984,
Víctor F. A. Redondo, Ediciones Último Reino, 1985.













toda la filosofía del mundo



en el certificado de pompas fúnebres
mi hermana Sissí
figura bajo el nombre de Angela

hace días
en su recreo de morfina dijo
iría a comer un asado a La Falda

comentan que allí
irradiarán su ceniza

en el crematorio
un cartel
prohibido apoyarse en las paredes

tardamos poco en llegar
menos en volver

su exmarido hablaba de negocios
de autos

soplaba la luz entre
esos campitos que bordan las ciudades

antes de que conversáramos por última vez
contemplé largamente el dibujo de su huesos

le dí un beso en la sien
abriendo los ojos preguntó
ya te vas?

nombres cambiados, ceniza
intemperie sin nobleza

para qué necesitamos toda la filosofía del mundo.























sábado, 12 de agosto de 2017

Jimena Arnolfi


Jimena Arnolfi (CABA), Hay leña, Caleta Olivia, Buenos Aires, 2017.























Menguante

Ahora que las noches son más cortas
espero que algo suceda bajo tierra.
Desde el primer día de febrero
y durante los días siguientes
es el tiempo de la cicatrización.
Debo desgajar, podar las ramas.
Es conveniente cortar los frutos
cuando avecina el cambio lunar.
La pulsión de la vida busca
entre las piedras como esos yuyos
que crecen a través del asfalto.

Entendí todo por un segundo y fue triste.
No todo está naciendo todo el tiempo.












Astronomía

Los cinco planetas más poderosos
del sistema solar se pondrán en fila
por primera vez en una década.

En busca de un cielo muy oscuro,
sacamos las reposeras al patio,
advertimos el descontrol de estrellas
entre el horizonte y la luna.

Estamos preparados para el espectáculo:
alineación de planetas allá arriba,
alineación de cuerpos acá abajo.

Permanecemos despiertos
aunque no se acabe el mundo.
Hay que tener paciencia
para que algo mágico ocurra.











Carnada

Sólo los peces muertos nadan
a favor de la corriente, así dicen.
La crecida no sabe los motivos.

El río nace y deshace con paciencia,
excede los límites de la orilla.
El animal no puede ver
su reflejo en el agua hervida.

El corazón clavado en el anzuelo
para que pique y caiga.
La carnada es engañosa,
oculta la muerte inminente.













Humedad

Miramos el monte como se mira el río.
A esta hora, los colores empiezan a mutar,
los animales varían el paisaje
con sus desplazamientos.

Los pájaros se juntan para volver
a sus hogares cuando cae la noche.
El miedo es una emoción necesaria,
en la medida correcta.

En una tierra así todo puede suceder.
El monte reclama un ojo activo.

Nos asombra cada tallo, cada flor.
Algunos árboles se balancean con suavidad,
otros se agitan con la ira del argumento.

Como las plantas, me lleno de hojas nuevas
que mañana caerán. El riesgo es justo.

Para mantener la fe en medio de la tormenta
se nos ocurre andar a puro sueño
y el corazón aprende, ojalá.












Macerar

Siempre almaceno datos inútiles.
El corazón del camarón está en su cabeza,
el de la ballena tiene el tamaño de un auto
y unas venas por las que podríamos nadar.
En la tierra caen diez toneladas de polvo espacial.
Las estrellas mueren y a veces continúan vivas.
Todo es, en su actitud, tan extraño y supuesto.
La sombra que buscamos, por ejemplo,
todavía desconoce el momento de la huida.
Muchas son las voces en un solo cuerpo.
Dame coraje para entender quién habla.
























domingo, 2 de julio de 2017

Cristian Molina


Cristian Molina (Leones, Córdoba / Rosario, Santa Fe), Sus bellos ojos que tanto odiaré, Caleta Olivia, Buenos Aires, 2017.




















El astro rojo

Antes, la taza no estaba vacía, no.
Te sentabas, con ambas manos la tomabas
y así decías palabras sin consistencia
pero esenciales, que nos acercaban al
punto donde no importaba que el diario roto
hubiera desaparecido las noticias.

En ese tiempo, también, miraba el sol
aparecer en los morros de la bahía
mientras desplegabas tus espaldas en el
balcón tropical. Eras casi el último hombre
que sobrevivía en ese mundo de niña
en el que no creía en Alicia ni en Carroll.












¿Y si es real que los astros (sus movimientos
sus posiciones y su color) son energías
que como onda expansiva sacuden los cuerpos?
¿Si los horóscopos un día son reales?
Esa vez, para nosotros lo fue. Ya no
creo solo en lo que veo, esa ahí materia

que todos han puesto de moda como única
explicación de lo único que no era
único hasta ahora. ¿Y si la materia
de tan realista ya no es una verdad
de lo explicable? ¿Si ese cuerpo ahí fue la causa
tan invisible, incomprobable, de tu llanto?

Al fin de cuentas, ese cuerpo de tan cuerpo,
¿no es pura materia que se hace cuerpo y por
ende se vuelve demasiado verdadero?
¿No era que E=mc2
? ¿Y entonces decíme por qué
si los cuerpos se mueven resulta descabellado
encontrar o imaginar una energía

que entre ellos circula invisiblemente? ¿O
será que la obviedad visible es lo más fácil
de verosimilizar como una materia?
Yo sé que vos eras la masa de esa fórmula
a la que un día un astro movió por siempre.
Su energía y la tuya olvidaron la mía.





























miércoles, 24 de mayo de 2017

Laura Crespi


Laura Crespi (San Fernando, Buenos Aires), Les autres sensualités, Caleta Olivia, Buenos Aires, 2016.




























En lo imposible también hay casas.
El simple mirar, la devoción,
direccionando los desvíos
en las calles de este barrio
que nos llevan
y nos pierden.

El aliento desplazado,
la fiesta en otros lugares
donde las figuras se durmieron
y nos siguieron despiertas
en un sueño solo,
silabeando unos chasquidos
que venían de las hileras de gotas
extendidas sobre el parabrisas
yendo a mínima velocidad
por la avenida azul
bajo el asfalto doble
y rayado en el medio
de esta gran prolongación
hacia la nada.












Alguien sabe
que la proyección
ahora sólo puede decaer
con la oportunidad
de ver elevarse al cielo
desde el techo hasta las tejas
apenas reconstruidas
el fantasma
mientras flota
como un alga entre las olas
la conmoción de ese último naufragio.












Es como una flecha suave
como dios
el pulso quieto
en la distorsionada
y clara posición:
la dinamita viva
del instante.












Las poetas declaman

Toda la conspiración ha sido en vano
Toda la conspiración ha sido en vano

Las poetas invitan y pican
íntimas, como una primavera
nítida, perfecta y liberada
de los pálidos cogollos
del invierno.

Toda la conspiración ha sido en vano
Toda la conspiración ha sido en vano

Las poetas caminaron
por el centro desvestidas
y acamparon
en el medio de la calle
tirándose vino por sus cuerpos,
finalmente se durmieron y aliviaron.

Toda la conspiración fue cáscara
que se partió y se disolvió enseguida
para descubrir sobre el hueso
una inquietud perfecta.





























jueves, 20 de abril de 2017

Laura García del Castaño


Laura García del Castaño (Córdoba), El sueño de Sara Singer, Caleta Olivia, Buenos Aires, 2017.





















La muerte es un film de Woody Allen

Temo a los poemas cerrados como hombres solos
a los mapas de ciudades hundidas o inexistentes
a los perros atados en las fábricas
a los manojos de llaves
a las mujeres que harán de mi su Atolón Bikini
Temo a la palabra huésped
al suspenso de una dicha que se tarda
al rastro del ciego
a los coleccionistas, a los testamentos
Temo al vaivén de los santos en las procesiones
a las ancianas de pelo rojo,
a Cècile, de bonjour tristesse 
a la canción que pusiste el día de nuestra muerte
Pero sobre todas las cosas temo
al asesino
en el sueño recurrente de mi padre,
a su víctima
y a esa parte que quedó
viva para contarlo.












La música del esquimal no viene de la música


porque el dolor del esquimal no tiene habla
Por eso fabrica su tambor con la piel de la morsa
la piel de su estómago

Un animal mudo digiere su pena
Un dolor enquistado en un antiguo depósito ya no 
prosperará

Fabricar un instrumento con la piel de un animal mudo
te asegura el silencio

Este dolor no tenía estómago ni música ni fiebre
Era rabioso, noctámbulo, glaciar
así como un murciélago
Fabricar un instrumento con la piel de un animal rabioso
me aseguró el final.










El río Awash

Al norte de Etiopía en la tribu Afar
una mujer camina quinientos metros hasta el río Awash
para traer veinte litros sobre sus hombros

A simple vista, parece no costarle esfuerzo
Como si antes de cargar todo ese peso
hubiese tenido que vaciar su propia sed.












Cuarto de huéspedes

El cuarto de huéspedes es pequeño y sin llave
ropa vieja, bolsos de viaje
salvo por un cuadro de la tribu Maasái
nada presumiría aquí lo salvaje
dos hombres trepados a un árbol
en medio de la noche
hacen sonar sus dedos
para que un ciervo no identifique su habla
Los chasquidos encajan mejor en la naturaleza
El ciervo nada oye
y es parte de la naturaleza de este cuarto
pequeño y sin llave
prácticamente mudo
si no fuera
por ese viejo placar
que cruje en medio de la caza llamando a sus huéspedes
aunque aquí la noche esté desperdiciada.