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jueves, 24 de noviembre de 2016

Laura Fuksman




Laura Fuksman (Buenos Aires), Hostal Klezmer, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2016.






















Tamaño mal

en el centro del hostal
donde las gotas se acumulan cuando llueve
los vapores contagian
los dedos el codo la nuca
trémulo en tul,
el esternón
abriendo juega
intermitentes escondidas con la tibieza.









Tangram
en que el edén
en abrazo vertical
supo: lo había olvidado todo
sobre geometría
la agudez de los ángulos,
la gravedad de las palabras
rulos, flecos y el mullido de los contornos
y entre tanto pedalear la intimidad,
la salamandra azul.









                                              qué imagen perfecta la foto que no veo
                                                                                    Nicolás Pinkus


Tu cuerpo se abre como un gran libro
de ilustraciones mitológicas
e historias fantásticas,
de tapas duras

repujadamente enteladas
un siglo atrás.

(Recostado sobre la roca

brillos dorados salpican
su esmeralda cola
bífida

doy fe,

he conocido al sireno).





























miércoles, 17 de agosto de 2016

Rubén Guerrero


Rubén Guerrero (CABA), Ahora que estamos en verano, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2016.




           

















                                
Los broches

Ponía los broches sobre la ropa de manera que tres broches
abarcaran tres prendas y media.
Distribuía todo
éramos cinco y no sobraba nunca
nada.
La mermelada de la tarde, los cinco en la mesa, el televisor  encendido
ella distribuía el pan, el mate cocido 
y ninguno
de los cinco
hablaba
porque no pensábamos en que la falta era un impedimento,
no pensábamos en eso.
El mundo era
ella
distribuyéndolo todo. 









Vuelta

Es un bondi
es una situación inicial
después las ventanillas dirán
si duele, si vuela algo
quizá una ropa no es suficiente y tampoco
mirar como un otro mira
y hasta ahí se llega
después
siempre
me bajo
pongo un pie en el estribo
el otro pie
en el aire
y me bajo
como si bajara a alguien más









Un poema por día

Levantarme temprano. Escribir. Sacar la basura. Escribir. Hacer mate. Café con leche. Trabajar. Volver. Ver los goles de la fecha. Regar las plantas, el balcón de las plantas, las plantas de ella, el balcón lleno de plantas de ella.
Un poema por día, uno.
El departamento es muy chico.

























viernes, 22 de abril de 2016

Juan Ignacio González



Juan Ignacio González (Adrogué/CABA), En reposeras, descalzos, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015.






























1

Tarde de otoño,
la luz justa.









3

Siempre buscando nueces,
las llevaba en sus bolsillos
pero jamás las comía,
usaba la cáscara,

la ponía en agua
a veces
en baldes, en fuentes, o piletas.

Y soplaba…
fuerte

sus barcos navegaban
por los mares
más
maravillosos.









38

Como río que se va
movimiento queda…

























jueves, 7 de abril de 2016

Bárbara Belloc



Bárbara Belloc (CABA), Canódromo, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015.































Fogatas para combatir el frío y la intemperie, cocinar, festejar el lugar recuperado y vuelto a poblar; fuegos que señalan dónde se ha perdido la batalla y quedan cuerpos dando coletazos como peces fuera del agua, como poemas que fueron escritos y destruidos, quemados, un día inhóspito o dichoso ¿qué sabemos? ¿Qué sabemos de esa quema, que fue copiosa y dio luz y calor suficiente hasta que se encendiera el nuevo amanecer, que en comparación se veía anémico? 
Poemas como cometas con su cabellera desplegada aun si su núcleo está extinto, porque así son los poemas, que rasgan el cielo y las vidas en dos. Luces sin sombra en la tierra. Un esqueleto expuesto a los elementos. Océano sólido. Sin brillo. La veta mineral y adentro la gema suculenta y virgen, sin tasar, guardada en su capuchón de berilo y cromo por miles y miles de años, como la nuez antes de nacer, la que no es para comer. En carne viva, en silencio. 
En el más absoluto silencio, poemas: los peligros del bosque. Y lianas, donde no hay palabras, como fogatas, fuegos. Como la rosa de los vientos fraguada en plata con forma de Cruz del Sur, llamada de Agadez, que los padres tuareg dan a sus hijos “porque no se sabe adonde iremos a morir”, antes de salir al desierto a seguir las rutas como los perros el rastro, a lomo de camello. Porque el fuego devora la vida del aire y el aire vive del cuerpo vivo que lo devora. 
Lianas porque no hay palabras porque hay poemas.











La primera comunidad cristiana organizada, en el siglo I, fue la de Egipto, y la iglesia de Alejandría aventajó a la de Roma, extendiendo la influencia de la nueva fe entre los bárbaros y los celosos clanes del cercano oriente hasta la distante Antioquía, ciudad portuaria cuyo trazado replicaba el plano original de Alejandría, cuna del perro continuo y rival de Atenas, cuna del cinismo que Antístenes impartía en un gimnasio conocido como Cynosarges, nombre que significa “perro blanco” o “perro veloz”, en un círculo de vacío perfecto perfectamente completo; como en una cacería. 
          Era una carrera desenfrenada. 



Tan solo un siglo más adelante, Panteno, su seguidor Clemente y el poeta Orígenes ya habían establecido allí un centro de irradiación teológica perseverante y sutil como el Khamsin, un viento que sopla en paralelo al Zonda: una corriente cálida, turbadora, envolvente. 




Las hordas nativas de hombres menudos, de piel oscura y áspera e idiomas guturales que habitaban ciudades, pueblos y campamentos en construcción y destrucción permanente, y los viajantes marítimos, esclavos de los esclavos de las sedes 28 imperiales, todos ellos homúnculos o casi animales por no haber sido iniciados todavía, eran persuadidos en masa con el minucioso tramado de tapiz de fiestas, conjuros y terrores para asumir un nuevo orden de la carne, y con ello del espíritu, como hombres–perros detrás de una jugosa pata de cordero o un amo más protector, más poderoso, un rey de reyes. 








Cristóbal de Licia, mártir del siglo III y santo patrono de los viajeros y el granizo, habría sido bautizado en la magnífica ciudad de Alejandro. 
Habría nacido en África del norte, en los territorios móviles del Tamazgha o en la Media Luna fértil, primogénito y gigante. 
Y habría sido un cynocéfalo (con cabeza y rasgos físicos de perro) o de alguna de esas subespecies, a causa del prodigio natural tan frecuente en esas regiones o en castigo por su belleza lobuna, encarnada en una figura de hombre enorme, de suavidad salvaje y brutalidad semisalvaje, tentadora para los ejemplares del otro sexo y las aguas femeninas de los ríos que él cruzaba mordiendo el aire, los remansos tramposos que olfateaba mientras cargaba a los creyentes, uno por uno, a través del tamiz del río. 
Hasta que se presentó en la orilla el propio Cristo infante, aseguran las versiones no canónicas, el peso más pesado, inamovible, quizás el lastre espiritual definitivo.
Entonces Cristóbal, además de perro, monstruo y hombre, fue héroe. 




Pero como nada es eterno, las tierras que habían estado por los siglos de los siglos apartadas de Dios pronto volverían a estarlo. 
Y los perros, a pasar hambre.


















viernes, 5 de febrero de 2016

Selva Dipasquale



Selva Dipasquale (Buenos Aires), La sombra de la mano, Buenos Aires, Zindo & Gafuri, 2015.









Por más que se ubique una piedra pequeña y negra en el centro de la reverberación circular nos despedimos en la turbulencia –sin memoria– arrasadora de nuestra raíz oscura que ahora navega hacia una oscuridad mayor.

La textura del oleaje
hace nacer una mujer
con brazos de hojas puntiagudas y cabeza de luna nueva.
La textura de la luz de la luna nueva
hace nacer
un oleaje.











El corazón se escarpa y en las nubes se abren bocas para aullar.
Por más que se hunda la mano en la tierra
en el cielo
en la misma piel
la muerte queda

de relieve.










Pequeños objetos en flotación:
¿vienen de la raíz del mundo?
vidrios, residuos, huesos
el crack de las cosas
pequeños mundos
delicados, humanos
construidos
con atención
buscando dónde anclar
su propia raíz.










Cuerpos sobrevivientes la línea de agua hasta los ojos cuerpos
hinchados    de   agua   desprendiéndose   del   muro   cuerpos
descascándose  la  memoria  de  las  cosas  cayendo  las  cosas 
retumbando.



















jueves, 19 de noviembre de 2015

Silvina López Medin




Silvina López Medin (CABA), 62 brazadas, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015.


















1
No busques hacer pie,
ahora es otro el arte:
sostenerse y avanzar, así es
ser nadador.






2
No te anticipes,
el sol sigue en la punta
se derrama alrededor.
Quedate ahí, cuerpo
en movimiento.






4
Lo que se deja atrás, lo que aún
no llega, no importa
es otro el tiempo, un estilo que fuerza
la mirada al costado: respirás. 






7
Los pies sobre la tierra, plantarte
al borde de otra pileta
con esa decisión de saltar, saltar
ahora: agua
quedarte adentro, en lo radiante
del día y al salir
decirlo en voz alta un día
radiante, así de simple
hablar del clima.






12
Y claramente, ¿ves?
cielo, agua, la curva
de una brazada.
Ni esa primera nube
ni esa línea partida: un relámpago.






13
Después del pasto la grava
en las plantas de tus pies marca
un cambio de registro:
mirás el rastro blanco del reloj que el sol
dejó en tu muñeca. El tiempo
ha perdido la precisión de las agujas
es puro movimiento
de luz.






14
Al sacar la cabeza del agua
recobrás aire y recobrás parte de lo que suena afuera: viento,
el golpe
de unos postigos que se cierran. Al sacar
el cuerpo del agua ves en el verano
en el centro mismo del verano
bajo los árboles
hojas secas.






20
La palabra adentrarse
suena a movimiento continuo
no es sólo eso
también hay que pisar lo que separa
pasto, piedras

el agua del agua. 






35
Lo que ofrece el agua
es resistencia.

No esperes otra cosa del agua.


















sábado, 14 de noviembre de 2015

Roberta Iannamico



Roberta Iannamico (Bahía Blanca/Villa Ventana, Buenos Aires), Qué lindo, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015.

















De El zorro blanco, el zorro gris, el zorro rojo (1997)



Bicicleta

El pueblo es mío en bicicleta.
Las orejas se tiran para atrás.
Puedo inventar el viento si pedaleo.
Cuando llueve ando más fuerte
y la lluvia me escribe telegramas húmedos.
Me dibuja en el cuerpo un mapa.
Se parece al de mi pueblo
pero es infinitamente mayor.






De Mamushkas (1999)



III

Las mamushkas en las plazas
se pierden en el vaivén de las hamacas
encienden cigarrillos
para disimularse tras el humo
de la calesita
eligen los animales simples.






De Tendal (2000)



Tarde

El color del parque
a las cinco de la tarde
cuando es invierno
hace sospechar
cualquier cosa
tomo mate con mi hija
llamamos a los perros
moviendo los cuatro dedos
de una mano
no hay mejor compañía
todos los perros
se han vuelto
amarillos
se mueven como hojas
vuelan bajísimo
nosotras quisiéramos atarlos de las colas
hacer barriletes
antes de que se enciendan los faroles
y taza taza
cada cual para su casa
viene empujando la noche
no quiero saber
qué sucederá.






De El collar de fideos (2001)



Debajo de los pinos
el caballo de hule
verde
con lunares blancos
tumbado
duerme
la panza hinchada
las agujas del pino caen lentas
lo cubren
ligeramente
del frío.






De Muchos poemas (2008)



Como gepetto

En la panza de la ballena
enciendo una vela para escribir
las costillas son
un arcoiris sin color
un templo
donde escucho
mi propia voz
afuera el mar
baila solo.






De ris-ras (2015)



El pescador

Tiraste la red al mar
con tus amigos
sacabas peces y peces sin parar
peces de plata
se te regalaban
la red era muy pesada
era para compartir
también hubo veces
en que no pescabas nada
o enfrentabas una tempestad
y la calmabas
te dormías acunado por las olas
mirabas las estrellas
te reías de algún chiste
así es la vida
de los pescadores. 






De Nomeolvides (2015)



mientras va pasando el tiempo
en tanto que viento es que nos despeina
siempre que
como el aire nos dejamos llevar
adonde no sabemos
ahora que te miro bien
tenes algo acuático alrededor del iris
hoy que contabas
los hechos de tu vida
yo veía la costa
del mar cuando atardece
el planeta tierra
visto desde lejos






De Animales



Animales pintados

Con un pincel de pelo de camello
pinté un pájaro.
Soplé tres veces al aire
y el pájaro salió volando.
Lo sorprendió el verano:
picoteaba el corazón de todas las frutas.
Con un pincel de pluma de pájaro
pinté un camello.
Di tres golpes en la tierra
y el camello salió andando.
Lo sorprendió el invierno:
nevaba sobre la punta de su joroba.






De Inéditos

me entristecí con todas las palabras
que nombran cosas del hospital
no pude encontrar nada alegre
salvo los moños
rosas y celestes
de la maternidad
abrí la ventana
quisiera que una luz curativa
se posara sobre cada cuerpo
y los fluidos
corran como ríos limpios
pero sí hay algo para amar
en el hospital
los seres humanos
despojados









miércoles, 11 de noviembre de 2015

Emiliano Herrera



Emiliano Herrera (Monte Grande, Buenos Aires), Herramienta suave, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015.

























Rampa

repetición
constante

y días
después

hacia atrás
miramos
para adelante
y hacia adentro

adentro las olas duermen
adentro las ciudades rompen

pájaros eléctricos

la jaula
bien adentro









Y

hay tantas cosas
que no puedo
saber
ni imaginar

el aire
desdibuja
los árboles
en otoño

y yo tan quieto










Herramienta suave

Un sueño me quita el sueño y sueño.

Miro a los pájaros en la voz del viento.

Desvelado, me pierdo en lo que encuentro.

Todo lo que huye trabaja por dentro.



























lunes, 9 de noviembre de 2015

Liliana García Carril



Liliana García Carril (CABA), La dura materia del pensamiento, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015.




















3.

ESTAR sola me hace pensar
en el realismo de las cosas quietas

soy objetiva:
                           las cosas están quietas
porque nadie las mueve

son obedientes y serviles.












5.

UNA PESADILLA que se tiene
al ver el movimiento
de los plátanos

esos troncos añejos
entregados
al viento del sudeste

¿es objetivo ponerse a mirar eso?
¿un martes a las cuatro de la tarde?

elevar la vista y detenerse
en qué otro asunto
de importancia.












12.

ES DE NOCHE y llueve
se puede oír el agua

¿se oye el movimiento?
¿es ruido de agua entre sí
o sonido de mientras cae?

o es ruido de choque
sonido ¿contra qué?

por el agua puedo saber
de otras materias:
                                  chapa o lata
o reminiscencia de metal

precioso podría ser
cualquier metal que fuera
más que nada de olla

agua de lluvia que se junta
en olla para lavarse el pelo

en el siglo pasado creía en brillos como ése.












22.

HAY DÍAS  de contradicciones geométricas
donde lo redondo de la realidad
lejos de ser lo perfecto
que se diría de un día de sol
es lo perfecto de la lluvia
de lo que sabe caer en vertical
y transformarse.















24.

ME SIENTO en la cocina en un banquito
como si me sentara en una piedra
y me sostengo la cabeza con el puño de una mano
pero no soy el hombre que piensa;

tenso el cuerpo es tiempo de la fruta
que madura se deja caer como una idea;

si hubiera una justa medida del peso
la cabeza pesaría menos.