Algo de la poesía publicada recientemente en la Argentina.
Mostrando entradas con la etiqueta Silvina López Medin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Silvina López Medin. Mostrar todas las entradas
jueves, 19 de noviembre de 2015
Silvina López Medin
Silvina López Medin (CABA), 62 brazadas, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015.
1
No busques hacer pie,
ahora es otro el arte:
sostenerse y avanzar, así es
ser nadador.
2
No te anticipes,
el sol sigue en la punta
se derrama alrededor.
Quedate ahí, cuerpo
en movimiento.
4
Lo que se deja atrás, lo que aún
no llega, no importa
es otro el tiempo, un estilo que fuerza
la mirada al costado: respirás.
7
Los pies sobre la tierra, plantarte
al borde de otra pileta
con esa decisión de saltar, saltar
ahora: agua
quedarte adentro, en lo radiante
del día y al salir
decirlo en voz alta un día
radiante, así de simple
hablar del clima.
12
Y claramente, ¿ves?
cielo, agua, la curva
de una brazada.
Ni esa primera nube
ni esa línea partida: un relámpago.
13
Después del pasto la grava
en las plantas de tus pies marca
un cambio de registro:
mirás el rastro blanco del reloj que el sol
dejó en tu muñeca. El tiempo
ha perdido la precisión de las agujas
es puro movimiento
de luz.
14
Al sacar la cabeza del agua
recobrás aire y recobrás parte de lo que suena afuera: viento,
el golpe
de unos postigos que se cierran. Al sacar
el cuerpo del agua ves en el verano
en el centro mismo del verano
bajo los árboles
hojas secas.
20
La palabra adentrarse
suena a movimiento continuo
no es sólo eso
también hay que pisar lo que separa
pasto, piedras
el agua del agua.
35
Lo que ofrece el agua
es resistencia.
No esperes otra cosa del agua.
lunes, 2 de febrero de 2015
Silvina López Medin
Silvina López Medin, Esa sal en la lengua para decir manglar, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014.
Colaboración de José Villa.
Notas para un fado
Intervalo: un hombre viejo, viejo
aferrado a un papel
repasa su letra
la punta del zapato
se acerca y se aleja del piso
marca el ritmo, ya no marca
insinúa, en parte ha perdido
el control del cuerpo, lo que queda
entre el piso y su pie
¿es ese el espacio entre las cosas
que Cage pedía no olvidar?
el hombre viejo avanza
lento en su estar
un poco desprendido del entorno
se aferra al micrófono, sonríe
hasta que encuentra
el compás del canto
a veces se le va una frase o la voz,
nosotros con pies firmes sobre el suelo firme de la taberna
en cada silencio le soplamos la letra,
todavía creemos en la necesidad de completar.
Como y duermo con un desconocido
Lo que un avión permite:
el filo moderado de un cuchillo,
dos o tres formas de acomodar el papel metal,
plegado prolijamente o hecho un bollo, las mismas formas
de acomodar el cuerpo en el asiento
ahora que la azafata apaga las luces sin palabras de
despedida
como una madre severa o muda,
esta cabeza desconocida no encuentra lugar
no se entrega al sueño
cae en mi hombro, se levanta
prudente oscilación
del vino en la copa descartable
no cruzamos palabra
pero algo cruza cada tanto
la frontera del apoyabrazos
mi mano que alcanza
la copa a la azafata, o el ritmo de esa respiración
que se agrava, se resigna
se quedó dormido, pienso
pero quién
se quedó dormido
no tiene nombre
se quedó dormido
insisto y mis párpados
se van cerrando
como una madre cierra
lentamente la puerta
hasta escuchar el click
mi cabeza cae, estoy
en el hueco de un hombro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

