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martes, 16 de agosto de 2016

Caro García Vautier


Caro García Vautier (CABA), La Discrepancia, Juana Ramírez, Buenos Aires, 2016.






















Entre los pliegues de un papel, crepé

                                                                          a Eduardo Espina

no recuerdo dónde está enterrada mi madre

no sé qué hay de cierto de filigrana disgregándose
solapado el ladrido de esa nena envuelta
aún el hueco en la arena permanece intacto

no recuerdo dónde 

a quién debo lo que hace falta?
a la noche que sigue delante por cubrir la desnudez
los delantales de lo incierto

pero lo que avanza es tu carencia
rutilante abierta 
a las inclemencias del tiempo
que te detiene y viste
una dádiva en la oscuridad

dónde está?

desaforada en lo que huele de ser ondulaba
crepitando en círculos desoí

el crujido animal

cajita  rota  el salto
equilibro hojas trizas revuelo
patadas costras de papel arrugado
increpan 

enterrada?

cómo distraer de lo alto? 
si orificios delatan anfibios resaltan
si puente atraviesa ponte decrece 
acróbata dispersa  dispara

lo que acribilla, te vuelve criminal?
malcriada en el brillo
dolida

recuerdo madre?

quito una pena que apelmaza lo hondo
no hago pie en el sentido, trastabilla
agazapa encalla en tu costado 
filoso chilla, tajos en el pan 
erosionado, amuchás los gajos esparciéndolos
un salpicón de migajas 
tu cuerpo, la palabra incorporada


recuerdo está dónde?

cóncavo mirar trastoca el caparazón 
sin razón ni escapatoria
sólo el roce de ser introvertido el mar
expulsando las razones en humos disolviéndolas
ya no las acapara

no había plegaria ascensor sino palpitaciones 
                                                                      leves
salvar las distancias nunca fue mi fuerte
una abertura o 
me abducía
lo intrépido de ser desigual:
la discrepancia








martes, 9 de agosto de 2016

Roberto Echavarren



Roberto Echavarren (Montevideo, Uruguay), El monte nativo, Juana Ramírez, 2016.



















La órbita elíptica 
estira lo que se ve, distorsiona
hacia el lejano oblicuo 
el cerca de un Apolo alejandrino,
gana lo lejano,
esa extrañeza salvaje 
que también está aquí,
una hebra de pinocha
resquebraja el hielo, 
una luz ciega al mediodía
ensancha las orlas,
circunferencias crecientes
aparecen al serrar el tronco,
el águila vuela en oblongos,
la voluta, el motivo, 
un torbellino nos revuelve y nos aparta, 
nos devora el maelstrom 
u ondea el feeling suave,
el juego manso de un ampo.  
La forma se deforma,
estira, encorva, 
una elipse apaisada
chorrea tangente
una lluvia de átomos.
Un termómetro  
en el remolino, eso somos,
caras que el viento rompe.


































lunes, 8 de agosto de 2016

Romina Freschi



Romina Freschi (CABA), Eco de Parque, Juana Ramírez, Buenos Aires, 2016.






















El sueño y su escarmiento
plumaje vaporoso
cerca de la mañana asciende
manifiesto
a dar por visto
lo no comprendido
que esconde su semiótica troyana
en el humilde cerezo
de los días.

Con dolor dejamos
de comprehender
y es la incapacidad la que duele
en la reiterada programación del sueño
ver lo que no vimos
vislumbrar aquello
que no comprenderemos

en el futuro imperfecto
indicativo
esa contundente piedra
por mucho que elevemos
volverá a caer.

Sísifo y Dédalo
como infierno y paraíso
forjan
sus mentiras como máquinas
sus máquinas como mentiras.

En el cerco de lo binario
en la mente bifaz
hay un lomo
hijo, ala o embuste
temporal
pero no alcanza
lo que trae el pensamiento
y al final
solo nos trae el pensamiento
sueño infernal
continuo
proyecto de pasado.