miércoles, 8 de julio de 2015

Carolina Giollo



Carolina Giollo (Haedo, Buenos Aires/CABA), La resistencia de la luna, Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2015.


























Trampa

Y para cocinar un jabalí
tomarlo de su cola,
no basta
arrastrarlo por la arena,
no alcanza
coserle los colmillos,
no sirve
Hay que tener abierto
el ojo de vidrio morado
Saber quién tiene
el fuego escondido,
cuánto vale un pedazo nocturno
en el lecho de piedra.
Al río hay
que tirar las monedas
y dejar las letras de todas las pirañas
 viajan los peces de cristal e hilo
las fauces se abren y arrastran
treinta veces más ganas
que un último verso.
Esto
no se parece en nada a la libertad
es apenas un guiño,
un esbozo de la idea,
pero funciona:
me he transformado
en un túnel de anfibios.











Alebrijes

Ahora estoy mirando
los ojos
de un jaguar de madera,
bajo el encanto de los alebrijes,
viviendo el mismo tiempo
de todas las criaturas.








  










viernes, 3 de julio de 2015

Mauro Quesada



Mauro Quesada (Haedo, Buenos Aires), Fiebre, El Ojo del Mármol, Buenos Aires, 2014.





















el canto de un grillo
corrompe para siempre
esta frágil certidumbre
y ya no hay lluvias ni ritos
que puedan penetrar
en la suave espesura
de estos deseos que queman












la remera de la noche anterior 
que yace hecha un bollo
en el piso 
oliendo a humo
de cigarrillo y a transpiración
nos puede dar
asco
pero también
tener el aroma sorprendente
de las cosas que 
nunca se olvidan















ramos mejía un domingo
a las 10 de la mañana 
gaona desierta
y las panaderías llenas
los únicos
sobrevivientes de la noche son
una pareja besándose en una esquina
un borracho durmiendo
en la puerta de un edificio
y las veredas repletas de bolsas
negras y millones
de botellas

las persianas bajas de los bares
y la claridad furiosa
avisan que al menos por unos días 
todo se terminó


















  

jueves, 2 de julio de 2015

Julián de la Torre




Julián de la Torre (Buenos Aires), La tierra solar, edición de autor, Buenos Aires, 2014.























Ícaro

 Abajo, 
precipitándose sobre leche materna 
dando vueltas sobre sí misma, la tierra, 
abierta como una flor que pende del cielo 
fruto entre las olas, centro del mundo 
y alrededor 
un resplandor de caballo, una explosión 
de soles, un río 
que se extiende más allá de su lecho 
y suelta sus cadenas. 
¿No siento miedo mientras caigo? 
El viento golpea con furia mis alas, 
caeré al océano. 
Antes, alcanzo a preguntar: 
¿A dónde habrá ido tanta tierra?








Arte poética



 
Como el irrumpir de la luz
o una fruta que cae 
por espacios levemente abiertos 
un nombre hay, un aleteo impreciso 
un resonar de objetos 
constante, rodeándome 
buscando otra vez su centro 
mientras pasan, incesantes 
las horas sobre las piedras. 
















lunes, 29 de junio de 2015

Luciana Jazmín Coronado



Luciana Jazmín Coronado (CABA), La insolación, Viajero Insomne, Buenos Aires, 2014.
















Depara

el mar se absorbe
en papel secante
¿quién me lleva?


qué es lo que trae
el revuelo de punto a punto
de casa a ruedas a lugar a extraño a oxígeno


con manos lúcidas
desvalijo en un punto ignorante


traerá
qué me traerá
salir de la colmena









Pertenencia

No se trata de dejar caer, sino de caer con eso que se deja.
El mar se funde en el cuerpo como una pestaña en una foto blanco y negro.
La nada se ofrece como un niño ofrecería un caramelo.
Soy la terminal.








Algo desprovisto

el mar es un telar de invierno en los huesos
las caricias, una placa de jardines viejos


lo nuevo está después del mar:
una selva poderosa
con las hojas en un hilo de recuerdos


tiendo trampas para volver a tocarte:
una esquina
una salida después del oro
un espejo que me herede como esto que soy
algo desprovisto













domingo, 28 de junio de 2015

Ayelen Sol Rives







Ayelén Sol Rives (Quilmes, Buenos Aires), Morada, Ediciones La Biblioteca, col. miliuna, Buenos Aires, 2015.






















De Infancia Natura


V

¿Qué hago yo?
Silencio en el campo si el viento no sopla.
Miro esas flores blandas y sus raicillas,
pruebo el pasto duro de comer,
rasco la corteza del sauce llorón y su savia resinosa se pega a mi piel.
Yo no estoy hecha del mismo material.
Ellas tienen su razón de ser:
las vacas se alimentan del pasto y de las flores,
nosotros comemos nuestras vacas.
El color de la mañana, ellas lo dictan;
después de la nieve también florecen.
¿Qué hago yo?
Me acomodo sobre las hierbas tiernas
que desbordan entre las piernas y el arroyo.
Abrazada a las rodillas, evito mirar el valle poblado
que se abre al otro lado del agua.
¿De qué estoy hecha?
Un agujero en el estómago.







De Lengua


Paseo

se conserva la memoria
como una piedra color rojo o gris,
que se levanta del camino pedregoso
y se guarda en el bolsillo.





Salina

                                                                                               y callo...
                     porque estoy pensando en los trenes de carga
                                   que pasan de noche por la Gran Salina
                                                                  Ricardo Zelarayán




La totalidad del mundo
la vida entera y sus variantes
se convierten en un enorme salitral
vacío y blanco, imperfecto y
brillante en su complejidad.
No lo resisto.
Como si en el plan este de andar
por el salitral
pudiera,
al quebrarse todo,
huir por la puerta del fondo.








De Terránea



Morada

Juntaba caballos en el monte,
los metía en mi canasta,
vainas de tres hijos
dulces y amargos.
juntaba para la molienda
y para los potrillo,
juntaba para hacer café y harina
para las noches de no dormir.
Juntaba tiempo muerto,
semillas de cada vaina
para hacerme un collar
y colgarlo por días
de mis pestañas.
juntaba palabras bajo el molle
pero no las escribía.
arándano, amaranto, aguaribay.
Sigo sin poderlas nombrar
ni llenar la canasta con ellas:
monte, anzuelo, sauce
con un banco debajo para el llanto.
Caían pero no las recogía:
moras, salvia, menta, papel de quemar.
la sombra no es estúpida,
me interesa seguir juntando
piedras para el molino.
Y en una tarde crear 10 bollos de pan
y ni una palabra
pero no sentir el cansancio,
no sentir los huesos moliéndose,
no sentir las vainas que caen del algarrobal.
No hay palabra que nombre:
algarroba, sauco, morada.