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miércoles, 30 de diciembre de 2020

Bárbara Alí

 

Bárbara Alí (Buenos Aires, 1984)

Movimiento de ida, Villa Mercedes, Deacá, 2020.














De "Apuntes en un cuaderno de tapa dura"


Una voz en el altoparlante anuncia
lugar y hora de la próxima partida
palabras brillantes en la pantalla
confirman
lo que podría
quedar atrás
una muerte transitoria
de los cuerpos
y sus operaciones matemáticas.

Pasa caminando una mujer
viste un camisón blanco
con manchas amarillas
a la altura del vientre.

¿A dónde escapa
quien no puede irse?
¿Qué habrá perdido
esa mujer?
¿Cuánto tiempo hará
que alguien no la llama
por su nombre?








En el silencio de casa
observo a mi gato
envidio su forma de quedarse quieto
con los ojos llenos, brillantes
sobre un punto fijo del aire
sabiendo ver algo
donde yo
no veo nada.








Abro lentamente la puerta
camino descalza
para ver
el río,
es de noche y no importa
que el color del río
sea igual
al color del cielo.

Siempre el mismo sueño:
ver lo negro
en lo oscuro

un ensayo o forma
de adelantarse al fin
a lo que se pierde
en el movimiento
de ida.








Recordatorio

1.

Algo se pierde en el movimiento.
Un cuerpo en reposo
retiene todo
guarda sobre todo la ilusión
de la andanza
de lo que se es al ser.
La danza de esas mujeres
vista esa noche
desde la butaca del teatro
me hacía pensar
en lo que un cuerpo olvida
que puede.


2.

Revolver el café
para cambiar
la dirección de una línea
que bien podría compararse
con la imagen
en una pantalla
de las pulsaciones
que llegan
a su fin.








Instrucciones para mañana

Dejar una manzana roja
brillante, tersa
sobre la mesa
y tomar nota de:

a)
La opacidad gradual
que va pegándose
como una fina lámina
en su curvatura
antes redonda

b)
No puede disimular
el paso del tiempo
solo le queda
ser tomada
por una mano
que la quiera saborear
así
con su gusto
un poco agrio
un poco dulce.











Recordar-Inventar-Anhelar


I

¿Ves ese avión que está cruzando
ese pedazo de cielo que abarca la ventana?
Así van desapareciendo
cosas y personas de nuestro campo de visión
ahora en unos minutos
serán de otro
de alguien que quizás las mire
y sonría.


II

Recordar: inventar cada vez
una cara, los gestos
un trabajo de dibujante
que arroja el lápiz en un cajón
cuando llega a la parte de los ojos
y ve que lo miran de otra forma.


III

Como esas guirnaldas que cuelgan descoloridas
de un hilo fino en la ventana
como el papel picado que se pega
a la suela de los zapatos
y el bollo de servilleta manchado de chocolate y lápiz labial
así los restos
de nuestro festín.


IV

Recordar: inventar cada vez
una cara, los gestos
un trabajo de dibujante
que arroja el lápiz en un cajón
cuando llega a la parte de la boca
y nada dice.


V

Cada tanto voy a la plaza
y me hamaco fuerte
con la esperanza de descarrilar
entrar en una ruta celeste
llena de un olvido solar.


VI

Esquivo la calesita
hago de cuenta que no escucho
su música chirriante de canción de cuna
algún día, sin que nadie me vea
soltaré a esos caballos
que dan vueltas y vueltas
sobre un mismo lugar.












De "Cartas"



Carta 1

Hoy me enteré que un bólido
es una masa mineral
procedente de la fragmentación
de un cometa
que cae a una velocidad inefable
y estalla antes del suelo
dejando un haz de luz
rojo y brillante
sobre la bóveda celeste
y experimenté esa felicidad
que se siente
al encontrar la palabra
esa palabra justa
que describe
nuestra situación.










Posdata

También quería contarte
del color amarillo
que tomaron algunas cosas
con el tiempo:
las páginas de los libros
el pasto después de la última helada
el vestido blanco que usé
en un casamiento.

Quizás esas cosas
también fueron quemadas por el sol.
A partir de mañana
dejaré las cortinas
de la habitación entreabiertas

para evitar que la luz
se lleve la luz
como las olas
se llevan las olas
mar adentro.











Carta 3

Me preguntás por casa
así sin el posesivo
como si aún siguiera
siendo nuestra
y te hablo del documental
que vi el domingo a la tarde
del cálculo exacto
que hacen ciertos animales
para devorar a su presa
te explico sobre la mirada de lince
y te cuento esto
pero en realidad te hablo de este país roto
y cambio de tema
porque no hay nada natural
en esta salvaje cadena trófica
hoy quise escribir un poema
y llegar a la parte donde las palabras
se quiebran
y la cáscara se rompe
nada mejor que leer y quedar
con las manos empapadas
de sudor o de leche o de sangre
una especie de conectividad
futura y a la vez antigua
¿te conté alguna vez
que los libros
fueron un oasis
en medio de mi casa desierta?
que quizás estas palabras
a la distancia
sean puentes
o una bomba que estalle
frente a tus ojos
y te llene
de mi olor.









Carta 11

¿Viste el color del cielo
a las siete de la tarde
de un día nublado?
no quiero ese color
que a veces se nos pega
entre el paladar y la lengua
hoy preparo comida picante
rocío de condimento la carne
hoy no me hablaste
hice todo lo que tenía que hacer
algo adentro de mi boca
se volvió urgente
A la noche soñé
que gritaba en medio de la multitud
“el amor no es esto, es otra cosa”
desperté sonriendo
pensando que quizás sea tiempo
de caminar un poco más
por las cornisas.

























lunes, 7 de septiembre de 2020

Bárbara Alí

 


Bárbara Alí (Buenos Aires, 1984)


La mancha de los días  [2016], reed. Buenos Aires, Kintsugi, 2020.












Decir algo

del espacio

donde se existió

no es fácil.


Imitar los movimientos

que caracterizan la existencia:


la boca del pez

que se abre

que se cierra

para comer.


Emitir sonido

forzar sus tonos

una música sobre

otra música

¿no es tapar

una lengua

con otra?


¿Qué suena

en la interferencia

sino el ruido

de lo que no llega

a escucharse?


Algo como el sonido 

del croar de las ranas

confundido

con el de la luz eléctrica.






Como el árbol

visto desde

una cámara satelital:

una mancha de un verde

discontinuo.


La dificultad

de percibir

dónde las ramas

se unen

al tronco.


Cuándo y dónde

lo que era uno

creció

hasta volverse

inabarcable.


Cada rama

una huella del deseo

de luz.


¿Son las manchas

de sombra 

sobre la tierra

la prueba

de la lejanía?






Hoy vi una nube gris

en el centro de tus ojos

tuve miedo de nombrarla

a veces

lo que se nombra

se vuelve

real.


Por eso

mejor llegar

a tu habitación

y mirar en silencio

las manchas de la pared

hasta recordar

su historia.


Las marcas violáceas

del vino derramado

el hueco del puño

que una vez

golpeó la pared.






¿Es el tiempo

como el viento

que arrastra polvo

y opaca

la claridad

de los vidrios

e impide ver

más allá?


¿En qué idioma

está escrito

lo que está

tapado 

por la mancha?


En qué lengua

se escribieron

padre

cuerpo

camino?


¿Con qué palabras

narrar la niebla?


Sólo emergen

onomatopeyas

como una posible

traducción.






Luego fue el intento

de describir el sueño:

veía la ola venir

alta y oscura

quedaba bajo su sombra

sin poder divisar la orilla.


Me dijiste que buscara

soñar con el cielo

que así

saldría a flote


que afuera

había mucho

para ver.


Pensé, entonces:

¿cómo se sube

a la superficie

sino es haciendo

fuerza

contra el fondo?


¿Es el fondo

lo que destila

suciedad

y forma la mancha?




Más poemas de La mancha de los días en este blog.








 


viernes, 18 de noviembre de 2016

Bárbara Alí



Bárbara Alí (Buenos Aires), La mancha de los días, Qué diría Victor Hugo?, Buenos Aires, 2016.

























Eso que ves ahí
ovalada, imperfecta
sucia
es la mancha
que fueron dejando
los días.
Sucede por acumulación:
cuando la materia
no encuentra lugar
se deposita sobre sí
capa sobre capa
se tapa
a sí misma
¿Se va tachando?
¿A fuerza de negación
se acrecienta
la oscuridad?
¿No nacieron así
la piedra y la montaña
por repetición
de lo mismo?
Y si la piedra
pesara demasiado
ya no podría
moverse.
Aplastaría las raíces.
Correrían riesgo
las flores.
¿Quedaría allí
algo más que el recuerdo
de lo que quiso crecer
sin saber
cómo?












Habría que empezar
a contar todo de nuevo:
justo cuando querés
hablar de una habitación
en forma de pecera
de tu boca haciendo fuerza
para abrirse, la mandíbula
trabada, los dientes apretados
el gesto de defensa
condensado en los ojos
aparecen las antenas
de los edificios más altos
los cables cruzando el cielo
como un arañazo negro
sobre el cielo azul.
Es que siempre el cielo
fue un lugar de huida
cuando la tierra
empezaba a agrietarse.
No es casualidad
que mires el cielo
es el lugar
del deseo.












Dicen que hay que desear
cuando la estrella fugaz
está cayendo
quizás porque
el espacio vacío
que deja lo que se va
es lo que más tarde
podría poblarse.












A quién preguntarle
qué falló
la nieve también ensucia
con su frialdad
deja una aureola oscura
sobre el nombre.
Olvidaste tu libertad
como se olvidan
las paredes de una casa
que te separan
del afuera
¿cómo reconstruir
ahora el armazón
de tus huesos
si están desparramados
bajo una tierra
de silencio?
Debajo del silencio
estás vos
tapada por la sombra
del pájaro
que te lleva.
¿No es la sombra
que proyecta el ave
en el suelo
una prueba
de su culpabilidad?













Hoy la mancha
es esa nube en la memoria
que se interpone
entre una palabra
y su significado.
Hoy querés regresar
al principio del camino
no para volver a recorrerlo
sino para saber
el color y tamaño de las piedras
que pisaste un día
Siempre saber
se vuelve un movimiento
en reversa.