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martes, 17 de febrero de 2015

Adela Busquet




Adela Busquet (CABA), Insiste en mí la gana, Melón Editora, Buenos Aires, 2014.

Colaboración de Javier Galarza.
























Esta tarde, lo que iba 

Esta tarde, lo que iba en camino,
se cerró. Lo que iba en anda,
se detuvo. Parto hojas, valor.
Esta tarde lo que iba en camino,
cerró, el paso. Que lo lleven.

¿Entenderé? ¿Entenderás?



* La piel se opaca.
Lo que no es, se enciende.
¿Entenderás? ¿Las cáscaras,
los ciclos de mí a mí?










La tierra en uno 

                          A Claudio Quinteros 

Lejos, así se dice al pie cuando baja
y empuja la tierra en uno.
Cerca, así también crece clavel y muere.
De tan acá, reunimos la mano al aire
apretamos fuerte al que hubiera estado
y sin querer, se nos movió.









De por qué dejar, si las cosas
terminan y a menudo 

Acaba la silla donde apoyo.
La de aquél, el más logrado.
Ahorra su paso, no sigue.
Qué pedir, termine antes
lo que a tiempo
en falda y aire, nos despide.
Sobre uno, echa agua.
Lo baña, lo diluye.
Qué pedir, termine antes.
Lo tan breve.
Brevísimo.
Durar.


















martes, 21 de enero de 2014

Selva Casal




Selva Casal (Montevideo), Días sobre la tierra, Melón, 2013.














III 

Estos fueron los días sobre la tierra.
Nuestros días.
Cuando éramos tan pequeños como sombras
      de sueños.
¿Es cierto que vivíamos al borde de las cosas
sin jamás descubrirlas
y que las tardes se arracimaban dulces
en el umbral de la casa?
Y que había fechas para sonreír, para llorar.
Y yo no estaba nunca
porque siempre era tarde, porque siempre era ayer.


 

XIII

 

Acaso
comenzara por decirte
que me transito como una ciudad extraña
y golpeo las puertas que me cercan
como un muerto en su sombra
o un pájaro vacío.
Yo no sabía morir así.
Donde tus manos pusieran la tierra
allí estaré.
Entrégame a las cosas
porque una espera de luces y de muertes
me desata.












domingo, 19 de enero de 2014

Natalia Litvinova




Natalia Litvinova (Gómel/Buenos Aires), Todo ajeno, Melón, 2013.














El viento tiene que cortar

El pez pronunció tu nombre bajo el agua.
Yo cabalgaba. Quería escapar de lo tatuado en el cuerpo.
Arañé al caballo para galopar mas fuerte.
El viento tiene que cortar los tímpanos.
Pero tu nombre resonó.
Como los latidos del tambor en una tribu que espera lluvia.
Como el salpicar del agua cuando el salmón salta
contra la corriente.
Como el chasquido de los dientes del oso
ante la astucia del salmón.







La casa está tan vacía que soy una tela blanca 


Shklovski le escribió a Roman Jakobson:
los pájaros se sostienen de una rama
hasta cuando duermen. Así deberíamos sostenernos.
Pronto comenzará el ritual de la despedida.
Partiré sin decirle una sola palabra a esta casa.
Intenta retenerme, habla por las noches.
No indago de dónde vienen los murmullos.
Prefiero limpiarla con esmero para no mirarla a los ojos.
Gateo con el trapo mojado,
la humedad me tranquiliza.
Después me acurruco. Sueño con la grúa
que viene a concretar la misión.



 



Tatuar

Escribir es ir hacia la herida para curarla con veneno.
Los dioses lamen poemas y escupen oraciones.
Cuando no escribí encontré mi reflejo en el ojo ciego
de un caballo. Mi madre no ve las frases que tatué
en su vientre.















viernes, 3 de enero de 2014

Cherubina de Gabriak (versión de Natalia Litvinova)





Cherubina de Gabriak, El espejo equivocado, traducción de Natalia Litvinova, Melón editora, 2013.















Camino sola por el universo
con mi sueño majestuoso,
con mi odio hacia la vida perecedera,
con mi belleza amarga.
El destino me convirtió
en zarina de un trono ilusorio…
La corona de mis trenzas negras glorifica
la curva orgullosa de mi frente.
Pero en los siglos consumidos duermen
todos los que podrían ser amados,
como yo, atormentados por la tristeza,
como yo, solos en sus sueños.
Moriré en la estepa de una tierra extraña
pero romperé el círculo encantado.
¿Para qué son tan tiernas las manos?
¿Por qué Cherubina es un nombre tan frágil?






Espejo

 
Antaño en un  impulso supersticioso

me diste el espejo con marco de plomo,
retuve el fantasma de tu rostro

en el espejo equivocado.

Cuando la melancolía quema el corazón
como gotas de caliente sangre escarlata,
en el espejo veo las cejas curvas
y la odiosa boca pálida.

Es dulce ver nuestras caras juntas,
saber que en esta hora muerta
mi melancolía tocará tus ojos
y te estremecerás en la filosa caricia de la venganza.