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lunes, 24 de abril de 2017

Marina Kohon



Marina Kohon (Bahía Blanca), Un jardín en medio de la nieve, Alción, Córdoba, 2017.





















                        todo eso que callás
te desbordará en la sombra
                            del gesto
irrefrenable como las estaciones
¿serás silueta o centro?
¿del hambre o del deseo?
respirarás tu cicatriz
            en lo invisible
     bajo la pérdida del fuego





témpano
   de un cristal mínimo
             podrías ser
                       si quisieras







pero  sos
luz mineral
que eriza la pérdida
                       y borra los contornos
                 de la piedra fundamental
                           donde me paro
que toma la medida
                 del acantilado
            para reinventarse en mi ojo
y  reforzar el apego






Persisto:
escribo lo real
            desde lo ficticio
para asegurar
                     la eternidad
    de un reino de espuma






preferiría
           que estos dos hemisferios
se declararan la guerra y se ahogaran
                                                   en la grieta
                                      que han cavado
y no esta imagen
de la rama dorada oscilando
               sobre la reja
–espejo de los días–
         esta repetición de un eco
                        erguido
            en el agua más ausente





No temas,
no me fue otorgado
el don de ser valiente:
     enlazo palabras
             y  evito pronunciarlas.






Nada fue dicho:
         todo permanece
                      escindido entre los filos
y  nos desdice de los gestos
            se ríe del juego que
                                      jugamos
           de la inocencia
  con la que me inventé
                         un jardín
               en medio de la nieve






































domingo, 19 de enero de 2014

Marina Kohon




Marina Kohon (Mar del Plata/Bahía Blanca), Banshee, Hemisferio Derecho, 2013.















Madre
éramos la tierra
y la cruz
éramos carne de tu carne
hasta que nos ataron las manos
los pies y las lenguas
Madre
una gran boca oscura hablaba
                                         por nosotros
nos atravesaba los centros los hijos
y nos arrojaba a la agonía
pero nosotros Madre
entreveíamos tu rostro
                            envuelto en el manto
y con las uñas hurgábamos
más y más abajo
buscábamos
en los bosques
en los susurros de los árboles
en el claro donde confluye el rayo
buscábamos Madre
en los fragmentos de las voces
dormidas
 
hasta hallarnos Madre:
somos esta nada
que con esfuerzo
arrastra sus raíces.









Cesar
sin prisa
dejar la pretensión de opacar al sol
y a las estrellas
cesar  y lentamente
volverse
una nube descolorida
dejar los ojos
para ver a través de una golondrina
cesar
y sólo percibir los vientos
y el frío
golpeando la carne
de una mole
cada vez más desnuda
cesar
hasta ser
mucho más humano que el humano
hasta la última respiración
por los dolores del mundo
y apagarse
como un párpado
levísimo que cae.