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jueves, 30 de marzo de 2017

Gisela Galimi



Gisela Galimi (Lobos, Buenos Aires/CABA), Flamenquitos y otros poemas, Textos intrusos, Buenos Aires, 2017.
























Seguirillas -por martinetes-


La letanía del cante
se mezcla en mi cabeza
con el golpe del martillo
sobre el yunque.
Cuevita mi alma,
minero tu destino.
La sangre, el dolor
y el clavo pegando
-prolijito-
En compás de siempre
tu recuerdo.












Bamberas

Columpia en sí y no
la respuesta
taco punta
taco punto.
Bambera que mece
columpia en los párpados
la respuesta.
Doble columpio.
Y la pregunta
de nogal,
de fruto
dura por fuera, blanda por dentro,
aún no ha sido lanzada.
Columpia en sí y no
la respuesta.












Leyenda de la creación

                                                        Huelo el jazmín y no las rosas
                                                                                                         Avedis Hadjian


En el paraíso no había rosas,
su esencia de pétalo en tallo de espinas
no era posible.
Eva disfrutaba el olor del jazmín
pero algo faltaba
en su cuerpo
de fruto.
Adán se animó a morder el dolor.
Entonces Dios supo
que habían
crecido. Y les dio
la rosa.




jueves, 25 de junio de 2015

Gisela Galimi



Gisela Galimi (Lobos, Buenos Aires/CABA), Memoria de la piedra, Textos Intrusos, Buenos Aires, 2015.























Trasmutación

La piedra tiene memoria
de su estado anterior a roca.
El guano de los pájaros le recuerda
su esencia migratoria.
Muda busca,
honda que la remonte,
hombre que empuñe la honda,
dios, que trace el arco.



 




Piedra

La piedra vive en el lago.
Tranquila vive,
indolora vive.
Agua de pozo el lago
pozo ciego
que no la ve
ni la acuna.
La piedra no es un pez
que pueda desovar en un lago,
necesita la corriente para ser viajera,
necesita un río donde desahogarse.

Un remolino al menos,
de los que ocultan la alegría
del salmo del agua
con intenciones
de flor de arena.







Carta astral

Ella no tiene la culpa
las constelaciones se alinearon pétreas
en su nacimiento.
No tiene la culpa piedra
de la rigidez del miedo.

Sus moléculas rocas
arman coraza
para protegerla.
Pero adentro,
un corazón de lava
le clava
la duda. 







En el altar del sol

En el altar del sol dejé
mi corazón de piedra,
tallado a pura vida
allá en lo alto
como una ofrenda ancestral
que es plegaria:
Que el corazón de carne sepa
seguir el camino,
se acelere la sangre,
busque el aire,
nubecita vuele,
que el cuerpo se le anime,
que el fuego sea
su última morada.