Algo de la poesía publicada recientemente en la Argentina.
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miércoles, 2 de marzo de 2016
Silvia Arazi
Silvia Arazi (Buenos Aires), Claudine y la casa de piedra, Buenos Aires, Ediciones del Dock, 2016.
El espectro de la rosa
La cantante famosa es redonda, pomposa.
Su figura pesada, brilla,
bajo las luces,
como un tótem de jade.
La cantante saluda.
El público la aplaude con sus guantes de seda.
¡Clap clap! ¡Clap clap!
Murmuran en la sala, secretean, se codean.
Una sonrisa apenas en su cara de luna,
empolvada de blanco.
Lleva un vestido verde,
con pliegues en los pliegues,
y una rosa en el pecho.
Ella apoya su mano sobre un piano de cola
e inclina la cabeza como un pájaro muerto.
–¡Como un muñeco roto! –dice alguno.
El pianista la mira, sin expresión alguna.
Sus manos aletean y la música llega.
Es Berlioz y consigo, el espectro de su rosa de plata.
–¡Una rosa de lata! –dice Claudine.
La esférica cantante abre la boca.
Desde su cuerpo enorme, desde
los pliegues excesivos
de su vestido verde, desde la rosa falsa
que tiene entre sus pechos
hay una voz que viene... que viene...
–¿De dónde viene esa voz?
Los ojos pintarrajeados de la mujer que canta
se alumbran de silencios, de fugas, de victorias.
Lleva las manos gordas al centro de su pecho.
Abre los ojos grandes.
La boca grande. Gruta.
(Abra la boca graaande, graaande, graaaande...)
Todas las noches y las horas,
las desgracias oscuras, la memoria,
los cantos, el olvido, las livianas caricias.
Toda la dicha
y todas las miserias de los hombres,
nos llegan a través de su boca de loba.
–Su boca ancha y feeeeeeeea.
El público se aquieta.
La voz de la cantante se acantila
y la música cesa.
Hay rosas en el aire. Llueven rosas de plata.
–¡Llueven rosas de plata...!
El público está inmóvil
y no hay más que silencio.
Algo
ocurrió en la sala. Nadie
durmió esa noche.
El pájaro del dolor
El pájaro del dolor
se ha posado en mi hombro
y picotea el aire,
ávido de alimento.
El pájaro es tibio, pequeño,
engañador.
Yo me quedo muy quieta,
rezando por su olvido.
(finjo ser un sombrero, un cable,
una columna).
Es inminente que este señor entienda:
en mí, no encontrará nada.
Para él seré siempre
intemperie y vacío.
Sin embargo, él insiste
con su furia de niño.
Roe mi espalda, mi nuca,
mi garganta.
Comenzó a armar un nido con flores y con ramas.
El pájaro del dolor, el muy maldito.
viernes, 31 de enero de 2014
Silvia Arazi
Silvia Arazi (Buenos Aires), La medianera. Una novelita haiku, Interzona, 2013.
Otras puertas
Deja caer la taza sobre la mesa,
olvida el agua que hierve,
se olvida.
En el primer hervor, le dicen.
Atención, le dicen.
Saca la botella de la heladera.
Apaga el fuego.
Un poco más de agua, le dicen.
Un poco más de atención.
El señor la llama desde su cuarto
y le pide un té.
Dora guarda los platos en el aparador blanco,
minuciosamente,
como si fueran secretos,
fugas,
llaves.
Por culpa de su sombrero malva
El gordo que le vende flores
a Claudine
se parece a los ogros de los cuentos.
Redondo y atroz.
Al llegar María Luz con un sombrero malva,
nos reímos todos. Luchi también.
Parece que el mediodía
se hubiera derramado de nosotros,
al bies,
como un palacio solar, como un designio.
Adheridos a esa alegría inútil
nos reímos:
temblamos en el cuerpo,
humedecemos,
(es como si lloráramos)
La risa se debe al sombrero de Luchi,
a la cara del ogro de las flores.
¿O tal vez a otra cosa?
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