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lunes, 27 de abril de 2015

Eduardo Abel Gimenez / Cecilia Afonso Esteves



Eduardo Abel Gimenez (CABA): poemas / Cecilia Afonso Esteves (Córdoba): ilustraciones, Tus ojos, Calibroscopio, Buenos Aires, 2014.


















Tus ojos son
como el dolor de una sonrisa
a destiempo,
como un adiós,
como las hojas secas
que caen hacia el agua,
como el comienzo del eclipse,
como un fantasma
en el espejo,
como la última gota
en el frasco de perfume,

como ir a un lugar
que ya no existe.











Tus ojos son
como comos,
como comas,
como comienzos,
como cometas,
como comedias,
como comodoros,
como comodines,
como comensales,
como comisuras,

como todo con o,
como si.














Tus ojos son
como la suma de otros ojos,
como la diferencia entre otros ojos,
como mis ojos
pero sin la tristeza.



 Las imágenes de las ilustraciones de Cecilia Afonso Esteves
están tomadas de su blog, una flor de papel.












domingo, 29 de diciembre de 2013

Eduardo Abel Gimenez





Eduardo Abel Gimenez (Buenos Aires), en VVAA, Poeplas. Antología de poesía argentina para chicos (e-book), poesiaargentina.com, 2013. 

Descarga gratuita de: Poeplas.






 

Frío

Hace mucho frío.
Tanto frío que los autos no arrancan,
las vacas no mugen,
el corazón no late.
Tanto, que hay una nube
colgada en el mismo sitio
desde hace horas.
Hace frío adentro de la letra O.
Hace frío en la sartén
donde se fríen lentamente
unos copos de nieve.
Están congeladas las puntas del número 1,
aunque eso es algo que pasa con frecuencia.
En medio de la cama apareció
un cartel de prohibido entrar.
El café recién servido
levantó vuelo y emigró al norte,
donde dicen que es verano.

Pero es tanto, tanto el frío que
la mecedora no se mece,
la música suena más lenta,
los ojos miran un punto donde no hay nada.
En el tallo de la planta
esas no son hormigas
sino esculturas de hielo.
El aliento se hace vapor,
el vapor agujas,
las agujas giran sobre sí mismas
buscando algo que pinchar.

Las líneas de sombra de la reja del balcón
están quietas en el ángulo de hace un rato,
por más que el sol siguió de largo.

En la calle la gente se enrosca y pliega
hasta refugiarse en su propio ombligo.
Los edificios de enfrente han encogido,
de manera que entre ellos queda un pasadizo.
El aire está espeso.

El lápiz llega a un centímetro del papel
y ahí se le acaban las fuerzas.





Ilustración de Alejandra Ferrada.