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lunes, 6 de septiembre de 2021

Rita Kratsman

 

Rita Kratsman
(Buenos Aires, 1940)

Faro meridional, Buenos Aires, El jardín de las delicias, 2021.


















cómo rechinan
las vainas secas del bosque
la voz de la sangre está en el árbol
y el mar cegado
por luces de tope apuntando hacia el sur
el viento marca la cadencia de las olas
mientras llega el aroma de un romero
dicen que donde hay romero la peste se aleja
eso dicen
aunque ya vinieron aquí cuando
se cavaron pozos en la tierra y no fueron castores
el recuerdo se alza como un orden griego
y para olvidar la miseria esclavista
una foca se distrae con los círculos de espuma
que lavan la orilla de arena y pizarra
y otra mañana o tarde
hacia el anochecer de los huemules y otra mañana
o tarde hacia el granate silencioso de las lengas
las lámparas del agua rompen filamentos
en la superficie vidriada
van y vienen las hojas
su manera de temblar












si quisieras silenciar por un momento las voces
en el punto del solsticio
donde se revela una oscuridad absoluta, no podrías
ellas entran y salen a gusto de sus nubes lácteas
en su espacio sos la ausente y no llegan todavía
a ser antiguas
en fin... preguntan por el pathos inalienable de sus tonos
como si no se hubieran saciado
¿qué sacaste en limpio durante el resplandor?
cada herida es perfecta, se muestra cuando quiere
no hace falta ver
si hay cacerías en el bosque
y la muerte confirma su poder sobre el mundo
mientras las constelaciones se dispersan
sobre las lonas amarillas de los cabos en
una mañana testigo de los tremendos gritos y
con paisajes de puro encantamiento
sí, existe la belleza y la humillación
y todavía hay más
acerca de esto












efusión de un oscuro lineal o algo
más espeso que un elemento compacto
pretendiste arrancar otro mundo del mundo
y cerraste los ojos para soñar con una chispa noble
aunque sujeta al poder del lenguaje
de aquellos tan meticulosos en su trabajo corriente
y que sin haberse enfrentado
a un tribunal presidido por un juez del Infierno
practican sin vacilar una eutanasia forzosa
pensar que el cosmos
inspiraba su oráculo en plazas colmadas
ciudades donde el arte no pactó con el miedo
y perdió, pero vayamos a fondo
¿o todo se dirige hacia una selección absoluta?
que cada lugar se levante con alas en los pies y
con un ritmo que se añada a ese vuelo
cambio, sin que nada se pierda
a lo perfecto del dolor se une la belleza
como en aquel cementerio romano
cerca de la Porta San Paolo junto
a la Pirámide Cayo Cestio donde
se reúnen los poetas que quisieron vivir con dignidad
trina un pájaro
sobre la tumba de Gramsci
¿se oye?












de qué se habla
cuando se trata de ver
simetría en cualquier parte
ecos inamovibles como flores de hielo
le damos rango al oficio de la lengua
con los labios partidos
cualquier resistencia es valiosa
la reflexión, de por sí establece grados
qué es la soledad sino la escritura misma
y dentro de ella las formas moribundas
la vida dura un viaje aunque
el esfuerzo por conocer sus artificios
te lleve nada más que hasta el limbo de las ramas
y el mar en el botón de un cardo
cuando el sol golpea con sus olas
y te deja exhausta
¿cómo volver? ¡ah, si hubieras entendido!
en cuanto puedas
pensá en aquella tarde de agosto
era agosto ¿no? con sus acordes circulares
a los lestrigones y a los cíclopes no les tengas miedo
desde la bitácora de Ulises
llega una voz que
de esto sabe












lo que pudo haber sido y lo que no
Tranströmer imagina que es Edvard Grieg
y una nena
corre tras su cometa como en un sueño del futuro
¿puede un oxímoron salvar al mundo?
tanta niebla y no se ve cómo cae una estrella
para invocar un deseo
muchas melodías nos llegan de otra época
un ritmo acaso, acaso un sentido
lo único eterno
¡algo por favor que justifique la ceguera!
y buscás un secreto en el destello
del sol sobre los lirios
otros ecos
habitan el jardín y es así como el verde
busca la espesura en nuestra deriva astral
para quien ama la lírica, un pájaro
alcanza una nota
que sobrevuela las veredas            registro eficaz
para salirse de sí por un rato
aunque ninguna evocación promete
lo que todavía no se sabe
camino abstracto del mar hacia
alguna maravilla












hay feudos
y en el tejido necrosado de la tierra
ni siquiera una fracción verde, el resultado
se completa con un color sin futuro
la escritura también es una tarea vegetal
reconocible en el mundo como lechuga o manzanas
o cualquier otra cosa que provoque júbilo
qué podría quedar sino el sueño
de un mecanismo perfecto
viste el mundo en el estruendo
y ciudades extenuadas
para impedir una opresión hacen falta
aptitudes que detengan el impacto
aguas claras
señores, efluvios de poderosos aromas
después del rocío
o tan solo un cielo color glicina que se pareciera
al mar, sin su altísima resaca en 
seguimiento de un alma insumisa
también hay luciérnagas detectadas por los perros
seguí brillando
diamante loco en los bosques de la noche











si te sacaras de encima
el trueno y la lluvia
o estuvieras dispuesta sin esa tos de la mañana
a organizar tu día
incluso si no fuera de luz hasta el borde
sino de un reflejo por debajo de los dioses
en el verdín terciopelo de las piedras
o si un pájaro con esternón de nave
trinara sobre una hoja de hueso
como empuñadura de malaquita en
algún bosque de cedros barnizados
fábrica de madera con obstinación de sierra
para aumentar el letargo de los zánganos
o con tu penumbra manchada de sol
como si con eso alcanzara
como si












                                                                    AGOSTO 2020

otra vez una baba infinita
sobre un pedazo de tierra
y después sobre otro y enseguida
sobre otro más que silbaba
con dignidad de pájaro               otra vez
el corazón retumba como cuerno de antílope
otra vez donde sea
el encierro en su falsa simplicidad
otra vez el mar y la vegetación en
un solo grito
con nuevas inflexiones verbales y
fronteras que postergan los destierros
otra vez, sostener el planeta
con un hilo de voz
otra vez





























domingo, 30 de agosto de 2020

Rita Kratsman

 


Rita Kratsman (Buenos Aires, 1940)

Cuerpos con música de fondo, Buenos Aires, El jardín de las delicias, 2019.












De "el ritmo, también desenvuelve paisaje..."



hay un espacio y un tiempo

en que se escucha por primera vez una música

y el momento resulta sublime

pero sabés que llega antes o después de algo

omitiendo el Universo toma cuerpo un ritmo pesante

y nos lanzamos con todo lo selecto

y caemos a plomo mientras el aire ni siquiera parpadea

¿acaso se trata de una inquietud marfilina?

acordate de que el bosque está siempre visible

en 1912 Schönberg sacó del arca de sus dones

una nota desnuda, el efecto

pulsa las cuerdas altas del viento

dejando que los tonos bajos definan otras cosas

y el miedo hasta en una brizna de polvo

o en el vuelo confuso de un pájaro

la debilidad reciente

comprueba que todo se repite

y si soñás con una bengala en la oscuridad

es probable que tu nombre

desaparezca con el resplandor










si es que hubo al principio algo

no hay ahora palabras

para describir la entrampada obsesión

por un mar tranquilo

que no dé contra la costa insatisfecha en

un paisaje de escollos

una obsesión por las mareas dóciles

primarias en el sentido

en que uno entiende las cosas

no hay palabras, no hay

una verdad que se refleje en un cuarzo brillante

estallan en expansiones sucesivas

y ni siquiera un balbuceo se asienta en el poeta

¿qué tiene de malo decir entonces?

nadie muere de serenidad:

el alma ruge

y tose*



* el ritmo de las pulsaciones anula una razón lógica

las manos se entienden hacia el aire, acaso

hacia lo que después seríamos

puede sin embargo aparecer de nuevo el otoño con

su ritual de pequeñas ráfagas y

motivos casi armónicos










fuimos ¿qué somos?

medida en grados la ciudad es un infierno

un árbol viejo, escuálido

echa sombra a una tuna sedienta

sabiduría de lo sutil contenida en el gesto

refinado como un fragmento de Fauré

¿qué son los años para alguien que acepta la mortalidad

con naturalidad? y que lejos

de su condición y aun estando al borde del abismo

infunde coraje a quien más lo necesita

¿alguien apoya el oído sobre el corazón de la Tierra?

¿y si se hundiera

se elevaría igual una vara de genciana tan erguida?

un pájaro sobre la proa de ese árbol

canta

para ir todavía más lejos









De "... y se libera, hasta que..."



cuando me preguntaste 

y dije ahora floto, quise decir otra cosa

la belleza es frágil

como una contracción que rompe el verso y su ritmo

¿o se puede ganar una línea convincente

sin el riego de hundirse en un pantano?

la magia pasa de largo y la oscuridad es parte de lo mismo

se retrocede entonces

hasta llegar más de una vez al silencio absoluto

aunque se escribe para no saber lo que el silencio significa

emana un vapor rojizo acentuando la humedad

y ya nada se puede definir, sí, te dije

ahora floto, respuesta que subraya eufemismo

ah las discrepancias, aunque parezcan justificadas

qué bien viene aquel verso de John Giorno

si no te gustan mis océanos

no nades en mi mar* 




* aun sabiendo que un mar es

el indicio de otros mares tan desconocidos

como los cuerpos que no alcanzan a ser

y ese ruido de olas, de viento

que sin embargo perdura










la oscuridad deposita lo que puede

y con solo observar cómo

la óptica geométrica incide sobre los cuerpos

te convierte en alguien más para añadir a

esa masa informe, lo cual

daría pie a tu desaparición definitiva

si no fuera que a veces algo irrumpe –nadie parece advertirlo–

y a despecho del mundo

como quien se libera de una encrucijada

pasás a ser la luz de un globo aerostático

contradiciendo la negrura

pero al margen del delirio

hay que decir que también están sojuzgadas

las sienes de las casas, convulsión

de un paisaje oprimido, ¿qué puño se abatió

sobre la chapa nocturna?










continuando el diálogo, y creo habértelo dicho

el mundo es la repetición de una forma rítmica

es difícil irse de una conversación inagotable, tus ruidos discontinuos

confirman que aun así conservan su ritmo y aunque

nadie recupere el hálito perdido

existe descendencia en los árboles y viñas y flores azules

cuando una luz reaviva otras luces

¿dónde estás?

–una tormenta podría evocar la métrica furiosa de sus rayos–

shhhh... que no lo sepa la muerte

necesitamos ver que una forma se libera con

un solfeo de nubes en clave soleada

el efecto sería incierto

de no ser por los pájaros

que al no seguir un principio ornamental

intervienen con sus gloriosos vibratos

no es falaz la insistencia

el paisaje es un tema

del que hay que seguir hablando










no hay formas dudosas, hay

decisiones centrales

y cuerpos que se mueven por atracción gravitatoria

los rayos del sol pueden mimetizarlos

con el paisaje existente

rompiendo las normas de lo perceptible

el ruido se impone sin embargo con sus argumentos

en tiempos así

cualquiera se siente más contenido por una muchedumbre que

por alguna "fuerza de seguridad"

¿y cuánto vale dormir tan custodiado? dice una letra

si cuando cruzás el umbral de tu casa

y te apresa cualquier conjetura te adherís a lo verosímil

el día entonces toma un hecho y lo retuerce

convirtiéndolo en el arte laborioso de una filigrana etrusca

un rumor silba sobre su era:

los puntos de corte no son una elección antojadiza

se justifican en las gomas que crepitan

como espinos al viento

convengamos que la anarquía del humo

pacta con el aire










es sorprendente cómo un paisaje

no es más que un espacio vectorial donde

confluye música de todo tipo

y de golpe vemos algo por todas partes

como una supernova que se manifiesta

en lugares donde antes no se había detectado

nada detiene el encanto de lo que el azar hace con las nubes

o lo que haya hecho en lo que va del año y sin embargo

se respira bajo una cúpula estelar

así un poema

influenciado por la luz que sea, puede ser escrito en una hora

o en mil años por usar un recurso hiperbólico

de algún modo, esto también significa que

para amar se necesita cuerpo

visible como las frutillas que limpiás ahora en tu cocina

aunque la otra parte del Universo

permanezca oculta

























jueves, 5 de febrero de 2015

Rita Kratsman



Rita Kratsman (CABA), Giverny, El jardín de las delicias, Buenos Aires, 2014.


















hablando de sauces no es sino la inclinación servil
de sus ramas 


también me da tristeza
que con la lluvia se haya ido el tiempo
aparezco ante el color
con qué alegría ladrona de arco iris 


después de los velos la cadencia es de pájaros
el lugar
alberga la casa y el jardín donde
también hay gatos y quién sabe hurones aunque
ésta no es la casa de Neauphle
una sola cosmogonía: casa jardín bosque 

el rumor de un tren en el girasol de las orejas
activa el ritmo de una idea
la noche
está para dejarla reposar
instante en que el color también se tiende 













cuando miro las hojas caer
y rodar por el pasto
no me da miedo el paso de la luz, aunque
el miedo no va a frenar la noche, todo va
hacia una fábrica silenciosa de palabras 


a veces descubro
una escama luminosa en alguna de ellas
¿tengo la obligación de hacer otra cosa? 


un sepia baña las estatuas dei bambini, el musgo del estanque
se oscurece y el agua
forma trenzas blandas y movedizas 


escribir también es aullar sin ruido dice Duras
después de recorrer los senderos que creí haber explorado
el poema avanza hacia su lugar o
en busca tal vez
de una nota perdida 


acá se produce de verdad el conticinio
hasta los estúpidos abejorros
dejan de zumbar durante el azul-ceniza
una frase apaisada contrastaría con el pasillo de la noche