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domingo, 15 de noviembre de 2020

Sofía Gómez Pisa



Sofía Gómez Pisa
(Buenos Aires, 1990)

La culpa ya no es de tus padres, Buenos Aires, Elemento Disruptivo, 2020.












de a ratos la vida
se vuelve solo
un copy paste

para buscar profundidad
navego sobre ventanitas
rastreando algún recuerdo

algo que confirme
que estuvimos a pocos bytes
de distancia

que este hueco en mi cama
no está hecho solamente
de soledad







no existe sutura
ni pulpito
para adherir las veces
que fracasé

esta historia puede ser
la de cualquiera

una chica que lo
supo tener todo

y así como lo tuvo

lo perdió, lo arrojó

desde un tren








una amiga me dijo una vez
que en la oscuridad
los enemigos no pueden reconocerte

lo que nunca entendí es

en qué momento
era necesario
salir de ella







un día salís al balcón

y el viento cruje

la calle sigue igual:
violenta, gris y contestataria
pero vos

tenés una certeza:

la culpa ya no es de tus padres








sábado, 3 de junio de 2017

Sofía Gómez Pisa



Sofía Gómez Pisa (CABA), Ella, la muerte o dios, El ojo del mármol, Buenos Aires, 2016.
























Carmen

Carmen limpia pisos, encera las escaleras
y lava también la vajilla
que está vieja y gastada como ella.
Carmen tuvo sueños, pero después tuvo hijos
y los años se le pasaron
limpiando las casas grandes de otros.
Cada vez que baldea lava sus heridas,
mientras se cuecen en ella
como los huevos fritos
la derrota y la impotencia.
Carmen está agotada,
o dice estarlo para salir antes de trabajar,
sabe que a su edad,
quejarse es una de las pocas cosas que le quedan
y es de esas actividades
en las que no suele escatimar.
Carmen amenaza a su jefe con renuncias,
y lo molesta inventando historias de los demás,
respirando pesimismo
porqué con los años aprendió
a salpimentar sus días con mentiras
para poder vivir sus propias novelas de la tarde.
De cuidados de ancianos,
de bondis repletos,
de poca solidaridad,
de hijos que se pierden por las calles,
de maridos que se enferman,
mientras ella enjuaga las copas.












Ella, la muerte o dios

Ayer fue el entierro de mi tía abuela.
El párroco que no sabía su nombre
repetía constantemente: Elvira, Elvira, Elvira
como si conociéramos a quién se refería.
Luego notó su error
leyendo el ataúd y dijo:
“bueno, Emma, pero
de segundo nombre Elvira”.
Y siguió diciéndole así.
Habló de dios, Jesús y los pecados
y después, la cremaron
otros dos tipos que tampoco
sabían cómo se llamaba,
ni les importaban
Ella, la muerte, o dios.












Olvidarte

Como la promesa de
dejar de fumar.
Y pensarte mientras
enciendo un cigarrillo.