Algo de la poesía publicada recientemente en la Argentina.
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martes, 18 de octubre de 2016
Irene Gruss
Irene Gruss (CABA), Entre la pena y la nada, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2015.
Autorretrato
Ah, si pudiera recostarme,
ser así, la mosquita muerta que inclina su cuello, lánguida;
si borrara el rictus de una Callas desahuciada, Magnani en
batón, así me veo,
dulces musas de la debilidad, dónde estáis, denme la brisa,
dénmela,
no la ventolina a orillas del mar, siempre a orillas del
mar, ay me,
mandolina y no viola da gamba,
quién me miraría si él observa el culo
de la que pasa, ay me, cuántas uñas delicadas habrán
rasguñado el hombro, la nuez,
su espalda, oh, su espalda, y engalanar lo que no tengo,
un aspecto sutil, ese gesto de no haber sufrido hambre,
menos ansia
de saber, una sor Juana cortejada por virreyes y virreinas, la
suavidad
del papiro, y el vientre sin estrías, ay me,
si hubiese usado aquel pote, si no supiera que el tiempo no
es el Teatro No,
máscara que cubre el savoir faire y otras minucias, oh,
gatitas, si pudiera lagrimear,
las he visto contonearse sinuosas hacia mi objeto incólume,
han conseguido lo que apenas logré encaramar, robar, gozar
como Dios manda, ah, Dios, si estuvieras aquí, mándame
un rayo, algún fulgor,
esa luz que oculta la vejez, la insensatez,
y vuélveme buena, modosa, bella y paciente,
Ingrid en Casablanca, un lirio en flor, el sonido
de la música.
Torcés la anécdota
Se trata de aliviar el lado suficiente de las cosas,
mirar hacia otro lado. Él llama a esa insulsa y a vos te dice
cortala, vos intentás disipar la niebla escuchando a los
pájaros.
Ese árbol, allá, un lado de tu cabeza te pide
hacé un objeto estético,
decís después, más tarde, cuando la bruma pase
como la de la mañana temprano;
O cuando te vas y tus hijos preguntan, preocupados,
¿hablaste con alguien?; les mentís amablemente,
torcés la anécdota.
Lees a una chica moderna, escribe con violencia, como si la
molieran
a palos o tuviera un dolor de encías insoportable. ¿Para qué
esto?,
¿lo ves? Descifrás, abrís esa caja donde el aire cabe
y exhalás, tranquila.
El mar no ruge, no brama ni aúlla, no tiene furia ni
es sereno o plateado o verde o azul;
es más pequeño que Dios.
Lo que me importa ahora es disipar la niebla.
Efectos especiales
Alguien ya lo debe haber anotado:
grúa por encima de ciudades futuras, Blade Runner
sobre Blade Runner, pósters del Japón, ruinas
y el disfraz: colorete y bombín, caduco,
fuego más humo de contraste para dar textura: aguas viejas,
plurales,
el individuo en relación con...
Muertos apilados ya no, desintegrados.
El horror, Conrad, ya no, literatura pasada por goteo endovenoso
se desliza el dedo por la pantalla como un efecto, especial,
peces de colores y abedules en gris ya no: la tierra
para el que la trabaja ya no; la explotación del hombre por
ya no: corporaciones vs volverán las golondrinas ya no,
es Brad Pit que envejece como un simple botón; nombres
particulares, polvo
al polvo, nada a durar, replicantes del mundo, uníos;
escribir en la piedra en la pantalla con un dedo grande
en el aire "¡viban los compañeros!", era un efecto especial, se corría
el sentido de la palabra lavidapor, nuncamás, decían los
bienaventurados, perritos de ceniza,
las alas del deseo, la quimera, la función,
y ahora baja la grúa,
y un paneo lejos, lejos, puntos como estrellas ya idas,
burbujas stardust,
Rosebud.
Nota: se usan y/o parafrasean citas pertenecientes a César Vallejo, Francisco Madariaga, Philp Dick, Peter Handke, Orson Welles.
Entre la pena y la nada
Habría que nacer riendo a carcajadas
como hilo de fe, como costumbre.
Pero amor y dolor es lo que expulsa.
Curioso, la gana del llanto primero,
"que grite, que llore, que respire de una vez",
y el alivio, así. Curioso, la palmada en la nalga.
Y luego chupar, prenderse, y el hambre: la necesidad.
Saciados o no, a dormir
se ha dicho.
La mañana y la noche,
asombro por lo que hace la luz con uno.
Y el despertar y el moverse;
crecer, dormir.
El cielo es otro mundo. La calle
es otro mundo. El otro
es otro.
La risa llega después. Como
alegría o canto.
La burla llega después, y
es puro rictus, pura alegoría.
Hay dicha entre la pena y la nada,
entre el sonido y la furia, la duda, el estertor.
Gracia y piedad. Sí,
como reír a carcajadas.
viernes, 10 de enero de 2014
Irene Gruss
Irene Gruss (Buenos Aires), Humo. Antología personal, Ruinas Circulares, 2013.
De Solo de
contralto (Galerna, 1997)
El ruido
Cuando ya me
olvide de estar siempre
a la espera de un
desenfreno,
cuando
tome real cuenta
de que esto conlleva
graves lesiones
cardíacas, el sobresalto,
el timbre que uno
creía
estar esperando,
la velocidad,
el vértigo que
uno creía
desear hasta tal
punto,
recién entonces
el silencio
será como un
útero lleno o una cabeza
llena de algo que
no es conocimiento
o las dos cosas
llenas o vacías
pero al fin el
silencio no aturda, cuando
ya me olvide
de lamer eso con
lo que una
creía llenar
el estómago la cabeza el
útero el oído, o
simplemente el
corazón las manos,
cuando todo o
nada se calme
pero me olvide,
el silencio
vendrá a mí como
un amante
casi perfecto, casi
amado,
mi tolerancia
será finita o infinita,
la entrega será
parcial o
inmediata,
me olvide, cuando
por fin olvide,
el silencio será
tan intercambiable
como cualquier
persona o cosa,
tan insustituible
como cualquier
persona o cosa,
tan irremediable
como la salud,
esa que soporta o
sostiene o sobrevive,
cuando deje, por
fin deje
trabajar a la
memoria como esas máquinas
que una vez
terminado el mundo
siguen funcionando,
autómatas, y
el silencio sea
lo que vibra
alrededor,
lo que se mueve o
ya no se mueve alrededor
de la memoria, lo
que ya
no reacciona ni
sobresalta
ni obtura el
timbre, la sordera, me olvide
de oír
o de esperar el
ruido, el vértigo, eso que
creía era la
acción, la pasión
el encuentro con
algo con alguien que
creía era no era,
cuando
me olvide y me
duerma o
abra los ojos
para descubrir
el sueño o lo que
vi, después de todo,
cuando me canse o
me desvele,
qué será del
silencio
qué será de ese
algo de esa nada,
el factor
constante, alucinado
que habla calla
canta.
De La dicha
(Bajo la luna, 2004)
Y si no es una piedra preciosa…
Y si no es una
piedra preciosa
sino simple
arenilla
guardada a un
costado
del tintero. Y si
no es arenilla
ni zafiro eso que
sale de mí, con pinzas,
como quien quita
una piedra, airecito,
puro airecito
guardado
para no respirar,
sangre y arena
en mi centro
exacto,
late, molesta,
astilla de qué,
más tangible que
lo que no se olvida
o se tiene.
Y si es dicha lo
que he guardado,
el aire que no
pudo salir
duele
en el sitio
del esternón, si
es dicha pura
encerrada
oh pedazo de mí, oh mitad apartada de mí,
si es eso lo que
se quita, por fin
para que ría,
qué alivio tendrá
la dicha afuera,
qué fácil oler
los tilos,
descostillarse,
dejar
secar la tinta.
Lo resaltado pertenece a chico Buarque de Holanda.
De Notas para
una tanza (Gog y Magog, 2012)
El carozo
Y lo que en vano
hice y quise
no cayó a un pozo
ni fue desperdicio; en vano, sí,
por cosa vana,
banal, me digo, juego sólo
de palabra. Antes
bien, más quisiera pero hice y quise
tocar el cielo y
lo he tocado, en vano, en el vano de Su puerta golpeé
y Él me dijo: en
vano tocas ahora lo que no es
todavía, ser o
estar, la ambigüedad
en el nombre y en
lo que no supe ahondar: ah, del carozo,
hincar el diente
hasta romperlo y entonces, sí, subir,
subir lejísimo
allá a lo alto
y conceder
lo que se hizo,
lo que se ha mordido en vano.
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