jueves, 17 de noviembre de 2016

Jorge Rivelli


Jorge Rivelli (Buenos Aires), Rivelli Barfly. 100 poemas para 100 metros mariposa, La Carta de Oliver, Buenos Aires, 2016.

























poema 2

barbukowski en pasaje de la piedad
y bartolomé mitre
ocho y cuarto de la noche
ocupo una mesa en el centro del salón
una pizarra en la puerta dice hoy mariscos
hay mariscos
pido mariscos
como mariscos
llega el mozo con una botella de vodka
me pregunta si soy judío
le digo por el aspecto físico exterior
además a simple vista no se ve
pero tengo hecha la circuncisión
y que todo esto no me molesta
pero no soy judío
una dama se sienta en mi mesa
dice que nos conocemos
del encuentro casual en el baño
de la casa de un amigo en común
cuando festejaba el bloomday
el problema con los baños
es que me confundo
o voy distraído
o aparece siempre una mujer
cuando estoy yo
una vez entraron
mientras orinaba
las miré y
doblé la boca
la lengua y
las palabras
es un boludo
dijeron
en la segunda mesa del bar
del lado de la pared
se sienta una viuda bizca
que esconde el ojo malo
en la copia de hopper
que cuelga a su lado
tiene la costumbre de describir en voz alta
todos los rincones del lugar
y las características de cada cliente
siempre sola toma bourbon y fuma puros
completan el panorama
dos jóvenes rockeros arrimados a la barra
que toman cerveza negra y hablan
con escasa destreza
de música músicos poetas y fútbol
va cerrando lentamente
otro aniversario de la muerte del viejo
y como un judío errante
pago la consumición que compartí
con mi vecina de baño y
viajamos al fondo de la noche 












poema 87

juego al ajedrez
con la sombra
de lev polugaievski
escribo la partida
e4 c5
defensa siciliana
caballo f3 e6
variantepaulsen
la camisa blanca
manchada
con papel
carbónico
es miércoles
misa papal
la soledad
se compone
de sombras
vasos&
tabaco
la nitidez
del espejo
refleja la silla
de mi rival
cuántas horas
de abandono van
el reino del pez
la receta del seconal
el olor almendra
cianuro savia meridional
dios se acostumbró
a robarme cigarrillos
ruego por los pecadores
en la cocina
me como la hostia
bebo una copa
de mistela
d4 cxd4
monótonos movimientos
de una apertura predecible
y una soledad velada












 poema 92

corre calígula
por diagonal norte
esquivando
noticieros
en plaza de mayo
lo espera virgilio
para partir
al palacio barolo
recorrer
todas sus plantas
hasta la azotea
y esperar la luna
calígula
entra a la catedral
dos padre nuestro
tres ave maría
+ la hostia
en la lengua
el río
se tiñe de azul
y crece
hasta confundirse
con el cielo
del verano
y calígula
vuela o nada
en el cementerio
con la mirada
abrochada
a los laureles
del dante
y su divina
comedia
que los sigue
como una nube
por toda
la ciudad



































miércoles, 16 de noviembre de 2016

Hugo Luna


Hugo Luna (Entre Ríos), Antes del pájaro después del pájaro, Ediciones Fantomas, Concepción del Uruguay, 2016.
















Con solo el reflejo



Me he cruzado en la vida tantas veces
de piernas y con minifaldas
de calle para evitar verte
Me he cruzado de planeta
con solo el reflejo de unos ojos
Me he cruzado en genes enemigos
hasta enamorarme de la carroña y de la sed
Es menester mantener movimiento
asimilando el curso de los días
la insensatez del viento
el piecito nervioso con el ruido musical
No se cruza el río del arrepentimiento
con la débil brazada de la voluntad
Los sacos cruzados se dejaron abandonados
en un perchero sin imaginación
pero cruzamos los dedos en señal
 
de haber encontrado la fe
en la uña esotérica ingenuamente pintada de azul












Un enanito y otro



El enanito que duerme en el jardín
es bueno
pero el que duerme en tu interior
es, cuanto menos,  delicado
El enanito del jardín no dimensiona
 
su lugar de poder
Tiene todas las flores a su merced
y los movimientos de la luz
y las palabras que se echan sobre el césped
y las inquietudes del caracol
Su corazón de cemento es más blando
que el tuyo
late dentro del silencio propio del jardín
De su barba blanca aprenden las nubes
de su gorro rojo depende el fuego
en todas sus variables
Por todo al enanito del jardín
le cuesta espejarse en tu enanito
Tendrás que hacer un esfuerzo
tendrás que trabajar mucho
tendrás que permitirte mirar con otros ojos
No me gusta dar consejos, pero
 
arrima una piedra, escribe en ella
arrójala lejos
en algún solitario desierto, lo tuyo
no es el jardín













La punta del hilo


Poetas vencidos por un plato de arroz
se congregan en torno a mesas de debate
vendidos al mejor postor
al mejor pastor
Aunque los más juntamos piedras
para arrojarlas al escaparate
algunos como yo ni somos poetas
Y para saber qué
recuerdo la manera en que mi abuela
enhebraba la aguja de coser
mojando la punta del hilo con los labios
haciendo obedecer a la pequeña trama
deshilada
por el tirón
Se puede reparar el desgarro fino
la pelusita ínfima, antes que la arrastre
el viento? La Vieja
era sabia y cuando ya no veía me decía
“m'hijo enhebre usted” era el rédito
de conocer el proceso –con perdón
de la palabra–
Al medio día comíamos un arroz blanco
aprovechando la buena luz de la ante siesta
El cereal se encendía en el plato
dejando ver lo íntimo de su relación
con el lenguaje












Va a venir

Ya va a venir el día, ponte el cuerpo – César Vallejo

En la enmarañada lagaña
lejos de la luz que fuera
dentro del sol que todos
Conocemos
Como lo hace en el litoral
mansamente sobre el río
En las casas de ventanas abiertas
y de puertas sin cerrojos
y de sillas siempre dispuestas
va a venir el día la noche ineludible
Para los que duermen en las camas
anchas del confort
para los que sobre cartones
con el acolchado del cielo
con la tibieza de las estrellas
con la helada esperanza del amanecer
ya va a venir el día, ponte
el sombrero ancho que usaba Vincent
silba como lo hacía Traveler
endereza esos clavos
que si no viniera seguiremos
ciegos en la bruma
adivinando el eco de los huesos
arrojando piedras al mar
como si fueran botellas con mensajes
dentro
























martes, 15 de noviembre de 2016

Fernando Gabriel Caniza


Fernando Gabriel Caniza (CABA), A nadie le importa, La Gran Nilson, Buenos Aires, 2016.




























Ficciones 

La nostalgia confunde                 
distorsiona eso que evoca.
Fantasmas de galera
con tono imperativo reclaman
faena de oraciones
cacerolas batientes
restauración del mando.
Su-realidad vencedora
ejerce sin límites
en terreno apropiado
legiones poseedoras
con sus cucardas
espantan a la plebe
dispersan efluvios
sobre avenida Santa Fe
para que vuelva a convertirse
desde plaza San Martín
hasta La Rural, en una carretera
de sentido único
con su mano invisible
de orden y progreso.












El grito infinito 

No avanzar, stop,
un alto en la huella
el mundo se detiene
al menos un rato
Caminabas hipersensible sobre puente Alsina,
en color sepia, inescrutable,
una silueta de otro siglo.

Tu imaginación se puebla
de gritos y de sombras
salidos de cavernas
nervios crujen, se resienten
un deja vú interminable.

Pájaros traen en sus plumas verdades enlatadas
para supermercados
Sin moverse, a pesar de la
penumbra de sus aguas, se avizora Riachuelo fundido en metales
sobras del gatillo fácil.

Estruendo mudo
se apodera de tu sistema. Pronto tu cabeza será
un sonajero para niños, recuerdo de compañeros anomalía de la memoria.
Lo que resuena en
brumas agitadas es
frío inyectado en los huesos.













Ovejas eléctricas 

Agitación en serie
cada noche de vigilia
entre plegarias, sentidos
de un barrio al sur.
En un instante desaparece la calma pedazos de cristales quejidos de sirena nos arrullan gatos en celo
disparados en coro, reavivan sueños muy oscuros.

Despertamos sin 
regresar al profundo azul
hay quienes eligen
enfocarse en alertas
salir y ver qué pasa
mientras el resto permanece encerrado detrás de las cortinas
sueñan con ovejas eléctricas

entre bloques de cemento.