viernes, 13 de noviembre de 2015

Marta Ortiz






Marta Ortiz (Rosario, Santa Fe), Casa de viento, Alción, Córdoba, 2015.
























Umbral


I

A tientas lo atravieso: umbral de olvido al cascarón desierto.

Grumos escuálidos / arena / en el cuenco de mi mano.

Solfeo de tablillas desmenuzadas:
bajo continuo / debajo de mis pies
a ras de agua /  a ras de pozo.

Sopla un viento lunar dobla / los pasillos de la noche.
Silencio de telaraña.
Hilachas,
la cortina de cretona floreada
piezamaster de mi madre al pedal de la Singer.

Sin parpadeos absorto / en el recorte irregular
–astillas de vidrio esmerilado–
resiste
el rumor sepia del paisaje / hasta secarme los ojos.


II

Nítidas
las florecitas rehílan blanco el patio de ladrillos,
su antigua nevisca de ciruelo en primavera.

Pétalos de cerezo caen: / ¿es belleza o ilusión?*

Cifra de infancia y juventud,
gotea  / el árbol
la breve vía láctea
cubre el piso.


* Saigyo (Kioto, Japón, 1118-1190).










Cruzo descalza la huerta familiar

sube una luz de noche y humo

brillan /tropiezan
mis pies de niña
cacareos
gallinas desveladas
bajo cielo espeso de glicinas.

Vaga solitaria la sombra del sembrador
–la cara enmascarada–
cosecha calabazas
sacude follajes como sábanas

–pero no se puede tocar a los muertos–.

Salta sin embargo una moneda
de su mano a la mía
revive la ruta del deseo:

el palito helado Laponia
hacía agua en mi boca:

la antigua dulzura
disuelve frutillas.









Violeta africana

                                                                    para Cande


Por eso quedó / quedé allí,
en el macetero con flores pintadas

anidando el hueco propicio
entre tus objetos cotidianos
como si no supiese que soy tu más antigua costumbre

–primer recuerdo que de tan próximo se olvida entre los primeros–

y aún así se pierde / me pierdo
en los pliegues de la seda,
mucho antes ceñido el moño a la mujer translúcida
que llevo cosida a mi espalda

piedra lunar
alfa       omega
mi genealogía muerde tu geología

subsumida
respiro tu nuevo hábitat:

el violeta intenso de las flores pequeñas.









Frases desiertas


Dije,
entre otras frases desiertas:
no permitas que tu jardín se seque.

(Recuperar las rositas rococó
la mata de lavandas
los agapantos
el malvón)

Una picardía el abandono:
pasto crecido
hormigas al rayo de sol.

Abrí la canilla
conectada a la manguera

en realidad
yo quería reverdecer tu historia
regar tus manías
tu inapetencia
tu desgano.

Que se escurrieran con el agua.









Dimensiones


Incluso comenté un tópico que afinaba la Física:
las dimensiones
no las cuatro conocidas
otras, por lo menos hay diez,
lo dijo un físico en televisión
invocaba la no menos lúcida teoría de las cuerdas
aunque quizá fueran once dimensiones
no retuve el dato preciso.

Quién sabe
–arriesgué– 
ahora mismo una mujer agoniza
en un cuarto idéntico a éste
a escasos centímetros de tu cama
tu misma cama pero otra,
–aventuremos–
otra dimensión podría caber en el espesor de un papel
de gramaje suficiente, quizá granulado
o en el espacio que ocupa el volumen de un corcho
y cabría allí, comprimido
–tal vez–
el prodigio del universo paralelo
donde una mujer agoniza
y otra a su lado le habla incansable de la física:
existen diez dimensiones,
quién sabe si no once…




























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