miércoles, 12 de febrero de 2014

D. H. Lawrence (versión de Carmen Vasco)



D. H. Lawrence, Uvas y otros poemas, selección, traducción y prólogo de Carmen Vasco, Ediciones del Dock, 2013.














El deseo ha muerto

El deseo puede haber muerto
pero un hombre sigue siendo
el lugar de encuentro del sol y de la lluvia,
la maravilla siempre embosca al dolor
como en un árbol de invierno.



Desire is dead

Desire may be dead
and still a man can be
a meeting place for sun and rain,
wonder outwaiting pain
as in a wintry tree.








Fuego

Atesoramos el fuego más que el amor o la comida,
caliente, vertiginoso, pero arde si lo tocas.

No deberíamos
juntar nuestro amor, o nuestra benevolencia, ni nada de eso,
porque seguro obtendríamos muchísimas mentiras,
sino nuestro fuego, nuestro fuego elemental
para que llameante al espacio vacío se lance como un falo
y fecunde el cenit y el nadir
y arroje infinitas chispas de átomos nuevos
y nos achicharre, y deje la casa hecha cenizas. 



Fire

Fire is dearer to us than love or food, 
hot, hurrying, yet it burns if you touch it.
What we ought to do
is not to add our love together, or our good-will, or any of that,
for we're sure to bring in a lot of lies,
but our fire, our elemental fire
so that it rushes up in a huge blaze like a phallus into hollow space
and fecundates the zenit ant the nadir
and sends off millions of sparks of new atoms
and singes us, and burns the house down.








Nada que guardar

No hay nada que guardar, ya todo está perdido
salvo un pequeño núcleo de quietud en el corazón
como el ojo de una violeta. 



Nothing to save

There is nothing to save, now all is lost,
but a tiny core of stillness in the heart
like the eye of a violet.













Mario Ortiz


Mario Ortiz (Bahía Blanca, pcia. de Buenos Aires), Tratado de fitolingüística. Cuadernos de Lengua y Literatura VII, "Segunda parte", fragmento, en Cuadernos de Lengua y Literatura V, VI y VII, Eterna Cadencia, 2013.














   Ese yuyo no era diferente ni indiferente.
   ¿Había cumplido su ciclo o lo había exterminado la falta de agua? Me refiero, claro está, a la falta de agua que cae en las tormentas, porque nadie en su sano juicio desenrolla una manguera y produce una lluvia con la punta de su dedo solo para regar yuyos.
   ¿Qué nombre tendría esa planta?
   Tenía que investigar sus propiedades, sus nombres, sus efectos sobre las palabras.
   Tal cual.
   El yuyo es lo que casi por definición no requiere cuidados. Otras plantas que resultan apreciadas por el hombre porque producen alimentos o belleza necesitan una cantidad de atenciones casi sin límite. A ninguna le puede faltar su dosis de humedad. Unas deben ser apuntaladas y sujetas con hilos a cañas o ramas que les sirven de tutores, como los tomates y las chauchas. Otras necesitan soportes más vigorosos, como las parras, las enamoradas del muro o las hiedras. A muchas hay que fumigarlas contra plagas repentinas, arañuelas, hongos, hormigas negras. Hay flores delicadísimas que no resisten el sol (las buenas noches o la pata de buey), que de día se marchitan y al atardecer reviven; otras, por el contrario, solo se abren con abundante luminosidad desde la mañana.
   Muchas veces ni siquiera esto es suficiente; a pesar de todos los cuidados, los frutales suelen quedar estériles por heladas muy tempranas. Las hojas de las parras se deforman por una extraña enfermedad que les produce abultamientos con forma de verruga. Las hojas de los zapallos se resecan en los bordes y se cubren de una pátina blancuzca. Tampoco es extraño levantarse una mañana y encontrar solamente los brotes pelados de las acelgas comidas por los bichos moro en una sola noche.
   El yuyo no necesita absolutamente nada. O si lo precisa, no le prestamos atención.
   Aparece tanto como desaparece. Y si aparece en una quinta o en un jardín, hay que arrancarlo.
   Es aquello que para el hombre carece de sentido.
   Es lo insignificante.
   Las mismas palabras con que genéricamente se designa a todo este vasto sector del reino vegetal son bastantes explícitas. "Yuyo", leo en una enciclopedia, viene del quechua "yuyu". Este nombre, a pesar de todo, otorga cierto valor a esas plantas, porque hay té de yuyos, o yuyos para el amor. En este aspecto, el término aborigen se asocia con el más neutro y castizo "hierba". En cambio, la palabra "maleza" no deja dudas. Proviene del latín malitia, y refiere a lo malo. Es el equivalente vegetal del bicho. Casi se diría que no tienen nombre, o uno muy genérico e impreciso que se contenta con dar cierta forma a lo que se considera sin forma, ámbito de lo indeterminado e indeseable.
   Hay rosas, hay zapallos, y hay malezas.
   Hay abejas, hay mariposas, y hay bichos.

   Acaso sea cierto. La maleza es lo que no se desea.
   Y sin embargo se multiplica desaforadamente.
   Aparece sin que la hayamos sembrado. Se nos da sin que la hayamos pedido.

   Los yuyos y los bichos están del lado del don.

   En algún momento determinado, Nelson pronunció la palabra "acelga"; entonces fue hasta el fondo del patio con un paquetito de semillas y semanas más tarde apareció la planta. Luego, en el centro del plato, al cortar un canelón con salsa blanca, se asomó entre las espirales del panqueque aquello mismo que había dicho, cocido, triturado y mezclado con un poco de carne picada para el relleno.
   Ahora en su plato ya no tiene más una acelga previamente nombrada: no solo en la clínica falta espacio para la quinta, sino que las palabras que acaso pronuncia han perdido su conexión con la tierra, con las cosas y con las personas.
   Los yuyos aparecen sin que los hayamos sembrado.
   Aparecen sin que los hayamos nombrado.
   Entonces, posiblemente no demandan riego, ni tutores, ni plaguicidas: lo que necesitan son palabras, y si no las encuentran tratan de producirlas. Esta es una posible explicación.
   Los tallos resecos y desordenados de la esquina debían tener algún nombre además de yuyo, pero yo en aquel momento lo desconocía. Esa mata era anterior a mi lenguaje; no tenía qué decir ni cómo porque yo estaba discapacitado. En estas condiciones, nos cruzamos fugazmente a lo largo de los primeros días, hasta que poco a poco esa planta empezó a actuar en mi sistema nervioso generando sus primeros efectos aquella mañana junto a la pava.
   Lentamente, a lo largo de varias semanas, fue restableciendo algunas conexiones entre las palabras y las cosas.
   Tentativamente.
   Todo debía recomenzar del modo más humilde, como el que comienza a caminar de nuevo después de un accidente; como el niño que balbucea las primeras palabras.
   Rosa
                                    Abeja
               Nelson
                                               Zapallo
   Plantita

               Mariposa



   Así,

             de este modo.




















jueves, 6 de febrero de 2014

John Keats (versión de Ana Bravo/Javier Adúriz)



John Keats, La poesía de la tierra (Odas y sonetos), reed., selección, traducción y versiones de Ana Bravo y Javier Adúriz, Ediciones del Dock, 2013. 















Cuando tengo miedo

Cuando tengo miedo de dejar de ser, antes
de que mi pluma espigue el bullir de mi mente,
antes de que altas pilas de libros guarden
el grano maduro en su letra, como ricos graneros;

cuando veo en el rostro estrellado de la noche
altos símbolos nubosos de una historia sublime
y pienso que puedo no vivir más para rastrear
sus sombras, con la mano mágica del azar,

y cuando siento, hermosa criatura efímera,
que nunca más podré mirarte, que nunca más
disfrutaré el mágico poder del amor
impulsivo; entonces, en la costa

del ancho mundo me quedo solo y pienso
hasta que amor y fama se hunden en la nada.







When I have fears

When I have fears that I may cease to be
before my pen has glean'd my teeming brain,
before high-piled books, in charactery,
hold like rich garners the full ripen'd grain;

when I behold, upon the night's starr'd face,
huge cloudy symbols of a high romance,
and think I may never live to trace
their shadows, with the magic hand of chance;

and when I feel, fair creature of an hour,
that I shall never look upon thee more,
never have relish in the faery power
of unreflecting love; —then on the shore

of the wide world I stand alone, and think
till love and fame to nothingness do sink.


















Paz Busquet



Paz Busquet (Buenos Aires), en Herrero/Litvinova/Castignani/Busquet, Marisma I, Lisboa, 2013.


Muñecas


II
Mojada, recién salida de mí
ella no seca
y falta.
Las paredes se corren
de izquierda a derecha
garganta
tus aguas no son nuevas
pero nunca las mismas.



XI
Hermosa
sueño con mujeres.
Cada noche las pido
y tengo miedo de volver
y que no haya nada más
que hombres.




XIII
Linda
abrazada a tu espalda
muerdo tus pechos
de tierra
me gusta que no seas
toda débil.





Marcelo Daniel Díaz



Marcelo Daniel Díaz (Córdoba), La sombrilla de Wittgenstein, Colectivo Semilla, 2013. 















1-.

Wittgenstein acertando en cada paso
                        caminando descalzo
                        aceptando sus huellas

Wittgenstein inventando palabras
                        justificando el instante
                        llamando la atención

Wittgenstein desenrollando la lengua
                        diciendo una y otra vez
                        lápiz japonés lápiz japonés


2-.

Wittgenstein rascándose la cabeza
                        adivinando el sentido: hoy
                        el calor está más fuerte

Wittgenstein poniéndose crema
                        apretando las encías
                        acariciando espaldas

Wittgenstein privándose de sus zapatos
                        con sandalias en mano
                        apuntando hacia la mar