lunes, 14 de septiembre de 2015

Pablo Queralt



Pablo Queralt (Buenos Aires), Ser y ser visto, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015.






















Se derrite la ciudad como un chupetín continuo como siempre
hasta donde mis sentidos llegan
tan oscuro este mundo de lo bueno y lo malo a través de su
sangre
esta entrando en mí
donde ellos ven el pique de la pelota nosotros vemos belleza
la suela que avanza sobre su cielo bufandas al viento
me gusta caminar en medio de la noche de cama en cama
siguiendo
ese ruidito suave sigiloso que la muerte busca
dar un paso más en su profundidad
cerrar una ventana mear sacarme el sueño
y despertar en un eco de lo que el miedo destruye
la vergüenza es mi camino
murmuro mi deseo
esas son mis alas.












Emulsionados embriagados en ese exceso de amor bombeados
por su sangre pisando nubes en el día amarillo latiendo nuestra
propia vida
que encuentra su luz de estrógenos y testosterona


formas que se me escapan de las fotos que guardé y ya no son
nada como olas que salpican las nubes en esa baranda me
siento a mirar donde comencé a ser un extraño.












En ese aire de ir hasta el puente para sentir pasar los autos
bajos los pies
su murmullo que golpea para que la muerte sea lejana como
un viento borrando el tiempo el amarillo que dibuja su retirada
y alza la alegría
de olvido solo para mirar lo que veo.












Una vez en la vida acaricio el vacío las palabras en el rumiar la
voz y dejarme llevar en esa sinestesia de silencio rezado en esa
nada en que todo vuelve a la sinapsis de su limo.


























sábado, 12 de septiembre de 2015

Giovanna Recchia



Giovanna Recchia (Chubut), Sed, Espacio Hudson, Lago Puelo, 2015.


























(mudez)

Colores se desplazan
mareo del minuto en que llega la palabra
La forma de la duda
es un monstruo que se alza
sin rostro que nombrar
sin sombra
noche que le toma el cuerpo desmedido
y se abre
se estrella
se mutila

trizado el poema
fragmentos de la lengua
acobardada











Atardece
y no es posible
huir más cerca
ni más lejos
¿Quién dijo que a la vida
se va por este atajo?
 












(señal)

En el reverso de la tarde se instala
el levísimo indicio
de una hoja caída
hacia el poniente
Paradoja de otoño
que señala
dónde la vida
promete
 














(vuelos)

Cielo que en silencio se esfuma de las palmas
grietas que se leen en el destino
hado sin nombre
hijos
profundas acequias de piel
que laten
prensiles secretos
que  florecen
noche en la caricia
ausente
pero cierta
 















miércoles, 9 de septiembre de 2015

Cristian Riccieri




Cristian Riccieri (Buenos Aires), La pata de un pajarito, Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2014. 

Colaboración de Jorge Santkovsky.







 














Los días han desmayado,

ha llegado el tiempo
de que los ojos vuelvan
la espalda al mundo.
Viajo a través del silencio
que ignora la palabra.
He olvidado algo,
he devorado algo dentro de mí
que me lo impide.




 










Niños-monstruos

Hacer un poema de la infancia
no es ordenar una palabra acá
y otra allá, es haberse destacado
en la galería de terror del barrio,
declarar un amor ante el círculo sarcástico,
es haber puesto el cuerpo y el alma que no espira,
es haber sufrido la complicidad de mediocres e idiotas,
es haber notado que se escapa la tortuga con tu nombre
ante la disciplinada fila escolar.
Encantadores niños-monstruos,
tan condenados, tan abominables
que la muerte muere en ella misma
para no trabajar con ellos.

 














Volví al antiguo rito:

Junté las palmas de mis manos
y las ahuequé tratando de formar una cueva.
En el espacio que distaba entre ambas,
apoyé mi oreja y escuché grabaciones
incesantes del mar escaparse de mis manos.