Algo de la poesía publicada recientemente en la Argentina.
viernes, 22 de abril de 2016
Juan Ignacio González
Juan Ignacio González (Adrogué/CABA), En reposeras, descalzos, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015.
1
Tarde de otoño,
la luz justa.
3
Siempre buscando nueces,
las llevaba en sus bolsillos
pero jamás las comía,
usaba la cáscara,
la ponía en agua
a veces
en baldes, en fuentes, o piletas.
Y soplaba…
fuerte
sus barcos navegaban
por los mares
más
maravillosos.
38
Como río que se va
movimiento queda…
miércoles, 20 de abril de 2016
Loreley El Jaber
Loreley El Jaber (Buenos Aires), La espesura, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2016.
A veces me detengo
en aquella foto vieja
que retrata la que una vez fui
Me veo riendo sobre la arena caliente
me veo satisfecha, frente a un futuro inmenso
y deseo esa mujer
que ya no
y me extraño
Estoy anclada en un mar
de profunda espesura
intento remar
me detengo en la consistencia
de esa agua sin luz
y entiendo que mi destino
no está en el avance ni en el movimiento
ni siquiera en la persistencia
sino en esa espesura
repleta de pliegues que me convoca
a través del tiempo
En estos días
no dejo de aprender
la insondable precariedad de las cosas
Tengo un hijo
y ahora
aterrada
pienso la muerte
Bajo los párpados
me dejo caer en la silla
y lloro la verdad de saberme
en algún momento de sus días
ausente
Como quien se entrega a un amor desahuciado
así se sube al bote para andar el río
A medida que rema
concentrada en los detalles del agua
siente
que el río la absorbe
que hay una fuerza ahí
que quisiera tragar con furia
deshacer ese ritmo acompasado
romper esa potencia que ella desea
pero no tiene
Los que la conocen saben
que su historia final no se debió a un descuido
y no se explican esa imagen última
el ímpetu de la mujer desgarbada
aquélla de los cabellos negros
abandonando el bote a mitad de camino
y ofreciendo
como en un rezo antiguo
su cara
su cabeza
su cuerpo
al río
Quien haya sobrevivido
al desborde de la lluvia
sabe
que se puede respirar en el agua
viernes, 8 de abril de 2016
Laura López Morales
Laura López Morales (Córdoba), También afuera es todo esto, Llanto de mudo, Córdoba, 2014.
algo de necesidad primera
hay bajo alguna
de todas estas piedras
golpea
la terca inocencia de las bestias
el cuarzo del buen tiempo
lo que se desmorona
lo que también funda
si todo existe para ser asumido
aquí debo elegir
entre el derrumbe
y sus atajos
porque también
lo que no está
hace aquí su casa
su retrato preferido
su leña para el fuego
de a una junta las migas del mantel
hace pan de los restos
juega a ser el cuchillo
la rodaja
con el calor
florecen las camas en el patio
blancas
desiguales
una constelación secreta
bajo mil novecientas estrellas
contarlas
es ir entrando en la ofrenda blanda
de los grillos de lejos
en la luz diminuta
del espiral encendido
en la casa al fondo
sola
extraña
con los ojos abiertos
solté el animal del fondo
lo dejé morder las sombras
las sinuosidades de lo no trazado
marqué para él
un punto
un centro
pero no
el animal sigue desnudo
y sin nombre
escarba
espera
así me mira
desposeído
como si también naciera
jueves, 7 de abril de 2016
Bárbara Belloc
Bárbara Belloc (CABA), Canódromo, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015.
3
Fogatas para combatir el frío y la intemperie, cocinar, festejar el
lugar recuperado y vuelto a poblar; fuegos que señalan dónde
se ha perdido la batalla y quedan cuerpos dando coletazos
como peces fuera del agua, como poemas que fueron escritos
y destruidos, quemados, un día inhóspito o dichoso ¿qué
sabemos? ¿Qué sabemos de esa quema, que fue copiosa
y dio luz y calor suficiente hasta que se encendiera el nuevo
amanecer, que en comparación se veía anémico?
Poemas como cometas con su cabellera desplegada aun si
su núcleo está extinto, porque así son los poemas, que rasgan
el cielo y las vidas en dos. Luces sin sombra en la tierra. Un
esqueleto expuesto a los elementos. Océano sólido. Sin brillo.
La veta mineral y adentro la gema suculenta y virgen, sin tasar,
guardada en su capuchón de berilo y cromo por miles y miles
de años, como la nuez antes de nacer, la que no es para comer.
En carne viva, en silencio.
En el más absoluto silencio, poemas: los peligros del bosque.
Y lianas, donde no hay palabras, como fogatas, fuegos. Como
la rosa de los vientos fraguada en plata con forma de Cruz del
Sur, llamada de Agadez, que los padres tuareg dan a sus hijos
“porque no se sabe adonde iremos a morir”, antes de salir al
desierto a seguir las rutas como los perros el rastro, a lomo de
camello. Porque el fuego devora la vida del aire y el aire vive del
cuerpo vivo que lo devora.
Lianas porque no hay palabras porque hay poemas.
7
La primera comunidad cristiana organizada, en el siglo I, fue
la de Egipto, y la iglesia de Alejandría aventajó a la de Roma,
extendiendo la influencia de la nueva fe entre los bárbaros y los
celosos clanes del cercano oriente hasta la distante Antioquía,
ciudad portuaria cuyo trazado replicaba el plano original de
Alejandría, cuna del perro continuo y rival de Atenas, cuna
del cinismo que Antístenes impartía en un gimnasio conocido
como Cynosarges, nombre que significa “perro blanco” o
“perro veloz”, en un círculo de vacío perfecto perfectamente
completo; como en una cacería.
Era una carrera desenfrenada.
Tan solo un siglo más adelante, Panteno, su seguidor Clemente
y el poeta Orígenes ya habían establecido allí un centro de
irradiación teológica perseverante y sutil como el Khamsin, un
viento que sopla en paralelo al Zonda: una corriente cálida,
turbadora, envolvente.
Las hordas nativas de hombres menudos, de piel oscura y
áspera e idiomas guturales que habitaban ciudades, pueblos
y campamentos en construcción y destrucción permanente, y
los viajantes marítimos, esclavos de los esclavos de las sedes
28
imperiales, todos ellos homúnculos o casi animales por no
haber sido iniciados todavía, eran persuadidos en masa con el
minucioso tramado de tapiz de fiestas, conjuros y terrores para
asumir un nuevo orden de la carne, y con ello del espíritu, como
hombres–perros detrás de una jugosa pata de cordero o un
amo más protector, más poderoso, un rey de reyes.
*
Cristóbal de Licia, mártir del siglo III y santo patrono de los
viajeros y el granizo, habría sido bautizado en la magnífica
ciudad de Alejandro.
Habría nacido en África del norte, en los territorios móviles del
Tamazgha o en la Media Luna fértil, primogénito y gigante.
Y habría sido un cynocéfalo (con cabeza y rasgos físicos de
perro) o de alguna de esas subespecies, a causa del prodigio
natural tan frecuente en esas regiones o en castigo por su
belleza lobuna, encarnada en una figura de hombre enorme,
de suavidad salvaje y brutalidad semisalvaje, tentadora para
los ejemplares del otro sexo y las aguas femeninas de los ríos
que él cruzaba mordiendo el aire, los remansos tramposos que
olfateaba mientras cargaba a los creyentes, uno por uno, a
través del tamiz del río.
Hasta que se presentó en la orilla el propio Cristo infante,
aseguran las versiones no canónicas, el peso más pesado,
inamovible, quizás el lastre espiritual definitivo.
Entonces Cristóbal, además de perro, monstruo y hombre, fue
héroe.
Pero como nada es eterno, las tierras que habían estado por
los siglos de los siglos apartadas de Dios pronto volverían a
estarlo.
Y los perros, a pasar hambre.
miércoles, 6 de abril de 2016
Fernando Callero
Fernando Callero (Entre Ríos), 2, Colección Dos Poemas, Ediciones Arroyo, 2016.
Una cacería rápida
En ayunas salgo a ver amanecer
todavía están prendidas las luces del Centro
Armo un bigote rubio de tabaco y fumo
contra el aire frío
Los pastos congelados, el tanque de oxígeno
Las cabañas familiares alineadas
contra el cerco de pinos negros
Pasa un ordenanza, saluda: buen día
está muy desabrigado
Se apagan las luces y se abre el resplandor
Dos calandrias gordas picotean desechos
mi nervio adormecido. Toda la noche
de un tirón soñando con un hombre
que me quiere vender matas perfumadas
para ahuyentar los mosquitos
cuando arrimo la nariz, se desperezan
Son animales extraños
que hay que domesticar
Yo los rechazo, son mamíferos
no sabría qué hacer con ellos
Serviles la leche temprano
para que no se vuelvan locos
y empiecen a destruir con sus hocicos
la tranquilidad
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




