domingo, 11 de julio de 2021

Mónica Rosenblum

 


Mónica Rosenblum
(La Paz, Bolivia, 1960 / vive en Buenos Aires)

El mecanismo, Bahía Blanca, Hemisferio Derecho, 2021.
















borrar

tachar

corregir

reformular

buscar

el tono

decir

no decirlo

todo

insinuar

sugerir

preguntar

ponerse

en el lugar

dosificar

retener

regular

controlar

administrar

 

 

 

 

 

 

 

querés conocer el mecanismo

qué pasó un segundo antes

por dónde fue

que entró esa luz

qué camino exacto

hizo la Gracia

 

 

 

 

 

 

 

la Gracia

su plural

el sonido de las hojas

cuando el viento las arenga

su canción

la gratuidad

de esa presencia

 

 

 

 

 

 

 

querés conocer el mecanismo

cuáles fueron los últimos gestos

qué se dijo exactamente

dónde estaban las manos apoyadas

quién supo

 

 

 

 

 

 

 

no renunciás

querés conocer el mecanismo

¿quién empezó?

¿por qué?

¿son esas las preguntas?

¿realmente empieza ahí

donde alguien empezó?

¿cuál es el principio?

 

querés conocer el mecanismo

lo principal

lo príncipe

lo princesa

 

princesas

ahogadas

en los lagos

lágrimas

ancestrales

querés saber lo principal

 

 

 

 

 

 


querés conocer el mecanismo

se dice:

no es momento

para esas declaraciones

se dice:

ahora no

 

alguien habla

rompe con cincel

las sólidas

paredes

del silencio

se muestra

y se demuestra

por instantes

lo que estaba destinado

a la mudez

lo que fue

al olvido reenviado

y lo vemos

lo atisbamos

lo rozamos

y tan rápido

es precipitado

de nuevo

a ese lugar

tan fugaz

es la visión

que la noción

no alcanza a echar raíces

ni el asombro alcanza a anclarse

y se disuelve una vez más

y el pobre mensajero

ya sabemos

ya sabemos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


martes, 6 de julio de 2021

Horacio Maez

 

Horacio Maez
(Buenos Aires, 1969 / vive en Ituzaingó)

Pequeños rastros que se alejan, Buenos Aires, Kintsugi, 2021.



















Sólo su índice apoya, baja

 

y suave, el arco frota.

Sigue el movimiento

que las piernas acompañan,

es un adagio de frases cortas

 

unos segundos y ahora

 

el arco abandona las cuerdas, abre

un silencio de últimas notas

pequeños rastros que se alejan.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tensa una cuerda para afinarla

 

es una búsqueda en el caos,

me dice Raúl, es ir al temple

donde dos o más notas

suenen nítidas, una sola voz

un sonido primordial que desmienta

lo confuso, un acto de realización.

 

 

 

 

 

 

 

 

Apoyo la tabla y veo

 

la veta que se ofrece.

Estiro el barniz a favor

haciendo que la mano

se aleje del cuerpo

obligando a proteger

para ver mejor, para que muestre

cada detalle, cada instante sano de alerce,

equilibrio del tiempo pasado.

 

 

 

 

 

 

 

 

Se dio así, apareció en el manto de la Virgen

 

un penacho largo, tres pétalos blancos

que delgados y frágiles soportaron la lluvia

y hoy buscan pacientes el sol que les dé abrigo

mientras voy a buscar el barniz, la capa protectora

que cuide este chelo sin callarlo.

Este chelo que se lleva de mí, no sólo horas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Las notas menos brillantes

 

no se imponen, vuelan sueltas

dejan que la voz se apoye

sin exigirle nada. Entonces,

toca y canta, agua del río viejo

llevate pronto este llanto lejos.

 

¿Lo ves?, me dice Celina,

de tan unidas parecen

un solo movimiento, simulan cerrarse

y es cuando hay que dejarlas ir

abandonarlas a su fragilidad.

 

 

 










 


domingo, 4 de julio de 2021

Susana Cella

 


Susana Cella
(Buenos Aires)

La fuga del infinito mordido, Buenos Aires, Barnacle, 2021.


















Flojera


Cuando la osamenta pide un reposo, mejor es hacerle el gusto

a la espera de que nos refuerce el paso

Hubieron quemazones, claras noches, soles consecutivos

y la principal estrella con poco brillo y mucho acaso

Anduvimos trechos cortos y encontramos un motivo

como un tallo flaco verde claro y estriado,

eje de azucena o narciso

vara llena de savia fresca

el cuerpo de la flecha

la punta del sentido para esta parva de palabras secas

reticentes a engranarse en un capullo

y malqueriendo enfilados cultivos

inservibles para contentar a los ajetreados huesos

hartos de tanta fatiga.

 

 

 

 

 

 Caridad

 

Algo sigue faltando

No todo el consumado dominio de las artes

puede esconder la infinita sed

del amor todo y punzante

que omnia credit

 

 

 

 

 

Ni fu ni fa sostenido

 

Le alimentaba su fiel con toda ida vuelta y ausencia amenazada

Para siempre nunca iba a quedar un chueco andar de unos meses

promesos tanto como mentidos, equilibrio falso, malentendido

O verdad de lo que tan poco declarado se desespera.

Ahíto de sed, empachado de hambre

mordía un madero y tragaba agua del extremo borde del mar.

 

 

 

 

 

Ala de colibrí

 

Luminando como un recuerdo sumergido

en la superficie del agua, una palabra,

y tal vez su matiz y temblor sea casual,

aunque mucho duela

Pero la ley secuela, la de atrapar

tal vez y tal, ahí arriba y más abajo

nos ordena elegir qué acto, sustancia, o potencial.

 

A lo que respondo:

 

En fachadas anidan rumores y fachada es tanto más o

qué me desafía a desligarla de sustrato esencial o de existir

en cotidiano misterio atorrante

en parpadeantes reflejos que

por entreaguados y entrevistos

signan su presencia carnal

 

Sin bordeos definidos de verbo o sustantivo,

abrigo

el cuerpo dulcemente penetrado por agua limpia.

Y ahí les queden simples seres de podrida flotación

como la de un perro hinchado, ala de colibrí.






Piantar de la noria

 

Cuando hubimos agotado todos los silencios

como dos mendigos en batalla

sin lemas ni armas ni noche ni roce

sin ruido ni furia

te conservé como un estandarte destrozado.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





viernes, 2 de julio de 2021

Eleonora Diez

 

Eleonora Diez
(Buenos Aires, 1976)

Alimento para la fe del cuerpo, Buenos Aires, Halley, 2019.


















Dos anhelos

Vaciarme de ser
humano
dejarme habitar
por la certidumbre de las plantas.

*

Ser piedra
arrojarme al cielo
y partirlo en mil pedazos

acabar con todos los dioses.







A Herman Hesse

Sin autorización
una flor
abre pétalo
            a pétalo
                    el mundo.







Ser tierra

Sabe la tierra
resquebrajarse
pedir agua a gritos
tragar su orgullo su raíz
hasta que los nervios del árbol
arriba
den sombra

me gustaría ser tierra
contener semillas
temblar de sol
cultivar un cuerpo

convertirlo en árbol.







Lo florecido

Crecen dos ramas
del corazón de aquel hombre
¿las ves?
¿o son raíces que salen a tomar aire?
¿o sus lágrimas convertidas en madera?

alguien debería cuidar lo florecido
otra vez.







A Ñuke Mapu

Gracias por el fuego los pantanos
la lluvia de meteoritos
la síntesis del árbol

gracias por el crepúsculo
las guaridas de lémures
la canción de la ballena
por la cascada
el llanto en el eclipse
la noche recién nacida

gracias por el viento
la raíz descubierta
el gran misterio

gracias por la muerte.















sábado, 26 de junio de 2021

Gustavo Tisocco



Gustavo Tisocco
(Mocoretá, 1969 /vive en CABA)
  

Entre ventanas, Villa María, Mascarón de proa, 2020.












Vereda

Ese hombre con frío
busca una mirada
que lo abrigue.







1 B

En esa ventana
siete niños
sietes hijos varones.

La madre amamanta al lobo.







2 B

En esa ventana
un hombre sale a trabajar
su mujer
recién llega de su tarea nocturna.

Un niño
espera una caricia.







3 B

En esa ventana
una abuela haciendo arroz con leche
y ese aroma dulzón,
ese instante.

La infancia viene a visitarme
desde esa ventana. 







4 D

En esa ventana
música de piano.

Todo el verano ahí
donde el milagro
inunda el paisaje
en clave de sol.







5 D

En esa ventana
alguien escribe.

Siempre de noche escribe.

La salvación
a veces
habita en la penumbra.







6 A

En esa ventana
un crucifijo quebrado.

Dios
no resiste las ciudades.







7 A

En esa ventana
el hombre mira un puerto
y en ese puerto su madre
quieta y sola
allá en su tierra.

El hombre no ve
de la ciudad los edificios.
Él guarda en su retina
un niño partiendo,
un país lejano.







8 C

En esa ventana
anida una paloma
adentro
una mujer
festeja la vida.







9 D

En esa ventana
olor a incienso
más fuerte que el incienso.

Adentro a un hombre
                        le crecen alas.







10 D

En esa ventana
la mujer ya no llora
ni denuncia
ni espera.

Sangra.

Cuida que sus hijos
          no escuchen.







11 B

En esa ventana
un hombre se acaricia
suavemente
se acaricia.

El goce
vendrá después.







12 C

En esa ventana 
un espejo
me enfrenta        me refleja.

Todas mis ventanas ahí
todos mis recovecos
mi edificio.







Mi ventana

En esta ventana
yo, el insomne
el desparejo
el mutante
el que a veces solloza
como un sauce allá a lo lejos
que no usa relojes
no cree en testamentos
que no reza
ni predica
tampoco espera ya
ni se alimenta
no sacia su sed.

En esta ventana
yo, el despiadado,
solo espío, solo espío.