martes, 28 de enero de 2014

Fernando G. Toledo





Fernando G. Toledo (Mendoza), Mortal en la noche, Alción, 2013.











Gesto en el universo

La abundancia sideral del mundo allá afuera
No parece bastarme por sí misma: busco
Entre toda esa madeja algo que volcar
En un poema.
Pero un perro se hace oír a lo lejos
Resolviendo antes que yo sus asuntos,
Y pienso en esto que ahora
Voy a poner por escrito:
Un ladrido como un acto reflejo
Contra algo que se mueve en la noche.  





Mortal en la noche

Palpo el hueco que dejó mi cráneo en la almohada
Sin esperanzas de hallar algo especial.
Las horas de insomnio no han madurado
Ningún fruto que merezca la cosecha.
El espejo de enfrente no me alcanza. Noto
Que ni siquiera al respirar hago ruido
Y no hay rastros de sudor sobre las sábanas.
Si he estado, aunque no lo sepa,
Ensayando para morir mejor
Es obvio
Que aprendo rápido.
Sin embargo afuera el mundo,
La época y las supersticiones más altas
Trazan un laberinto que no será
Sencillo resolver. Todo lo que sé
(Un bulto humilde
En el guardarropas de lo real)
La tiene a mi ignorancia sin cuidado.
Pero es un cierto lujo que aún resista,
Incluso en este cuarto donde la Tierra no gira
Y ponga el cuerpo en cada escaramuza:
El cuerpo que ya
Igual doy –no sin pena– por perdido.









lunes, 27 de enero de 2014

Diego Colomba




Diego Colomba (San Nicolás/Rosario), poemas incluidos en Código urbano. Una muestra de la nueva poesía rosarina, compilación de Osvaldo Aguirre, poesiaargentina.com, 2013.












“Cuando el peso del pasado se apoye en la nada”
Mark Strand

Paz en la chacra


Desde abajo del palomar
es fácil tirarle
a las palomas.

Pero no vale
matarlas así.

El rifle
de aire comprimido
se dobla
como una pierna
huesuda
para cargar los balines.

Es pesado.

Podríamos jugar
a sacarnos los ojos.

Si el abuelo
nos ignora
mientras puntea
la quinta...

Igual desistimos.

Que la tibia luz del sol
siga dorando las chapas,
mientras una fuerte fragancia
de tierra, aserrín y estiércol
narcotiza la mañana.

Pero entra la abuela
cojeando al gallinero
y agarra del pescuezo
a la gallina
más desprevenida:

la revolea
como si le diera
cuerda a un reloj
hasta matarla.

Hoy
se come
puchero.



El peso del pasado

El abuelo hurga
un frasco con tuercas,
clavos y tornillos.

De vez en cuando
se queja
de los pinchazos.

Encuentra monedas
de todos los tamaños
que va depositando
en un estante.

Ahora la mano
venosa y manchada
del abuelo
me da dinero
fuera de circulación,
como sus horas.

Bajito,
para que no escuchen
las mujeres de la casa,
me dice:
“andate al quiosco
y traeme cigarros”.

Sandra Escobar Ginés




Sandra Escobar Ginés (Paso del Rey/Buenos Aires), mimamánomemimamás, 2013. 
















Edades imperfectas


Ella no quería el mantel de hule
que se deslizaba y le dejaba ver la fórmica
Entonces su mamá le servía el arroz con manteca y huevo
y la dejaba ver el Zorro hasta que su papá regresara
Nadie llama a la puerta de la casa de los sueños
Y nadie responde por las ilusiones de vinilo
ni por los ruleros de toca
Pero el olor a jazmines
y a rosas del patio de Paso del Rey y los tilos de la calle
y ese novio que no era
Y el río y la bicicleta roja
Y el portón de hierro
Y Facundo que corría por el pasto bajo el pino
Y los asados abajo del aromo que había plantado el abuelo Héctor

                 Las edades de la ilusión sólo agregan más estrellas en el alma







Prehistoria


Se me durmió el sol
Mamá
Y ya no pude ir a verte
Allí recostada en tu paraíso de plástico
Y benzodiace
Se me durmió la voz
Mamá
Y ya no me leés los cuentos orientales
Y yo que ya no puedo verte sollozar
Porque Evita acaba de morir
Se me cayó el dolor
Mamá
Lo encontré mientras guardaba la muñeca
italiana que el tío Antonio me había traído de uno de sus viajes
La misma con la que no se podía jugar porque se ensuciaba
Y la guardabas como a todos mis juguetes
En impolutas bolsitas polietilénicas
¿Te acordás mamá
Que me enseñabas a leer en la cocina
Mientras vos planchabas
Y yo, sentada en el piso, juntaba las letras de molde
De mi alfabeto gigante?

m-a-m-a
se me perdieron todas las letras en tu nombre









Leopoldo "Teuco" Castilla



Leopoldo "Teuco" Castilla (Salta), Teorema natural, reedición, Hilos editora, 2013.
















El agua

 

                                          A Salvador Garmendia



Hagamos de cuenta
que yo no sé que la lluvia

sólo ocurre en la palabra lluvia

que cae en sentido inverso al espacio

y es

porque deja de ser

como tu ojo deja de ser ojo

al mirar un caballo


no es natural

que llueva

es natural

que tiembles

que temas a la lluvia



que eres casi todo agua

construyes una casa

en nombre de la palabra hombre


agua creyente

te proteges del horror de caer


dices: lluvia

y eres agua

mirando agua





Teorema de una tarde 
 
Unidades:
un pájaro que nunca antes fue un pájaro
sólo nada
salta y desaparece en los ojos

un viejo que habla solo
y mira su voz aparte
para creer que ha vivido

una semilla que se para en la mitad del viento
y crea la muerte
y el grito de un niño
y un golpe de humo
y aparece la mujer que amo
y ese instante
es la forma de la tierra

Otras progresiones:
–esos cantores, el orden de las hojas
del geranio
diez elefantes en el televisor
reducidos
por sólo una mirada–
intentan unir tramar
al pájaro
con el viejo
con el grito y la mujer y la semilla

pero es demasiado tarde
las matemáticas
hicieron su tarea:
para que el tiempo sea relativo
lo nacido
debe ser inverosímil.
 
 
 
 
 
 
 
 
 


viernes, 24 de enero de 2014

Alicia Genovese




Alicia Genovese (Lomas de Zamora/Buenos Aires), Aguas, Ediciones del Dock, 2013.
















Thales imaginó la tierra
como un plato flotando
sobre el océano   
y dijo que todas las cosas,
agua en su origen,
estaban llenas de dioses.
“Animadas” interpretó luego
la hermeneútica,
pero él lo decía
mientras frotaba
un trozo de ámbar
y briznas de pasto
se le adherían sin explicación;
mientras apoyaba un imán
contra el metal
de una armadura
y la piedra se detenía
como sus ojos atentos;
mientras alcanzaba
la altura de Keops
midiendo en la arena
la sombra proyectada.
Causas, ese más allá,
perseguía Thales,
en su universo
atravesado por ríos
y oscuridad
de dioses enérgicos.
Causas,
cuando el Delta del Nilo
hacía brotar en las mareas
los papiros, el loto,
y el sol de Mileto
caía desarmado
sobre el mar Egeo.
Anaxímenes propuso el aire
y Heráclito el fuego,
pero el agua
fue para Thales el principio,
la omnipresencia ordenadora.
Un ojo de agua
se abría en todas
y en cada una de las cosas
hasta volverlas físicas
y maleables.
Ningún filósofo aún
había separado el agua
de la idea del agua,
ni existían
mundos paralelos,
ni especulaciones
que el agua
no pudiese atravesar.








 




María Inés Mato nadó las aguas
más frías del planeta;
cruzó el Beagle, el canal de la Mancha,
un estrecho impensable del mar Báltico.
Sin trofeos, ni estadios
sus travesías parecieron inventadas.
Bordeó el glaciar en paralelo,
en círculo la isla de Manhattan;

aguas que expulsan con su mezcla ácida,
raras aguas que entregan
su cauce de vértigo.
María Inés Mato eligió en lo abierto
mareas de montaña
y volcanes helados,
oleaje turbio del mundo sensible
cenizas, peces, barro.

¿Quién acepta una nadadora sin pie
o ese imposible desequilibrio?
Con una pierna menos y sin prótesis
entrenó como una disidente;
en el verso libre encontró ritmos,
palabras que sostuvieran el calor;
en la falta de gravedad del agua
se llenó de voces;
nadar es hablar con la respiración.

Al mar del sur le habló con la memoria
de las mujeres yámanas,
a bordo de sí, con la corriente
del cuerpo hizo canoa
para llevar el fuego a la otra orilla.
María Inés Mato unió el estrecho
que separa Malvinas. Brazada tras
brazada, de la guerra abre olvidos;
una huella de espuma, un puente blanco,
un rastro en el agua de los vencidos.

¿Quién acepta una nadadora sin pie
que explora las bajas temperaturas,
sin rayas marcadas ni andarivel,
en las olas de su propia ruptura?
Con aire, un mar en contra se horada.
Del agua helada dijo duele muchísimo
pero es una frontera,
un cruce, solo eso.

Sin traje de neoprene
se zambulló en los hielos antárticos,
la gorra de goma de los nadadores
emergió inédita entre los témpanos;
un video muestra el barco guía
y su continuo braceo
bajo el ancho vaivén de una gaviota.
Coordenadas desiertas
que borran cualquier marca.

Proezas hacia adentro
probadas con el pulso.
Si cada persona es su propio mapa,
el suyo traza líneas,
casi imaginarias.
María Inés Mato buscó aguas frías
mares renuentes a la aceptación,
nieve hendida del planeta  ¿o qué
callados, secretos límites cruzó?