Algo de la poesía publicada recientemente en la Argentina.
martes, 21 de julio de 2015
Pamela Neme Scheij
Pamela Neme Scheij (Palomar, Buenos Aires), Espinas, Del Re(f)alón ediciones, Merlo, 2015.
Colaboración de Patricia Verón.
Qué vio de niño
cuánto ancló adónde.
Mecánica de la memoria
que lo dejó sobrevivir
a su apellido.
Reitera el cuento papá
como quien rinde homenaje
a sus muertos o escribe
penas viejas en mis oídos
La proa del barco al cielo
casi vertical, los pasajeros
chocaban, se hundían
con la popa
el miedo.
Lavive caía del aire al agua.
Las piernas de Nadua
se hirieron hondo, rota la carne,
las venas, salvó a su hijita
ni pisada esta tierra.
Nadua no advirtió
en ese dolor
en ese riesgo
el bosquejo de su futuro
o sí.
Ese hombre
la trajo a un mundo
carente de hermanos
todo ranchos y fronteras.
Los días de barco
le dejaron un látigo
en la mano y una piedra
en cada ojo.
Ya no la amó
sino detrás de su espalda
o debajo de sus pies.
En las afueras de Salta
mitad pueblo, tierra
mitad blancos, cruces.
Parir, parir, parir
inventar la cena
creer en él.
viernes, 17 de julio de 2015
Verónica Yattah
Verónica
Yattah (CABA), Los perros también se van, Viajero insomne, Buenos Aires,
2014.
Colaboración de Patricio Foglia.
¿Qué veíamos en los perros?
¿Qué veíamos en los perros?
La agilidad de los galgos no alcanzaba
y los hombres necesitaban
meter sustancias en sus cuerpos.
Con tu cámara filmaste
cómo sostenían el muslo de un perro
y lo acariciaban hasta aflojarlo,
hasta clavarle una
aguja.
Fue raro que tomaras esa imagen
porque el documental no iba a ser de denuncia.
Yo corrí la mirada y vi que estaban listos
seis de los perros de las gateras.
Desde el otro extremo de la pista
alguien arrastraba por la tierra
un cadáver de conejo.
A los galgos los ojos se les salían.
Cuando volvíamos dijiste que lo difícil
no era ver todas esas cosas
sino hacer algo con ellas.
La médica dice que la anestesia va a tardar en hacer efecto
La médica dice que la anestesia va a tardar en hacer efecto.
Por un momento nos quedamos mirándonos
ella como pidiendo que me afloje
yo empezando a sentir un cosquilleo en los labios
y unas ganas de salir corriendo.
Sobre el haz de luz, la radiografía de mis dientes.
En un rato esa imagen y la realidad
van a ser cosas distintas.
Vos encontrabas parecidos
entre la forma de una nuez y la del cerebro
o grietas del desierto y las líneas que deja
la borra de café.
Las raíces de los dientes son plantas acuáticas
que se mueven como animales en el fondo del mar
y parece mentira que en unos minutos
dos de estos dientes vayan a dejar de existir.
Durante la cena hablamos de tu viaje
Durante la cena hablamos de tu viaje.
Habías estado en un país tropical
rodeada de amigos que para distraerte
te llevaron a conocer lugares.
Habías quedado encantada con un boliche de samba
donde las parejas duraban sólo una canción.
Tu viaje y yo empezábamos a ser mundos diferentes,
sin embargo esa noche al plato lo compartimos.
En un momento tuve que ir al baño.
Hacer pis en el baño de un bar tensando las piernas
para no apoyarme en la tabla y leer los graffitis.
Uno decía Juan te amo, Clara.
Cuando volví me preguntaste qué me pasaba.
Yo pensaba en el graffiti
pensaba que probablemente los mensajes de amor
no eran más que eso:
garabatos muy tenues sobre la puerta de baño de un bar.
lunes, 13 de julio de 2015
Claudio Archubi
Claudio Archubi (Mar del Plata/CABA), La casa sin sombra, Buenos Aires, 2015.
Él dijo:
Mi madre me regaló una flor que se deshace.
(No le echés agua, echale tierra.)
Es una flor seca que vive en la sombra, mantiene la casa limpia, llama al silencio.
Es una flor duradera como una foto vieja, como una idea, como un dolor.
Dice que compite con los cactus, con los matorrales del desierto, con las cosas que se escriben en las piedras.
(Cuando no estemos ni tu padre ni yo...)
La casa estaba limpia, extremadamente limpia.
Pero ella me dio la espalda y siguió con sus cosas.
Ella dijo:
Atada a un corazón amigo iba por una pradera de sombra.
A mi paso, un mundo de ceniza y simulacro.
(Mi padre había muerto y seguía trabajando.
Amanecía.)
También yo había muerto, pero no mi hambre.
Miré a todos con tristeza.
Y extendí los brazos hacia mi pradera de sombra.
Cuán corta la correa de la vida, cuán vasta mi pradera de sombra.
Latí adentro de la casa negra, la casa blanca, la casa roja.
Latí adentro de la media-vida, de la media-muerte.
Y vi mi hambre en cada cosa.
(Lo veía caminar hacia la fábrica por la calle desierta. Lo veía con mi cabeza en la ventana, encorvado y ejemplar, avanzar entre la basura que volaba, avanzar hacia la estática de una radio lejana, lejanísima, hasta perderse en lo Abierto. Se llevaba su tesón y una parte de mi cuerpo para siempre.
¿Dónde estaba mi hermana?
Mi madre no quería dejarme salir porque afuera hacía frío.
Había algo de verdad en eso, lo sospechaba...)
domingo, 12 de julio de 2015
Rubén Devoto
Rubén Devoto, Y en la noche giralunas, Vinciguerra, Buenos Aires, 2014.
Pertenecer I
Tan lejos,
en una plaza de Toulouse
recordé el día en que mi padre
me llevó a conocer la tapera
–que fue casa–
donde vivió de niño.
Allí,
al bajar del auto vi
cómo la felicidad le metía,
a mi padre, toda la mano
adentro.
Sentir pertenecer no es evitable;
colma el dedal sorprendido del instante
y en ocasiones lo rebosa
mojándonos los pies.
Pertenecer II
Se tocó con el dedo.
Se apoyó en la nariz la yema
húmeda.
Allí estaba el olor de su hombre,
en la entrepierna
y en el dedo.
Y se sintió suya,
sin amarras,
desesperadamente.
Para sentir pertenecer
basta con un instante,
es como un lanzazo inesperado
que nos enajena a alguien,
es un sentir tan inevitable
como un bostezo
como ese olor
o el halo inconfundible del recuerdo que vino
nos rozó y se fue.
sábado, 11 de julio de 2015
Alicia Pastore
Alicia Pastore (CABA), Enhebrados, La Luna Que, Buenos Aires, 2015.
lluvia
al fin la lluvia
tiende el manto
para el descanso
barre el suave contacto
de un cabello
fino y blanco
aquí
duerme el desvelo
si alguna voz
derrapara en la oquedad...
pero no,
los pájaros apenas
exhalan su vigilia
cae el agua
y mientras
el desprendimiento
de la espuma
disimula
los ruidos de la calle
sustancia
sustancia de llama
y clausura
la penumbra
olisquea en la ruta
donde han caído
máscaras, escudos,
injurias
y otras pertenencias
el silencio nombra
y parte
hacia un exilio vasto
-el recóndito deseo
ha quedado
exánime
sin embargo
/perdura su luz-
aún no es
tiempo de desguace/
desguace
está cerca,
vigila con su haz
de arbitrariedades
no reconoce
rostros antiguos,
ni atisbo de
generosidad
abre estrías nuevas,
es la mano
del anfitrión
indicando el estuario
donde coros afectuosos
reciben
al nuevo huésped
huésped
burla el acecho
las lámparas
suben
hasta lo más alto
de la nave
atraviesan
membranas deplorables,
intimidan
desde el rezo,
embaucan
desde la caricia,
suspenden estertores
surtidores de deseo
emergen envueltos
en disfraces solemnes,
sueldan bordes
incompatibles,
casuales
el huésped
se acomoda
al soplo
de su hambre
[...]
al fin la lluvia
es el descanso
deja oir su caída
tintineante,
ahoga los ruidos
de la calle
el mundo
es un viejo ardid
aprendido
en la infancia,
y ahora
desaparece
desaparece…
…el mundo
la incontinencia
de deseo
el deseo de tomar
al otro,
lo del otro,
el otro
no el huésped
el huésped
ve las lámparas
como si fuera un hilo
enhebra lentamente
su pesada herrumbre
al ojo de una aguja,
crece el latido
de la lluvia,
en su vuelco inminente
arrastra
una fina presunción
y la aguja,,,
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