miércoles, 15 de abril de 2015

Irma Verolín




Irma Verolín (CABA), De madrugada, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014.

Colaboración de Marina Kohon.





















Ante el efecto devastador de la muerte
hubo que recurrir a las matemáticas
que nunca fallan
que nos aseguran hasta el infinito que diez más diez más diez
serían inequívocamente treinta
por suerte éramos cuatro hermanos
un número par que facilita las operaciones.
Y nos dividieron en dos
siguiendo por supuesto la lógica de los apellidos
casi tan exacta como una regla de multiplicación.
Mi hermano menor y yo, con los abuelos
que portaban a modo de condecoración el mismo apellido,
los dos mayores, afuera
y allí permanecieron
en un afuera
tan pero tan inmenso
que ya no hubo forma de encontrarlos.
Orden y progreso: el linaje y las matemáticas
obraron el milagro del desquite
al menos por una vez
por una vez al menos.








martes, 14 de abril de 2015

Diego Rosake



Diego Rosake (Bahía Blanca), Luna en bicicleta, Hemisferio Derecho, Bahía Blanca, 2014.

















PENSAMIENTOS DE ANTONIO A LA HORA DE ENCONTRARSE EN EL FRÍO DEL PISO O DE LA INDIFERENCIA.

19:00 hs

Qué dolor de estómago
y de huevo
seguro el hambre
y no
y caigo
y el suelo
         –está más frío que esta mañana–
y caigo
o caí     no sé
la gente
no entiendo      la gente
no me ve
acá abajo                 ayuda
detrás de los harapos y la tierra
                               ayuda
soy invisible
y los segundos y los minutos
soy invisible
y las horas
soy invisible

soy monetariamente invisible






EN LA ESQUINA DE CHARLONE Y VIAMONTE, SOBRE UN SUELO CADA VEZ MÁS COMPRENSIVO, EL CUERPO DE ANTONIO RECUERDA SUS FELICIDADES.

19:45 hs

Duele el huevo
la hernia el hambre
por lo menos el cuerpo aún responde:

se acuerda de sufrir el vacío
la ausencia de comida o calor
la ausencia

a través de mis manos puedo ver llegar
a la patrona
y sí
alguna vez hubo una patrona
de muslos fuertes
y abrazos
que sabía
de compartir puchero y ausencias
la ausencia
la patrona ausencia
la ausencia de la patrona
de ella

y hacete ver decía
y yo tinto
y hacete ver
y yo más tinto
y hacete
y yo todo el tinto del mundo
que entiende de dolores
más que una junta de médicos


[...]




20:30 hs

Soy chico
diez años en el parque
mamá trabaja en un carrito de copos
y que no jodás pendejo
que molestás a los clientes
y no me importa
si los copos son de nube
y nadie es dueño de las nubes
entonces los caballos
               de la calesita
son los mejores aliados que supieron escucharme
y soy el zorro
pero el olor a copo es más fuerte
y la panza se subleva
del buzo de plush
del bolsillo
asoma esa botellita
la que mamá guarda debajo de la cama
y que remplaza sus comidas

un trago y todo quema
ahora sí soy el zorro
y aguanto contra treinta sargentos García
















miércoles, 8 de abril de 2015

Bruno Di Benedetto






Bruno Di Benedetto (Buenos Aires/Chubut), Nada, Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2014. 



 Colaboración de Luciana Mellado.











3. 


nada en el ahogo
la falta de oxígeno
no empieza en los pulmones
sino en su dibujo de árbol sumergido
no en el ojo
sino en la necesidad de ver.







16.
nada para leer

pero la tinta
desleída
flota en la misma mirada
que la borra

en lo que queda
en el fondo
en esa adivinación

nada.






38.
nada en la desorientación

según el eje magnético
de los cardúmenes
los polos son dos:
el miedo y el hambre

la tentación de la brújula
es su fruto envenenado

mejor
nada.








39.

nada en los poemas viejos
bestia plana la sequía
de lo que no se pudo decir.















lunes, 6 de abril de 2015

Jotaele Andrade





Jotaele Andrade (Azul, pcia. de Buenos Aires), La mano del verdugo, Ediciones de la Eterna, col. Incunables, 2014.




Colaboración de María Belén Aguirre.






















Habemos un muerto en mí

cada noche respira

en mis pulmones avasallados
por los días
y el tabaco

despierta conmigo y me sofoca

nada
nadie
sólo yo soy su compañía

sólo yo retengo en mi carne
sus huesudas manos
su silencio rodeado de tierra
y gusanos

nada sé de su historia
no puedo sospechar si retuvo
la luz
o el espanto de haber nacido y haber estado
desnudo
y solo

o si quizás fue amado
como ama el mar a los naufragios

lo único cierto
es que habemos un muerto en mí
que crece













Escribo con la mano del verdugo



alegría de haberte amado

desordenada alegría ya
tal un jardín
entregado a la maleza
o a la tempestad

y cerrada en su fulgor de astro acontecido

¡qué alegría atroz
ahora que ya es verano y las aves picudas
rebuscan entre las frutas caídas y los insectos!

oleadas de intenso verde se encabalgan a la totalidad
de un aire limpio y cerrado

alguien dibuja un vago gesto como si saludara
o espantara una mosca

el sol se desparrama sobre el silencio de la calle

ha sido verano tantas veces
y ha sido piedra y bajamar
lecho y recodo
hojarasca y noche indivisible

y aquello que casi imperceptiblemente acontece:
el rastro de la hormiga
el color confundido en la pálida llovizna
la curva que desandamos a diario

hablaba de la alegría
de haberte amado

de este sobresalto de escribir
alegría
con la mano del verdugo











Algo se oculta entre las cosas que son o fueron



hay algo oculto en el mundo

algo

un zumbido entre las voces aceradas del ruido

un signo que aparece en lo alto del médano
cuando soplan las bocas del odio
o la desdicha

un gesto convulso que coletea en el pez
clavado en el arpón

y no

es algo indefinido
impreciso
como decir el hurgante espesor de la luz

porque la luz es más allá de sí misma
y desorienta
a los cuernos majestuosos de la noche
cavando en las retinas

oculto
hay
algo

confundido contra los colores cerrados para siempre

quizás perfecto
quizás indivisible de sí mismo

una respuesta inútil
un vómito detrás de toda poesía

un niño dormido dentro de un obús

y no

algo
imperfecto

una cicatriz en el pómulo de alguien no nacido
un rabo tumorífero en la azucena

algo
divisible y dado entre las cebollas y el cuchillo

entre la mano que acaricia
y el vacío perpetuo
que cruza esa mano creyendo alcanzar la mejilla

y no

oculto
y acaso siniestro o débil
como un recién nacido

acaso raquítico y sucio y lleno de piojos
o lleno de escarabajos y de un oro imposible

como una pirámide 
un cerdo
o la palabra amor

algo amor mío
como decir te amo y no poder rozar tu altísima frente
como perderte
de pronto
y que no duela

hay algo oculto en el mundo

yo no sabría decirlo

yo no sabría













sábado, 4 de abril de 2015

Jorge Curinao





Jorge Curinao (Santa Cruz), Otros animales, foto de tapa de Valeria Pariso, edición de autor, 2014.






















III

Cayendo de un sueño, mis creencias se convierten en juguete.
Nada es como decían los sabios. En el fondo del vaso hay un
desierto, una moneda arrojada contra el olvido. Nunca sabré si
lo hice a favor o en contra de ellos.







XIX

Son distintos, ahora no esperan en fila ni se pelean por ver
quién llega primero. Ahora me preguntan cómo estoy, qué me
dejó la tarde. Quieren florecer. Es un instante; algo parecido a
un sueño, una eternidad robada a los sauces. Sólo así se abren
los silencios, en la memoria.






XXIV

Cada mañana miro tus ojos para encontrar en ellos, mis
manos. Así aparece la muerte. Primero, en el botón de la
camisa. Luego, en las miradas que nadie quiere cruzar.