Algo de la poesía publicada recientemente en la Argentina.
viernes, 23 de enero de 2015
Javier Galarza
Javier Galarza (CABA), Lo atenuado, audisea, Buenos Aires, 2014.
Qué te dolió más
Vivís. En tanto el mundo tiene un resto de sentido que
aún te huye. El nirvana, lo eterno de la inacción o la nada
misma. Hacia donde la vida, como el río a un cuerpo, lleve.
¿Cuál es la insignia de tu guerra? Aunque en la poesía
siempre sea. La guerra. Aunque el lenguaje. Siempre.
(Pólemos como tensión generadora, etc.)
Cuerpo, decodifica los estímulos. No hay un saber sobre el
cuerpo. No hay. Un saber. Apenas ese otro que nos dice, que
no termina de decirnos. Que no termina de no. En cada
encuentro, en cada des.
Qué te dolió más. El primer golpe. O la primera caricia.
jueves, 22 de enero de 2015
Roberto Daniel Malatesta
Roberto Malatesta (Santa Fe), La estrella roja y otros poemas, Leviatán, Buenos Aires, 2014.
La estrella roja
Vimos a Marte,
los dedos de mis hijos señalaron
la estrella roja.
Nunca, en años, se había
aproximado tanto a nuestra tierra.
Lucía realmente muy bella
en el cielo final
que tocaban los dedos de mis hijos.
Mi casa también era bella
con Marte ataviándole el cielo
y mis hijos felices
por tal inusitado visitante.
Aquella noche nada se interpuso
entre ellos, nuestra casa y las estrellas.
los dedos de mis hijos señalaron
la estrella roja.
Nunca, en años, se había
aproximado tanto a nuestra tierra.
Lucía realmente muy bella
en el cielo final
que tocaban los dedos de mis hijos.
Mi casa también era bella
con Marte ataviándole el cielo
y mis hijos felices
por tal inusitado visitante.
Aquella noche nada se interpuso
entre ellos, nuestra casa y las estrellas.
Mi hija sube a la escalera
Subida a la escalera ella proclama:
¡Estoy en la cima del mundo!
Y uno quisiera estar
junto a ella encaramado,
entonces, desde el llano, manifiesta:
¡Es cierto, es cierto, es cierto!
Y el resto se lo calla.
¿El resto qué diría, si decir se pudiera?
Saludos de mi parte al nudo de los vientos,
a la inocencia, al horno de las nubes,
al sitio en donde caen las estrellas,
a los ángeles,
y a todo lo que ves y yo no veo.
Y a todo lo que ves y yo veía.
Subida a la escalera ella proclama:
¡Estoy en la cima del mundo!
Y uno quisiera estar
junto a ella encaramado,
entonces, desde el llano, manifiesta:
¡Es cierto, es cierto, es cierto!
Y el resto se lo calla.
¿El resto qué diría, si decir se pudiera?
Saludos de mi parte al nudo de los vientos,
a la inocencia, al horno de las nubes,
al sitio en donde caen las estrellas,
a los ángeles,
y a todo lo que ves y yo no veo.
Y a todo lo que ves y yo veía.
miércoles, 21 de enero de 2015
Paulina Vinderman
Paulina Vinderman (CABA), Ciruelo, Alción, Córdoba, 2014.
7)
¿Cómo será la cara de la ausencia?
¿La creeremos tangible?
El sueño donde volvemos al mundo
antes de haber sido lanzados con furia,
hacia él, cuando nacimos.
La belleza es una trampa.
El amor es otra.
Se necesita algo más que ese sol rojo
sobre el día para confirmar nuestras vidas.
Entre la naturaleza y el arte hay un lugar,
un lugar de gracia —mínimo— donde vivir.
Un lugar solitario para solitarios,
con hierbas, fantasmas, y muros y algún árbol,
y la obstinación mustia y orgullosa del fracaso.
"Acércate amor mío, estoy aquí", le susurraremos
a la ausencia. martes, 20 de enero de 2015
Graciela Perosio
Graciela Perosio (CABA), Balandro, Paradiso, Buenos Aires, 2014.
sólo atiende a esta vela
que corta
el viento de los senderos habituales
las ansias y temores del porvenir
navega tu corazón
en el exacto
balandro
del ahora
ésta es la travesía
en un mar de maravillas
ayer soñé con un jardín helado
donde mis manos plantaban bambú
y no había sombras
durmiendo
sobre la nieve
el pasajero aguarda el tren
en medio de una selva cerrada
por donde ningún tren
puede pasar
no obstante él espera
insiste
con obstinación
insiste
lunes, 19 de enero de 2015
Cecilia Fresco
Cecilia Fresco (Río Negro/Neuquén), Realidad vs. representación, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014.
Dueño del mar
Llovía
sobre Maullín
llegamos
tarde
porque mi error
nos
desvió hacia el campo
vimos
los frentes grises
de un
pueblo como de utilería
comimos
bien
y
aquello que fue un pez
dueño
del mar
rey del
agua salada
derivó
en una gruesa
rodaja
horneada.
Comimos
y ya nadie
habla
de su reinado:
¿clausurar
un ayer
es no
desear su mañana?
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