domingo, 23 de agosto de 2015

Aixa Rava



Aixa Rava (Tierra del Fuego/Buenos Aires), Barda, Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, 2014.





















Corazón de aire

Mamá hace pan
como yo dibujo con crayones la pared
—así de fácil 
como mi hermano ríe 
desde la cuna cuando la ve 
—así de natural 
como si fuera panadera 
y no maestra. 
Gira la masa, 
la dobla sobre sí misma, 
engendra un corazón de aire 
y lo presiona 
con la intensidad de una caricia.

La mesada se templa para recibir la harina, 
dan ganas de acostarse encima 
con la panza desnuda
—la tibieza del pan se huele cinco horas antes. 
Mamá hace panes trenzados, 
como varas, como hogazas, 
con cruces o rayitas, 
panes integrales, 
de leche, con semillas 
y agua de azahar para las Fiestas. 
Nunca le salen igual —eso ya es regla—
“a ojo” siempre dice 
y todo, todo le queda tan rico.

Cuando los bollos están 
engordando bajo el repasador 
y se renueva la advertencia de no entrar 
a la cocina, yo le voy avisando a mi estómago 
que se prepare. Con Tatung no nos alejamos 
ni dos pasos de la mesa.










Mandala

Pintar la flor antes de la curva.
La flor, la curva.
Una curva es una vuelta 
una esquina es una curva.
En una esquina te encontré
—en esa vuelta curva del tiempo—
fui la flor
y vos la curva.










Desterrados

Un momento que parecía irrepetible 
embriaga el estómago con su vaivén.

No podemos esperar un giro 
una migración 
la estación señalada.

No somos golondrinas 
como creímos.















sábado, 22 de agosto de 2015

Liria Evangelista





Liria Evangelista (CABA), Niña soviética, 2a ed., Borde Perdido Editora, Córdoba, 2015.























como si fuera el gesúbambino el cristo niño de mi abuela

fuente de amor inagotable

así

solía aparecerse lenin en el patio de mi casa

momia de yeso hecha aire que había volado desde el Kremlin

vladimirilichulianov se erguía enhiesto y ruso

 sobre la mesa del patio



no tenía corona

ni manto de terciopelo ni un rosario envolviéndole las manos

venía en cambio

reluciente y nevado

el gorro de piel apuntando al cielo

tenía el dedo levantado 

como un sol de noche ese dedo

era luz de todas las cosas

resplandor que quemaba nuestros rostros

trémulos de dicha y de materialismo histórico

ese dedo

iluminaba el gomero y la tortuga

la ropa puesta a secar que se mecía con el viento

en la llamarada de la tarde





papá y vos extendían sus mamelucos engrasados

olorosos de sudor obrero y bolchevique

para que el divino los pisara

para que dejara su estela inmaculada y roja

sobre la tela áspera



él

luciérnaga de la revolución socialista

 acariciaba nuestras cabezas murmurando tovarichtovarich

rabotnikrevolyutsiyasotzyalismmir



y nosotros en éxtasis

                   transidos

aunque ignorantes de esa lengua lo entendíamos todo



 esa era la esencia del milagro

la luz verdadera del internacionalismo proletario





 


una tarde en la que el sol estaba tan rojo como bandera del proletariado


yo quise saber


quise escuchar la verdad más absoluta sólo de su boca


 


me arrodillé (padrecito padrecito)


alcé mi rostro hacia él como quien mira a un santo


hambrienta de su voz               de su palabra


ávida de catecismo   hijita de la revolución  


 


y pregunté:


................................................................


................................................................


 


 


 


krasivayadevushka   me dijo


sobre mí se inclinó (dochdochdoch)


su aliento que estaba oliendo a muerto


lengua martillo lengua hoz


mnogosmertkrasivayadevushka  susurró


mucha muerte hijita mucha muerte


y apoyó su mano helada en mi mejilla


 


 


 











perdí esa voz perdí la infancia y las tablitas sedosas de mi vestido anaranjado

las teclas de mi piano la luz exacta de ese río el azul de sus ahogados

la punta gastada de mis zapatos blancos botoncitos pasos hacia vos

que esperabas de mí

todo movimiento

mi dedo húmedo pasando las hojas de los libros que me diste: todos.

eso perdí

el algodón con la primera sangre de los once

¿qué más puede perderse en este mundo?














¿Acaso alguien había sabido en Parque Chas que el ángel de la historia



espiaba en el cajón de los cubiertos

contaba cuchillos tenedores cucharas

lavaba los platos escuchando nuestras voces

o se quedaba escondido abajo de la mesa

abrigándose del frío con el mantel de hule?



otras veces sus alas hacían un ruido raro

y yo pensaba que había cadáveres y vampiros

durmiendo en la bañera

ahora sé que era él



vigilando

cuidando de nosotros





sus alas nevaron de dolor el mundo





los huracanes le arrancaron una por una las plumas de su ala

lo fueron desmembrando

y al final –delicado–

lo posaron en la palma de mi mano

bolita blanca  gota de lluvia

y aquí lo guardo todavía

como terrón de azúcar   caramelo derretido





 (ángel de la historia grasita y cabeza

angelito que andás por los cielos



vos y yo somos

guardianes de los sueños

vigías de catástrofes

hijos bastardos

de todos los sufrientes)















lo que aparece a veces por mis sueños:







un lodazal de Stalingrado

el patíbulo en el que murió Fucik

el perfil de Largo Caballero

la trenza de la Pasionaria

la soga con la que se colgó Marina Tsvetáieva

–y de ella veo el perfil de su zapato el tacón gastado:

cariño mío qué alegría

hasta que el alba alcance a la siguiente

(y son sus voces las que escucho

     aquí mis sueños son apenas ecos de sus ecos)





a veces aparecen

la cabeza ensangrentada del Chacho Peñaloza

el útero canceroso de Eva Perón

el olor de la sífilis que mató a Belgrano

la carne blanda de Osvaldo Lamborghini

una letrina en el Olimpo



deshechos



por mi casa pasa el río marrón

las barcazas enormes donde humean

los huesos de los que alguna vez vivieron    



todo eso sueño a veces

el mapa ciego de la historia

su pilón de excrementos



sueño con lo que el tiempo fue desintegrando
















las voces iban esculpiendo el mundo

me revelaban la forma pétrea de la historia

su santoral:

manual de la academia de ciencias de la urss



el mate ya tibio sobre la mesa de fórmica

y ahí iba la mía voz como pimpollo

fresquita como rocío de mañana



el comunismo se propone dar satisfacción completa

a todas las necesidades de los hombres





¿iba a saber yo del lodazal helado de Siberia

(vivimos sin sentir el país a nuestros pies

había escrito Mandelshtam)

¿iba a saber yo de la mujer que masticaba versos

hasta hacerlos bolo fecal memoria incandescente?

(el mar se aleja de mi el mar se aleja a dormir

Maiakovki hacía astillas de su cabeza calva)



qué poco iba a necesitar yo

al final

cuánto  pero cuánto

iba a ser lo que no tuve



























viernes, 21 de agosto de 2015

Amira Juri



Amira Juri (Tucumán), Los cuerpos del lenguaje, Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2014.

Colaboración de Jorge Santkovsky.

















1

El lenguaje
nacido entre algodones y piedras
se forjó diversos cuerpos
en la encrucijada: simultáneo/sucesivo.
Habitó la luz y lo oscuro
bebió agua de manantial
probó de sórdidos riachuelos.
Querencia y aversión en todo su cuerpo
cuando quiere adherirse
a los objetos, a los seres, a las cosas.









76

Con un sable afilado el lenguaje
hizo tajos saludables en sus amarras.
Las paredes y los muros se derribaron,
los calendarios detuvieron su imperio.
La inocencia del mundo asomó por un instante.









86

Diógenes: “el verdadero poder es el poder sobre uno mismo”
un filósofo frugal hurgaba en las máscaras oficiales.
Quería un sol,
sin la interrupción de la arrogancia.
Quería la honestidad
sin la debilidad de quien no acepta el cambio.























jueves, 20 de agosto de 2015

Marta Miranda



Foto tomada del blog El Desaguadero.
Marta Miranda (Mendoza/Buenos Aires), El lado oscuro del mundo, Bajo la luna, Buenos Aires, 2015.

















El río poderoso 

En medio de la isla 
sola 
en una cama que no es mía 
escucho la tormenta 

Para amainar el miedo 
trato de identificar los ruidos: 
prevalecen 
ante todo 
el chasquido potente 
de la rama de los sauces 
y el enorme caudal 
del río poderoso. 

Miro el Paraná 
calculo 
a lo sumo unos cuarenta metros 
hasta la otra orilla 
en medio 
corre fuerte el río 
trayendo 
lo que trae 

en su anchura 
lleva y deja 
las partes
de una misma 
la gente que se quiere 

aquello 
que no veremos más












La nada 

                  Qué haré con el miedo 
                  Qué haré con el miedo 
                                   A. Pizarnik 


Miro por la ventana 
rastrillo el horizonte buscando 
vida en este paisaje desolado 
creo visualizar una oveja, 
pero no 
es una mata 
definitivamente 
no hay nada 

Pura y fría desolación 
un mal chiste 
como si hubiesen escogido para mí 
este paisaje que sólo contiene 
el verde oscuro de los pinos meciéndose a lo lejos 
una mata 
y el viento 
organizado para siempre 

Perdida en la casa de este páramo 
un plato sobre la mesa 
una silla tumbada 
me recuerdan que alguien alguna vez 
estuvo vivo 

El ruido de un teclado 
pasitos 
diminutos que resuenan 
en lo que bien pudo ser 
un hogar 
o una hoguera 

Hace frío, 
miro por la ventana y veo 
toda mi fiebre 
vuelta del revés 
el hielo quebrándose 
parecido a la lluvia 

en el reflejo veo una mujer 
que busca acariciar 
lo tibio del paisaje












Axis mundi 

Oscura 
la noche vive en tu corazón 
que no me ama 
a cambio 
me ama tu sexo 
y él me da la miel de todas las abejas 

aunque no me ames 
está en mí 
la razón de tu órbita 
porque soy 
la porción del mundo 
que nunca 
podrás ser 

la caverna 
oscura y húmeda 
el ojo de agua 
que te mira 
y te revela












Savoy 

Cinco años después 
sucede lo que nunca esperé 

todo ha cambiado 
yo diría 
incluso para bien 

hay más libros 
una casa nueva 
que no da la vuelta al mundo 
ni está frente a la tuya 
pero es una casa 
y se está bien 
No soy tan inocente 
para creer que 
podías estar acá 
detrás de esta puerta 
sentado 
en este cuarto 
pero hubiese sido hermoso 
que así fuera 

El paso del tiempo lo cambia todo 
cambia hasta el tiempo mismo 
cinco años dura 
una infancia 
también el deseo 
hecho arena, estatua de sal 
memoria 
del amor que comienza 
a deshacerse con la lluvia



















miércoles, 19 de agosto de 2015

Andrea López Kosak




Andrea López Kosak (Bahía Blanca, Buenos Aires), Indor, El Ojo del Mármol, Buenos Aires, 2015.


















Éramos pocos
y entre nosotros
el viento cerró las puertas

no había
rencores que guardar
distancias
hasta que

papá quiso reinar y dividió
el día de la noche
los tallos de las venas
abiertas las bocas exhalaban sus vapores
más pesados que el aire
descendimos
del árbol contando hojas en blanco

no
dijo mamá
voy a
y descansó
y pasó el tiempo
y pasó
la corriente de una habitación a otra


A la sombra
de una costilla rota contábamos el cuento
que no hubiéramos contado
destinados
a las sobras
la copa vacía la casa en desorden
fingimos
no escuchar
el cuento que callábamos de a uno y para siempre
el viento que golpeaba las ventanas
desprendía la piel de los rincones













Causas expuestas
heridas aparentes
versaban
sobre la fragilidad en cuestión
de días y noches hicimos
el mismo enjambre
la única nervadura:
papá roncó
respirando la tierra del tapizado
yo estornudé
ignorando qué me componía
nadie dudó, sin embargo
a la cuenta de tres me perdí
en el aire como una señal













Cuando sea grande
voy a plantarme, dije
en un cuarto a mirar cómo llueve
a sentir cómo duele
darse la cabeza contra el marco
una y otra vez
rompí el silencio













Papá echó raíces no había suelo
apenas espacio para las sombras
un crujido al ajustarnos
en otoño
pálidos nos confundimos
cuando se cerró la puerta
La herida
tiene que tomar aire, dijeron
los demás
espiábamos por un hueco
en la pared las manchas