Algo de la poesía publicada recientemente en la Argentina.
martes, 1 de diciembre de 2015
José Villa
José Villa (Martín Coronado, Buenos Aires), Escombro, Club Hem, La Plata, 2015.
Ensayo
Sentada frente a la ventana
a medida en que la noche se vuelca
dentro de la habitación
va quedándose cada vez más quieta
Los rasgos oscuros ganan lugar
y permanece allí mirándome:
soy su hoja húmeda que arrastro
mientras me voy, es su brillo
Ladrillo
Vibrato del agua, pudo haber sido tu cabeza
que asomaba en la loma del puente, saliendo de atrás de
la pared,
y encima y con el rostro a este sol con dijes de acaso,
portezuela y durmientes
La llama se comía un rombo de hule
Anillaban las nubes el final
La heladera
Supe de la heladera cuando
vi esos trazos azules,
esos tramos de violetas
entre paredes rojilíneas
Había entusiasmo en el patio
aunque un aburrimiento atávico
se desplazaba fosforescente
como culebra
Pero bueno,
esas cosas debí guardar para otra vez:
cuando llegué a esta silla para contarles esto:
un marco de silencio dentro de una
colina arremolinada
y dentro de ella una palma de cobre
que recorre el mapa
Se la ve, como de a poco
Al principio era
una visita infiel que, rama reseca, colgada de un marco
sabía aparecer en la puerta
Algunos días me incliné
a escuchar su voz Una vez pude
recalar la imagen de una vaca a la que llamaban
La Pinta Se sumó en la costa de alambre otra
que se llamó La Niña
Su madre en la hoja que
estaba demorada vino a decir
“preparate que tenés que venir con nosotros"
lunes, 30 de noviembre de 2015
Laura López Morales
Laura López Morales (Villa Dolores, Córdoba), Las desperdigadas minucias, Barnacle, Buenos Aires, 2015.
Mi madre
toda ella se fue del guadal un día
de la escasez dice
para que yo
con idéntica escasez
viva entre los árboles.
A estas costas
llegan los domingos
y lo que se queda en la arena
para siempre
yo no he sabido volver
de antiguos nombres
pequeños ojos de agua
que la luna vuelve blancos.
Asomarse al pozo
no tenía otro sentido
que el de hacer retumbar
las voces y las risas
de aquella negrura
volvía un eco
más hondo que el agua.
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Daniel Risso Patrón
Daniel Risso Patrón (Neuquén), Que al hombre que lo desvela, Neuquén, 2015.
La música del agua
Una mujer desde su auto mira una paloma
bajo la lluvia.
Sus ojos quietos, su alma quieta.
La ciudad detenida.
El opio del odio, quieto.
Bicicletas quietas a mitad de calle, amarillas,
bajo la lluvia, tanta lluvia.
Quietas las lágrimas de la mujer en su
auto, quieto el vidrio, la curva del gesto, seco, quieto.
Quieto el eco, quieto el rayo cayendo.
Sólo el movimiento de la paloma picando,
la lluvia la lluvia y la música del agua, claro.
martes, 24 de noviembre de 2015
Carina Sedevich
Carina Sedevich (Villa María, Córdoba), Gibraltar, Dínamo Poético, Córdoba, 2015.
Unas láminas de sarro se desprenden
y golpean las paredes de mi jarra.
Pienso en brillantes filamentos de mica
ocultos en la arena de los ríos.
Pienso en las mangas mojadas
que los poetas chinos
prefieren nombrar para no hablar
de sus lágrimas.
Voy a nadar y cae la tarde.
Pienso en las lámparas
que penden sobre el agua
y que en la calle, los faros,
platearán los árboles
después.
Todo está lejos
y lo que escriba no será muy bueno.
Pero persisten estas luces
entrañables.
¿Por qué?
*
Me sumerjo en el agua y rezo: “agua”.
Permite, Señor, que sean mis vísceras
aquellas que aprendan a rezar.
Dispongo una manta a los pies de la cama.
El fulgor de la luna en la ventana
se disipa cuando cierro los postigos.
Escucho a mi gata mientras bebe
de una taza olvidada en la cocina.
La noche entre las dos es agua dulce.
El corazón no se recoge ni desborda.
Comprendo que la soledad, como el amor,
trascurre mejor para un espíritu austero.
Mi hijo llama por la madrugada desde Gibraltar
donde hay mucha bruma sobre el mar, me dice.
Aquí se escuchan los teros sobre el campo.
El eco de la bomba de mi corazón
podría percibirse con las manos.
Quizás como una soga áspera y mojada
bajando la roldana de un aljibe.
¿Es posible el frío que sube desde el agua?
Tal vez el frío, hijo, nos perviva.
lunes, 23 de noviembre de 2015
Romina Freschi
Romina Freschi (CABA), Libro có(s)mico, Club Hem, La Plata, 2015.
ASTRONAUTA
Vivo mi vida como si estuviese viajando en una nave
espacial. Miro por una pequeña mirilla un paisaje
imponente y debo tomar medidas extremas para la
conservación de la vida, el solo movimiento,
la respiración. El grueso de los mecanismos, dispositivos
y rutinas que ejecuto componen la capa protectora que
me separa del vacío y orientan la inercia de la inevitable,
inabarcable, indetenible relatividad de pensar que,
en realidad, nada gira en relación a una estrella.
Habiendo estallado así el sentido, la estrella se multiplica
y no queda otra cosa que mantener el rumbo: una sola
dirección. La estrella son las estrellas, con todas sus
lunas, sus planetas, nebulosas, anillos, platos, rocas,
asteroides, cometas. Yo y mi nave navegamos a solas
reparando nuestras heridas, el cascarón cada vez más
roto, el óxido cada vez más cerca de la razón.
AÑO LUZ
Ese estruendo es lo que quema. ¿Viene de adentro?
¿De dónde viene ese rotor, ese ruido? ¿Quién adentro
y quién afuera? ¿Acaso no soy yo quien me fui? El
tembladeral me posee, es una réplica y ya no sabe quién
contesta.
Esto que habla es el pasado, lo que hice. Una grabación
era lo que nos esperaba.
¿Acaso vislumbrar impide ver? ¿Acaso solo he construido
lo que vislumbré? ¿Quién mueve este cuerpo, este cuarto,
esta casa, este planeta? Habitación tras habitación,
el mundo sigue. Haber imaginado el espacio es ser el
espacio – y el vacío – y solo resta deambular, caminar
nervioso, chocar contra las paredes, y acumularse.
REBOTE
celeste sueño sin vida
película repetida
el hueco que aparece
regularmente
afiebrado
exacto
algo movido
pero puntual
es un equívoco constante
un buraco usual
un pozo capaz de ser
montaña
pasto que llueve
brújula
que miro al revés.
NOCTURNO
para mi madre y para mi hija
clara es la noche
la voz resuena como al borde de una montaña
un eco, estar en precipicio
entender tal gnoción
más allá de las paredes que barrican
entrever un jardín adentro
una noche
como la que ilumina tu cara, Luisa.
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