martes, 27 de octubre de 2020

Cinthia Hamlin


Cinthia Hamlin
(Buenos Aires, 1983)


Lepidolita, Buenos Aires, Tren instantáneo, 2020. 





















Piedritas


I

Recoge de la orilla
una piedra
suave y con agujeros
esos que hace la marea
de tanto arrastrar y percutir
Ella la observa
la da vueltas
—¿Por qué tienen agujeritos?
—Es la huella del agua
con su fuerza
pule la piedra
la surca
hasta que la perfora
—¿Y para qué sirven?
Intenta meter su meñique
en uno de los huecos
después la acerca al ojo
ahora es un binocular
                                    mira
la inmensidad del agua
abriéndose
desde un pequeño orificio
Del otro lado
me acerco
miro a través
veo cómo brilla
la pupila y el mar
se le refleja adentro
con sus olas que rompen
y arrastran
millones de piedras



II

Guardámela bien —me dijo
y salió corriendo al mar
La vigilo y mientras
juego con la piedra en la mano
la doy vueltas
paso la yema
y siento los agujeros
en la superficie lisa
Me centro en el más grande
empieza chiquito
pero el vacío
va calando la piedra
y del otro lado
es casi el doble
Pequeño hueco
              se abre
y sus aristas
siguen extendiéndose
como brazos invisibles
que intentan abarcar
todo el cielo
¿Sabrá el mar
que con sus golpes
la estaba abriendo
al universo?



III

Se mete
y busca que las olas
le rompan encima
Le gusta sentir
la explosión de sal
en su piel
y luchar
bajo el agua
contra la fuerza del torbellino
que la revuelca
y arrastra
Hasta que emerge de un salto
con los brazos extendidos   
riéndose
por su victoria
Pequeña Afrodita
renace
cada vez
Después
cierra los puños
y espera
que llegue
la próxima ola
¿A la piedra también le gustará
lo que le hace el mar?







Zurcido


I

¿Te acordás, mamá
cuando me enseñabas a bordar?
Mi mano casi del tamaño de
la aguja
iba y venía
una cruz más una cruz más otra cruz
formando
el dibujo que quisiera
Los encontré el otro día
verde, fucsia, amarillo
azul eléctrico
los hilos de colores
escondidos
en una lata blanca
sobre tu cómoda
a la vista de todos



II

Recogí cada una
de mis partes
                            desperdigadas
Tuve que juntar fuerza para buscarlas
me tomé mi tiempo
Es más fácil olvidar
que enfrentar el desgarro
del amor



III

Me fui hilvanando
durante meses
retazo por retazo hasta que logré
una manta de parches
de colores
El zurcido
                  a la vista
Ya sé que no querías
mamá
Ya sé que tenés frío
voy a volver, tené paciencia
todavía faltan varias puntadas
es necesario que la trama
                     quede fuerte
y las cruces formen
                     algo hermoso
Vos me enseñaste el arte de buscar
                     el detalle
y la perfección






























     

domingo, 25 de octubre de 2020

Lidia Rocha

 

Lidia Rocha (Trenque Lauquen / vive en CABA)

Soltar la casa, Buenos Aires, La mariposa y la iguana, 2020.






















tanta magia

tirada porque sí

 

con sus ninfas de enero

sus fuegos fatuos

 

vale la pena saltar por la ventana

cuando un celaje parte

la luna

 

como si un hada

esperase en el patio

donde un caballo duerme

 

en el agua de los bebederos

bailan resplandores

 

euforia de estar sola

y con años tan pocos

 


 







cada paso que das

te devuelve al principio

 

almas gemelas nos arremolinamos

sobre los médanos

 

(no te ilusionen en esta geografía

las yemas de los dedos

tocándose)

 

el viento, el viento siempre

y otra vez la estrella solitaria

 

como cuando habías muerto

o eras niña

 

en la crudeza

del patio

 










aún muy quieta

con los ojos cerrados

huelo el paraíso

 

flores amarillentas

y un atisbo de blanco

para que se cuelen

plegarias

apenas dichas

 

entonces

una música

cautiva sin saberlo

hace pie

en otra parte

 

así la infancia juega a la fe

y a las incertidumbres

 








 

vi lo que vi:

las baldosas se parten

como el recuerdo

de una fiesta

 

ramas fatales

las levantan del piso

 

sin embargo la noche resplandece

 

de pie

sobre el tapial

 

ella sigue mirando por mis ojos

me retiene

en la pura expectativa

 

hoja a hoja

enredadas

al árbol del futuro

 

-no te olvides el libro

entre piedras rotas 

























jueves, 22 de octubre de 2020

Elisa Molina

 

Elisa Molina
(Córdoba, 1961)


Una línea simple, Córdoba, Alción, 2020.





















De "I. Estos árboles"




Octubre

Yo no sé, si se apagaran todas
las luces de pronto, y quedara
solo encendido el jazmín de lluvia,
si se podría permanecer más
de un instante suspendido en su centro,
sin ningún regreso, sin imágenes.
O si en cambio es su naturaleza
mágica acompañarme un rato
de la cocina de la casa al living,
mientras voy por el pasillo a oscuras.







Bien mirado

Me estoy haciendo amiga
del tilo adolescente,
bajo el que paso las horas
de la tarde leyendo,
porque recién hoy vi
la forma de sus hojas
casi como si fuera
por primera vez: nítido 
su perfil y su verde
sobrio a la distancia justa.
Y me dio como culpa,
un algo de tristeza
por haberlo negado
tanto tiempo (el tilo,
se sabe, crece lento).
Así nos pasa a veces,
pensé. No amamos lo que
no se muestra y entonces
es tan poco lo que vemos.








De "II. Por donde pasan nubes"




Futuro perfecto

Te vas desprevenida a la pelea
y no sabés lo que te espera. Nadie
sabe, tampoco yo. De espaldas
te veo, dueña de tu paso, ágil,
y hasta tu miedo tiene un olor fresco.

Si en el futuro fueras a temer,
sea así tu aroma, apenas leve,
y te arrebate como hoy el viento.







Un poco más

Un poco más de lo mismo
en los asuntos del tiempo.
Amanece, anochece
y cada año evoluciona
del otoño al invierno,
del verde intenso
a la estación del viento.
Un poco más de esta inmóvil
superficie, tensa como la piel
de un sapo que pretende no ser
o ser de piedra, y hasta quisiera
detener el latido que delata
la inquietud de su corazón anfibio.







Exposición de fotos

Prefiero la foto en la playa:
que una línea simple separe
la masa oceánica de todo
el resto en plena claridad,
como cegando la figura
a contraluz que, sin detalles,
será una verdad suficiente.







De "III. Puntos de fuga"




Después de la lluvia en enero

Después de la lluvia en enero,
rastreo hasta la casa del vecino
el camino de hormigas negras.

Algunas –muchas– llevan restos
verdes de mi albahaca, y rojos
–nuevamente– de mi geranio hiedra.

Sol arriba y cielo de estrellas
que por la claridad no veo,
aunque sí adivino la orientación

de la materia, su ley de tenazas
en esta minúscula e ignorada  
parcela veraniega de la tierra.







Como una nota en el aire

La ciudad, la calle, la casa
con su jardín y en el jardín
los árboles: este verdor
que esplende, esta fruta tardía,
esta rama desnuda, este amarillo
intenso como una nota en el aire,
sostenida a todo lo que da el resuello.
Luego, todo se triza o no importa.







Con ideas no se hace poesía

Con ideas no se hace poesía.
Ni con esquemas de ritmos. Al límite
de lo que se ve, los múltiples planos
de luz incierta. Y esas culebritas
verde intenso hacia su punto de fuga.





















miércoles, 21 de octubre de 2020

Noelia Palma


Noelia Palma (Morón, 1984)

Marilyn, Córdoba, Dínamo Editorial, 2020. 










Seda

                                            El momento dorado se abre y mira las flores.
                                                                                                      Juanele Ortiz


Marilyn afirma algunas ramas del malvón rojo
mientras el sudor cae
sobre los pétalos.

¿La ves contra el viento
aferrada al pañuelo de seda?

Su cabello resplandece,
la tierra es toda devoción.









Las visiones del otoño

El otoño, verde sobre la espuma
y apenas dorado por el viento,
hermana las palabras.

Marilyn le confía su tristeza
al vapor del mate.

Esta conversación será suficiente
para desencadenar la jauría.









Tarde de sol

Esta foto es una contrabelleza.
La sonrisa se detiene, las manos se detienen.
El cabello todavía tiembla.

Las tardes de sol en sepia suelen ser rojas.

¿Cómo era la felicidad de una muchacha en combustión?
¿Con la misma felicidad
persignabas al hijo,
a la hija
y al espíritu santo?

¿Dónde menguó la cruz que sujetabas
el día que tuviste que pedir perdón?

Tu cabello todavía tiembla, Marilyn,
como el cuerpo
cuando obedece.









Terciopelo

Toca las hojas del boldo.
Del mismo terciopelo es el sol, dice.

Sin embargo, la planta crece a la sombra,
la resguarda la historia de Marilyn.

Como un reflejo, traza un pájaro a la hora de la siesta.

La vida sigue como el pájaro,
una sombra que atraviesa la luz
para amainar su intensidad.









La hija

No estés triste, Marilyn.
Tu hija no murió.
De hecho, tiene toda una vida por delante.

De ahora en más,
para cuidarla,
dirás solo palabras hermosas.

Que el sol no te acobarde.
Que su cuerpo vivo no te acobarde.

¿Podrías tocar los lugares santos donde dijiste su nombre?

Las plegarias se cumplieron. La niña no murió.
Dios te escuchó,
¿por eso estás tan triste?









Luminaria

¿Tanta luz, Marilyn,
para que nuestra infancia
se detenga en el muelle cada mediodía?

¿Qué faltaba iluminar largamente?