sábado, 5 de septiembre de 2020

Diego Colomba


Diego Colomba (San Nicolás de los Arroyos, 1972 / vive en Rosario)

El lado de la sombra, Buenos Aires, Barnacle, 2020.












En el fondo una metáfora no es una analogía


Nadie más
que yo
veía
caer
esos copos
invisibles
de nieve
que tornasolaban
en la tarde

–si papá
los hubiera visto
los habría
señalado
con un dedo–

pero 
lo cierto
es
que caían:
fríos
y pesados.
Llevábamos
esa nieve
triste
sobre los hombros.

Esa nieve
era
lo único
sagrado
que podríamos
compartir.






Un acto sin voluntad


Tiene
una cita
con Dios
esta mañana.

Pero se olvida
adónde va
ni bien
traspasa
el tapial
del gallinero.

Un cuzco
con sarna
se le enreda
entre las piernas:

al rayo del sol
reclama
la caricia
de nadie.






Se pudren los días


La lluvia cae sobre el pantano. Salpica con barro la carcasa quemada de un auto. El casco roído de una canoa. Los potrillos, alrededor, se mueven como ángeles flacos. Un chancho se ha trepado con las patas de adelante a un sofá desvencijado: ahora muerde lo que queda de un brazo entre gruñidos. Mientras los galgos le ladran a la resaca de restos que vuelven a la orilla. Ni ese viejo que chupa el mate bajo las chapas los ha visto caer alguna vez del cielo.






I.

Maese Antonio bebe el vino de los pobres.
Encuentra un trozo de madera en la calle y lo recoge.
Está alegre.
Por llevar un trozo de madera bajo el brazo.
Piensa en convertirlo en la pata de una mesa.
Una mesa es útil para alguien que bebe.
Maese Antonio se dispone a moldear la madera.
Moldearla a la medida de su imaginación.
Pero oye de repente una voz que le habla.
Es la voz de la madera.
¿Pueden la soledad y la bebida hacer que hablen las cosas mudas?
Quién sabe.
Lo cierto es que Maese Antonio oye cómo exclama la madera 
cuando intenta pasarle la garlopa o el serrucho.
La nariz sanguinolenta de Maese Antonio, por la que lo apodan
Ciruelo, no huele el engaño de la mente o los sentidos.
Tirar un hachazo y errarle al blanco lo convierten en un payaso
sin público.
Sin más público, mejor dicho, que su propia decadencia.
¡Qué grotesca morisqueta acaba de hacer!
Su viejo corazón da un vuelco.
Maese Antonio ha pasado de la alegría más tonta al súbito terror.
Un trozo de madera le ha hablado.
Nada bueno puede esperarse de ahora en adelante.
Su hígado seguramente está reseco.
De tanto beber vino barato.
Se ha vuelto un trozo de madera.
Que balbucea.
Con la garganta seca.
¿Por qué Maese Antonio no cuida de un hígado tan delicado?
Cualquiera de los que pasan a diario por su taller podría hacerle
la pregunta.
¿Por qué no bebe un vino mejor?
¿Un vino, al menos, que no lo haga delirar?
Pero para Maese Antonio una pregunta así no tiene asidero.
Ni siquiera el que ofrece una rústica mesa.
Sencillamente.
Maese Antonio bebe el vino que un pobre carpintero puede pagar. 




II.

Hagamos las paces.
No volvamos a pelearnos.
Nunca más.
¿Cuántas veces nos habremos prometido lo mismo
mientras la tos de papá se oía más clara?
Morderte la peluca fue un exceso.
Pero no soporto que me digan Papillita.
Mamá decía que cuando se jubilara compraría una calesita.
Ella misma se ocuparía de la sortija.
Ya era vieja y seguía con el mismo cuento.
Como si la vida se prolongara después de la vejez.
Como si no dejara de girar.
¿Qué tiene de malo que a mis años me haga una marioneta
para irme por el mundo?
Puedo sobrevivir con un vaso de vino y un mendrugo de pan.
¿Decís que voy a dar lástima?
El mundo ya es triste de por sí.
¿Qué mal le puede hacer un viejo con una marioneta?
El otro día vi a un malabarista en un semáforo: se le caían las cosas,
después de arrojarlas hacia arriba.
¿Clavas se llaman? Se le caían las clavas.
No podía atraparlas.
No sé de qué material estarían hechas, pero no hacían
ruido al golpear contra el piso.
Cuando terminó su número, levantó los hombros y sonreía.
En la vereda había un cochecito con un bebé y una mujer,
con el pelo sucio le hablaba.
Hacía frío.
El malabarista improvisado reconocía, a su manera,
que era un desastre.
Un conductor le dio limosna.
Eso era todo.
Conseguir un mendrugo de pan.
Me decís que les estás enseñando lógica a las hormigas.
Te caíste porque tenés las patas duras.
Tendrías que haber tenido ese mismo desenfado de joven.
No vale hacerse el loco antes de morirse.
De chico me pasaba a menudo.
No actuaba. Era auténtico.
Si actuaba, lo hacía inconscientemente.
La maestra de cuarto grado le dijo a mamá
que yo era un chico iracundo.
Ahora, a la distancia, no suena mal.
Pero a mamá le pareció que era una enfermedad
y me llevó al médico.
Todavía me pasa. Como recién.
Me pongo colorado. No puedo ver.
Si me volvés a decir Papillita te parto la boca de una piña.
¿Que no? Hacé la prueba.
¡Tanto lío por dos botones de la camisa!
Éste es un arañazo tuyo y no te dije nada.
Perder el mundo de vista.
¿Y si era eso lo que buscaba?
A esa edad no me dejaban tomar vino.
Vivíamos a media cuadra de la estación, ¿te acordás?
Íbamos todos los días. Y mirábamos pasar los trenes.
Hasta perderlos de vista.
El mundo siempre me produjo una sensación de ahogo.
Dame mi peluca. Yo te alcanzo la tuya.
No vamos a pelear más.
Te juro que seremos amigos para toda la vida.




























jueves, 3 de septiembre de 2020

Pablo Albornoz

 


Pablo Albornoz (Magdalena, provincia de Buenos Aires, 1978)

Nací pensando en vos, edición de autor, 2020 (formato PDF).











La vida es más breve 

que un haiku 

¿Qué vas a hacer 

con 17 sílabas? 


¿Qué vas a hacer 

con el tiempo 

que te queda?






Ella parece más triste que yo 

Que sepa bien 

qué deseo quiere pedir 

mientras cae 

la última 

estrella






Hoy en el pueblo y mañana 

en el paraíso o el infierno 

Siempre vas a estar solo 

Aprendé a escribir tus poemas 

en la oscuridad






Me quedé 

toda la noche 

escuchando 

el murmullo 

del río 

en mi viejo 

corazón













martes, 1 de septiembre de 2020

Selva Dipasquale y Tamara Domenech

 


Selva Dipasquale (Buenos Aires, 1968)

Tamara Domenech (La Plata, 1976 / vive en Buenos Aires)


Poética de los oficios, con dibujos de Sonia Neuburger, Buenos Aires, Ediciones A Capela, 2020 (formato electrónico).











Bruselas*
 
Toca el tiempo con bruselas
 
tic tac en una caja
 
tic tac de madera.
 
Opuesto a un recuerdo
lo desarma y sumerge cada parte
 
platina
volante
áncora
 
en detergente y ácido
 
burbujas atraviesan los segundos
lágrimas contraen sus alas en el aire.
 
Y como rompía máquinas de chico
de grande sabe contemplar con paciencia
la ingeniería destartalada del amor.
 
Lo que se hace a mano es eterno.
 
Armar, desarmar, volver a armar.
Que la cuerda se vaya desenroscando
vaya haciendo su trabajo, su fuerza.
Para amar hay que pensar.
 
Y eso está haciendo falta
aprendices del amor.
  
 
*Entrevista a Daniel Ríos (59). Relojero.
 
 
 
 
 
Regla T*
 
El dibujo a mano es más lindo
¿ahora se piensa menos?
 
Yo escribía tan chiquito en los planos
que el capataz mandó a comprar una lupa.
 
Un poema contacta al cuerpo
sobre papel manteca la técnica deja su pulso
 
tiralíneas
balustrín
compás
escuadras
regla T
lápiz
tinta
goma de borrar.
 
Chinches aprietan un dibujo sobre una superficie blanda
un trabajador se saca los zapatos y los deja debajo del escritorio
otro compañero los clava en el suelo de la oficina.
 
El rastro de líneas perennes uniendo familias fantasmales
pecas y sonrisas.
 
Llevar a cabo una proyección es un compromiso de muchos
un edificio
un medio de transporte
la libertad.
 
 
*Entrevista a Jorge Ríos (93). Dibujante Técnico.
 
 
 
 
 
Tijera*
 
Un peine perfora la tierra
y crea un túnel que une un país con otro
a través de un cuerpo
la esperanza de Cristina
llegar para estudiar
encontrar trabajo
construir una familia.
 
¿Cocinar o peinar?
 
De lo que se trata siempre es de elegir
el oficio menos esclavo.
 
Ella pasa muchas horas
inclinada sobre cabezas
que acurruca entre sus manos.
 
Y después sueña que tienen hebillas, pelucas, ruleros
acomodadas aleatoriamente sobre un modular
le cuentan cosas que nunca le contaron a nadie.
 
Sólo una vez tuvo miedo
manchó a un chica haciendo reflejos con papelitos.
Hasta que su asistente le contó:
Toda cosa tiene su secreto
y bueno, le dijo cuál era y al día de hoy no paró más.
A veces quiere que la gente se deje el pelo suelto
se abrirían caminos desmechados, de colores fuera de muestrario,
iluminaciones expansivas.
 
 
*Entrevista a Cristina Filosi (56). Peluquera.





Pincel*

 

Un ataque de ansiedad es una afirmación del cuerpo

frente a la mente negada a entender un dictado que no va más.

Con cada respiración

sentís que alguien que querés mucho

te abraza

y te das cuenta de que los mandatos asfixian

y en vez dejarlos donde están

te llevaron a convertirte en un monstruo

tenés miedo.

 

Sin embargo un pincel puede pintar

tapar, transformar las palabras de toda una familia

relación de dependencia

empresa

nueve horas

aportes.

 

Una joven pinta animales de los que no se puede desprender.

 

Otra mujer se desanuda una corbata interior

y deja que aparezcan flores y mulatas desnudas

así crea una marca de ropa

una obra de arte que se lleva puesta.

 

 

* Entrevista a Paula Ruiz (18) y Giselle Piersanti (29). Pintoras.





















domingo, 30 de agosto de 2020

Rita Kratsman

 


Rita Kratsman (Buenos Aires, 1940)

Cuerpos con música de fondo, Buenos Aires, El jardín de las delicias, 2019.












De "el ritmo, también desenvuelve paisaje..."



hay un espacio y un tiempo

en que se escucha por primera vez una música

y el momento resulta sublime

pero sabés que llega antes o después de algo

omitiendo el Universo toma cuerpo un ritmo pesante

y nos lanzamos con todo lo selecto

y caemos a plomo mientras el aire ni siquiera parpadea

¿acaso se trata de una inquietud marfilina?

acordate de que el bosque está siempre visible

en 1912 Schönberg sacó del arca de sus dones

una nota desnuda, el efecto

pulsa las cuerdas altas del viento

dejando que los tonos bajos definan otras cosas

y el miedo hasta en una brizna de polvo

o en el vuelo confuso de un pájaro

la debilidad reciente

comprueba que todo se repite

y si soñás con una bengala en la oscuridad

es probable que tu nombre

desaparezca con el resplandor










si es que hubo al principio algo

no hay ahora palabras

para describir la entrampada obsesión

por un mar tranquilo

que no dé contra la costa insatisfecha en

un paisaje de escollos

una obsesión por las mareas dóciles

primarias en el sentido

en que uno entiende las cosas

no hay palabras, no hay

una verdad que se refleje en un cuarzo brillante

estallan en expansiones sucesivas

y ni siquiera un balbuceo se asienta en el poeta

¿qué tiene de malo decir entonces?

nadie muere de serenidad:

el alma ruge

y tose*



* el ritmo de las pulsaciones anula una razón lógica

las manos se entienden hacia el aire, acaso

hacia lo que después seríamos

puede sin embargo aparecer de nuevo el otoño con

su ritual de pequeñas ráfagas y

motivos casi armónicos










fuimos ¿qué somos?

medida en grados la ciudad es un infierno

un árbol viejo, escuálido

echa sombra a una tuna sedienta

sabiduría de lo sutil contenida en el gesto

refinado como un fragmento de Fauré

¿qué son los años para alguien que acepta la mortalidad

con naturalidad? y que lejos

de su condición y aun estando al borde del abismo

infunde coraje a quien más lo necesita

¿alguien apoya el oído sobre el corazón de la Tierra?

¿y si se hundiera

se elevaría igual una vara de genciana tan erguida?

un pájaro sobre la proa de ese árbol

canta

para ir todavía más lejos









De "... y se libera, hasta que..."



cuando me preguntaste 

y dije ahora floto, quise decir otra cosa

la belleza es frágil

como una contracción que rompe el verso y su ritmo

¿o se puede ganar una línea convincente

sin el riego de hundirse en un pantano?

la magia pasa de largo y la oscuridad es parte de lo mismo

se retrocede entonces

hasta llegar más de una vez al silencio absoluto

aunque se escribe para no saber lo que el silencio significa

emana un vapor rojizo acentuando la humedad

y ya nada se puede definir, sí, te dije

ahora floto, respuesta que subraya eufemismo

ah las discrepancias, aunque parezcan justificadas

qué bien viene aquel verso de John Giorno

si no te gustan mis océanos

no nades en mi mar* 




* aun sabiendo que un mar es

el indicio de otros mares tan desconocidos

como los cuerpos que no alcanzan a ser

y ese ruido de olas, de viento

que sin embargo perdura










la oscuridad deposita lo que puede

y con solo observar cómo

la óptica geométrica incide sobre los cuerpos

te convierte en alguien más para añadir a

esa masa informe, lo cual

daría pie a tu desaparición definitiva

si no fuera que a veces algo irrumpe –nadie parece advertirlo–

y a despecho del mundo

como quien se libera de una encrucijada

pasás a ser la luz de un globo aerostático

contradiciendo la negrura

pero al margen del delirio

hay que decir que también están sojuzgadas

las sienes de las casas, convulsión

de un paisaje oprimido, ¿qué puño se abatió

sobre la chapa nocturna?










continuando el diálogo, y creo habértelo dicho

el mundo es la repetición de una forma rítmica

es difícil irse de una conversación inagotable, tus ruidos discontinuos

confirman que aun así conservan su ritmo y aunque

nadie recupere el hálito perdido

existe descendencia en los árboles y viñas y flores azules

cuando una luz reaviva otras luces

¿dónde estás?

–una tormenta podría evocar la métrica furiosa de sus rayos–

shhhh... que no lo sepa la muerte

necesitamos ver que una forma se libera con

un solfeo de nubes en clave soleada

el efecto sería incierto

de no ser por los pájaros

que al no seguir un principio ornamental

intervienen con sus gloriosos vibratos

no es falaz la insistencia

el paisaje es un tema

del que hay que seguir hablando










no hay formas dudosas, hay

decisiones centrales

y cuerpos que se mueven por atracción gravitatoria

los rayos del sol pueden mimetizarlos

con el paisaje existente

rompiendo las normas de lo perceptible

el ruido se impone sin embargo con sus argumentos

en tiempos así

cualquiera se siente más contenido por una muchedumbre que

por alguna "fuerza de seguridad"

¿y cuánto vale dormir tan custodiado? dice una letra

si cuando cruzás el umbral de tu casa

y te apresa cualquier conjetura te adherís a lo verosímil

el día entonces toma un hecho y lo retuerce

convirtiéndolo en el arte laborioso de una filigrana etrusca

un rumor silba sobre su era:

los puntos de corte no son una elección antojadiza

se justifican en las gomas que crepitan

como espinos al viento

convengamos que la anarquía del humo

pacta con el aire










es sorprendente cómo un paisaje

no es más que un espacio vectorial donde

confluye música de todo tipo

y de golpe vemos algo por todas partes

como una supernova que se manifiesta

en lugares donde antes no se había detectado

nada detiene el encanto de lo que el azar hace con las nubes

o lo que haya hecho en lo que va del año y sin embargo

se respira bajo una cúpula estelar

así un poema

influenciado por la luz que sea, puede ser escrito en una hora

o en mil años por usar un recurso hiperbólico

de algún modo, esto también significa que

para amar se necesita cuerpo

visible como las frutillas que limpiás ahora en tu cocina

aunque la otra parte del Universo

permanezca oculta

























viernes, 28 de agosto de 2020

Melisa Papillo



Melisa Papillo (Caseros, 1984)

Paisajes con agua en movimiento, Luis Guillón, La Carretilla Roja, 2020.













Como no puedo viajar

miro documentales. Deseo

ver con mis ojos y lo hago

bendigo esa señal en la pantalla

y soy una surfista en Punta Hermosa

soy la leona que tiene encima a sus cachorros

veo al cóndor andino desplegar sus alas de piano

vivir en tres escenas setenta y cinco años.

Los puntos de vista se reflejan en los tonos de voz:

el locutor miente “en Latinoamérica

el mar permitió una fusión de culturas”.

Esta noche miro Tesoro escondido,*

lo que busco en todas las cosas.


* Perú: tesoro escondido (Luis Ara / 2017)






Reposar en la jungla*

De un color durazno claro

se asoma la flor del árbol de ceiba

en el páramo colombiano.

Cuando no está colgado

el perezoso es una manta arrastrándose por el verde,

encontrarlo fuera del árbol

nos hace dudar sobre su fama.

Tiene todo para escaparse o atacar

pero sigue trepado al árbol.

Crecen sus uñas en el ocaso del día.

¿Qué poema mira el perezoso

desde la rama inclinada?

Se sonríe desde lo alto, ya vio hace tiempo

lo que tenía que ver.


* Los perezosos se mueven muy lentamente, / sus movimientos

pausados son una forma única / de enfrentar la vida en la jungla. /

Pasan toda su vida en apenas un puñado de árboles, / con las garras

se abrazan a las ramas/ y su abrazo es tan fuerte / que no se caen. /

El secreto de la supervivencia del perezoso / es que pocas veces necesita

/ bajar a la tierra.

Wildest Latin America. Episodio: “Amazonia” (Richard Kirby-Bill Markham / 2012).






Sobre el espacio oblicuo del bajo escalera

resalta una lagartija del tamaño de un corcho.

La señalo, mi hijo y yo la miramos.

Mi dedo recorre el camino que ahora emprende

o la guía hasta la luz

más blanca del pasillo para que podamos verla mejor.

Es una cosita maravillosa, digo,

y esa cosita ya se esfuma para nosotros.


Más tarde la encontramos en un rincón

tiene menos rapidez, menos gracia.

Volvemos a mirarla.

Esta vez estamos sobre ella

y la señalamos desde arriba.

Como respuesta

se oculta detrás de la estufa.


La mañana me encuentra sola. Abro la canilla,

lavo una taza. El agua de la pileta

se va escurriendo poco a poco

y brilla el acero de la bacha. En el fondo duerme algo.

En el fondo está lo que señalamos.

Levanto la lagartija, blanda, húmeda.

Las patas flácidas como un cabello.

Tiene un ojo sí y un ojo no.

Le hago un ataúd con una hoja de diario.

Con dudas, la apoyo en la bolsa de basura,

así envuelta prolijamente.

Después, cuando cuente esta historia

voy a decir que la enterré.






Como se lanzan una a una las piedras

al borde de un lago, recorro

el mapa de la vida.

No es una tarea difícil, sino meticulosa

desarmar y armar recorridos solo

para entender los pasos dados.

De niña diseccioné

un escarabajo vivo en la playa.

Con una piedra bisturí saqué sus alitas,

las patas, por último sus cuernos. Apoyé sus partes

sobre una roca plana, un plato servido a la mirada

perpleja de quien quiere, necesita

entender a costa de la oscuridad.

Hace poco colgué un mapamundi

en el cuarto de mi hijo, le dije bajito

importa saber dónde están los lugares, qué hay

atrás del océano. Las aguas bailan enmarañadas y seducen.

Quedate un rato observando, pedí y atravesalas

con la fuerza que se pueda.

Aquella tarde, después de terminar mi disección

escuché por un largo rato con los ojos cerrados

ese ruido rastrillero que hacen las piedras y caracoles

cuando la ola se aleja.